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Cine

Libros de utilería

La relación entre los libros y el cine no se limita a una adaptación o a la reedición del libro con los actores de la película en la portada. El autor trenza nuevos y más gratos lazos entre el cine y la literatura.
 

Oskar werner y Julie Christie en Fahrenheit 451, de François Truffaut © John Springer Collection | Corbis

 

No puedo describir el sentimiento que me produce ver aparecer un libro o una biblioteca en una película. Empiezo deseando que algún movimiento de cámara me revele el título o el autor del libro, y termino esperando que por lo menos el guionista haya planeado una secuencia en que sus personajes lean un fragmento del libro que llevan en las manos.

Algunas cortas escenas me han premiado. Algunas imágenes se han quedado en mi memoria para siempre.

Recuerdo por ejemplo a ese niño de La historia sin fin que roba con impunidad un misterioso libro y falta a clase para leerlo sin parar, oculto en la buhardilla de su escuela. Sebastián fue el primer lector empedernido que conocí en el cine, el primero que vi abstraerse en una historia y llevar su imaginación más allá de cualquier frontera, liberarse a través de la lectura.

De verdad que la lectura es como el fuego que robó Prometeo para iluminar a los seres humanos, un fuego que rompe cadenas. Lo entendí cuando leí Frankestein. El monstruo que encontré en el libro de Mary Shelley era muy distinto del que había visto en la película de James Whale: no tenía ni un pelo de bestial. No diría que era un monstruo con alma, diría que era un monstruo con pensamiento –que a fin de cuentas viene a ser lo mismo–, capaz de leer y de amar los libros. Por eso, veo a Robert de Niro como un Frankestein más grandioso que Boris Karlof –tan torpe, tan iletrado–. A pesar de su figura monstruosa, conmueve en la escena en la que, refugiado en un húmedo establo, aprende a leer observando a través de una grieta cómo una madre enseña a su hija a juntar las letras para pronunciar palabras. Al aprender a leer, ese monstruo ya no lo era tanto. Es el mismo efecto que causa William Hurt tras la piel de El hombre elefante. Detrás del cráneo deforme y el descomunal tamaño de los tumores que bombardeaban su cuerpo, John Merrick era un hombre sabio, cortés, leído. La escena en la que una hermosa actriz de teatro le obsequia Romeo y Julieta es uno de los mejores descubrimientos del amor que he visto en el cine. Merrick ...

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Diego Agudelo Gómez

(Medellín, 1981) es editor del portal de la Red de Bibliotecas de Medellín: www.reddebibliotecas.org.co

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