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Filosofía

La broma póstuma de Cioran

Últimas reapariciones del escéptico rumano.

Emil Cioran, en 1995

 

Emil Cioran vivió muchos años en el sexto piso del número 21 de la rue de l’Odéon en un apartamento parisino que Rafael Conte, el crítico español, describía como “un conjunto de chambres de bonne concatenadas”, es decir, como una sucesión de buhardillas en las que había que agachar la cabeza para no golpearse al entrar. Fue allí donde el gran pesimista rumano murió el 20 de junio de 1995, jugándonos en simultánea y sin querer una broma póstuma a sus lectores.

Nadie sabe si este “fanático de la nada”, según lo define Philippe Sollers, se hubiera reído o no de lo sucedido, pero en 1997, dos años después de su muerte, un grupo de allegados se reunió en su modesta vivienda con la idea de desmantelarla para poderla vender. Estaba presente Henri Boué, heredero de Cioran por serlo de Simone Boué, la recientemente fallecida maestra de escuela francesa que vivió con el escritor durante más de cincuenta años y que por eso mismo era su heredera universal; estaban Jean-Sébastien Dupuit, un alto funcionario del Ministerio de Cultura francés, Yannick Guillou, editor de Cioran en Gallimard –en Francia la editorial que publica a un escritor a lo largo de su vida adquiere “derechos morales” sobre la obra–, y estaba el poeta Yves Peyré, director de la Biblioteca Jacques Doucet, a la que la viuda había legado todos los papeles. Cerraba la lista un notario. Pocos meses atrás, Simone Boué había muerto ahogada en Dieppe en circunstancias tan extrañas que algunos suponen que ella sí logró el suicidio del que Cioran habló tanto en sus escritos pero que nunca se atrevió a cometer.

El inventario realizado en los cincuenta metros cuadrados de los que constaba la buhardilla fue raudo y arrojó bienes por valor de 7.600 euros. Finalizado el proceso, Henri Boué contrató a una comerciante del mercado de las pulgas de Montreuil para que alzara con el resto de las cosas carentes de valor y entregara limpia la propiedad. La comerciante se llamaba Simone Baulez y era tocaya de la compañera de Cioran que acababa de morir. Doña Simone II se puso manos a la obra en la forma meticulosa en que solía proceder siempre y revisó, como po...

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Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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