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Revivir a Bolívar; Rebajas en la opinión

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Revivir a Bolivar

©Cortesía Fundación BAT


Sería difícil encontrar en los últimos tiempos un espectáculo al cual se le haya dado tanto despliegue publicitario en Colombia como a Bolívar: fragmentos de un sueño. La obra –una coproducción del Ministerio de Cultura y el Teatro Malandro– fue promocionada en prensa, en radio, en televisión, en Twitter, en revistas, en plegables, en afiches, en... ¿dónde no? En cierto modo, el motivo lo ameritaba: nada menos que “conmemorar por todo lo alto el Bicentenario de la Independencia”. Lo curioso es que, pese a tanta propaganda, las críticas de la pieza se pueden contar con los dedos de las manos. Esos diarios, revistas y portales que publicaron encantados las declaraciones de Omar Porras, el director del espectáculo, o de William Ospina, el autor de algunos de los textos, fueron más bien parcos en conceder espacio a quien quisiera expresar públicamente lo que le había parecido la obra. Los pocos columnistas que decidieron juzgarla fueron tan pusilánimes, tan cuidadosos en no escribir algo que remotamente se pudiera interpretar como una crítica, incluso velada, que no hace falta ser un cerebro para advertir que a prácticamente ninguno de ellos les gustó. Más aun: que a sus ojos fue un fracaso.

No habría que darle mayor importancia al asunto. El apocamiento es el signo distintivo de casi toda la crítica cultural en Colombia y las piezas por encargo y con una finalidad tan específica como Bolívar: fragmentos de un sueño pueden salir mal. Ha pasado antes y volverá a pasar: es parte de las reglas del juego. Tal vez más interesante sea preguntarnos por qué esa obra no funciona. O, si la idea es no darle una formulación tan enfática, por qué le pareció tan desilusionante a los miembros de esta revista.

Habría que empezar diciendo que Bolívar: fragmentos de un sueño parte de un supuesto tremendamente discutible. En una entrevista concedida a Guillermo González, titulada “Reviviendo a Bolívar”, pero también en muchas otras part...

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