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Simplemente Kane

Para muchos, Ciudadano Kane es la mejor película en la historia del cine. Sin embargo, Orson Welles la vivó como una terrible maldición. ¿Por qué?

I. Los hechos

Recordaba Douglas Fairbanks Jr. que su padre le preguntó alguna vez a William Randolph Hearst por qué prefirió concentrar su imperio en la prensa, con su limitado alcance local y regional, y no invertir con más energía en el cine, un medio mucho más universal. Fairbanks evocaba la respuesta del magnate: “Lo pensé, pero preferí no hacerlo. Uno puede aplastar a un hombre con el periodismo, pero no con las películas”.

Lejos estaba Hearst de la verdad, tal como lo experimentaría él mismo en mayo de 1941, cuando Orson Welles estrenaba, contra todo pronóstico, Ciudadano Kane, una película inspirada en la vida, obra y escándalos del poderoso empresario del periodismo, quien se vio de repente —y muy a su pesar— convertido en the talk of the town, ridiculizado en el celuloide por un hombre de sólo 25 años de edad, que apenas dirigía su primer filme.

A los 76 años, el intocable Hearst, dueño de una poderosa red nacional de periódicos y revistas, así como de una incalculable fortuna y un prestigio político que le alcanzó para postularse a la presidencia de la nación, se enfrentaba por primera vez a alguien digno de su enorme poder. Ninguno de los dos estaba dispuesto a capitular.

La verdad es que la idea de centrar Ciudadano Kane en la vida de Hearst fue fruto de la necesidad urgente de encontrar un tema viable para una película. Orson Welles y su grupo del Mercury Theater, contratados por la compañía rko, tenían afán de realizar dos películas bajo un contrato ampliamente favorable, que en 1939 fue la comidilla de Hollywood. Al novato Welles, con experiencia como productor de teatro y como realizador de programas de radio en la cbs, se le abrían las puertas de la industria del cine con unas ventajas que casi nadie podía siquiera soñar: 70 mil dólares por la primera cinta y 90 mil por la segunda, el papel protagónico en ambas, un salario de 65 mil dólares y el 25% de los ingresos de taquilla, además de absoluto control artístico y técnico de las mismas, incluido el montaje final.

¿Y cómo había podido lograr eso? Tras una infancia donde mito y realidad se entrelazan, a los 15 años George Orson Welles —nacido en Kenosha, Wisconsin— ya era huérfano de un padre inventor y de una madre artista, y arrastraba con la pesada cadena de ser considerado un niño genio. “Yo pintaba, y ellos decían que nadie había visto antes a...

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Juan Carlos González A

Es editor de la revista Kinetoscopio y autor del libro "François Truffaut. Una vida hecha cine" (Panamericana Editorial, 2005).

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