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Testimonio de Carlos José Reyes

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Yo conocí a Raúl en la Universidad Externado de Colombia, donde él había venido a estudiar derecho más por voluntad de la familia que suya propia. Raúl no sabía lo que quería hacer, si quería escribir, si quería hacer algo de arte, qué quería. No tenía aún claridad y aceptó finalmente, por presión sobre todo del padre, venir a estudiar a Bogotá en el Externado.

Llevaba uno o dos años de estudios cuando en 1966 yo fui contratado por la Universidad como profesor y director del grupo de teatro. La Universidad en ese momento estaba ubicada en un lugar un poco sórdido del barrio Santa Fe. Hoy toda esa zona, incluido el antiguo edificio de la Universidad, son prostíbulos o moteles. En esa época no tanto, pero los alrededores eran ya desconfiables, se estaban deteriorando, y ésa fue la razón para que la Universidad se pasara a un nuevo edificio muy bello en la parte alta de La Candelaria. Yo alcancé a estar con el grupo de teatro en los dos sitios.
 
Por aquellos días la Universidad estaba dedicada tan sólo al estudio de las ciencias jurídicas; más tarde, en sus nuevas instalaciones, se abrirían nuevas carreras. Mi vinculación implicaba no sólo el montaje de obras, sino dictar clases de teatro, preparación del actor, todos los ejercicios complementarios. Era una actividad académica colateral a los cursos de derecho. La idea de la Universidad era que tener un grupo de teatro ayudaba a los estudiantes a que per­dieran la timidez, porque el trabajo como actores les podía servir luego en su trabajo como abogados y les soltaría la capacidad de improvisar y de hablar en público. Pero finalmente lo que pasó fue lo contrario, pues muchos de los estudiantes que entraron a las clases, entre ellos Raúl, dejaron la carrera de derecho y se dedicaron más a la actuación y a la poesía.
 
Aquel primer año comencé a hacer pruebas para el montaje de una obra con una cantidad grande de estudiantes que pasaban por ahí, movidos por la curiosidad pero sin comprometerse en los primeros intentos. Algunos hacían una prueba o veían un fragmento de ensayo y después se asustaban y no se atrevían a subir al escenario. Duré como dos meses haciendo pruebas y ejercicios de improvisación y de calentamiento del actor, hasta que comencé a hacer las lecturas de la obra de Elmer Rice La máquina de sumar.
 
Du...

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José Antonio de Ory

Ha colaborado con El Malpensante y otros medios de Colombia y España.

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