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Perfil

El arte de condenar

Desde las páginas de su revista, Die Fackel (La Antorcha), Karl Kraus fue uno de los más severos críticos de principios del siglo XX. Mezcla de celoso inspector del buen gusto, aforista incisivo y pacifista incendiario, así lo retrata este perfil.

Karl Kraus en el jardín de Mechtilde Lichnowsky, en 1920 © Mechtilde Lichnowsky • Imagno • Getty Images

 

¡Quien tenga algo que decir, que dé un paso adelante y se calle! K. K.

Karl kraus es un mito que esconde a un escritor. Su singular manera de ejercer la literatura lo convirtió en una celebridad venerada o execrada. Consciente de jugar un papel único, escribió: “El censo de la población ha arrojado en Viena la cifra de 2.030.834 habitantes. Es decir, 2.030.833 almas y yo”.

Nacido el 28 de abril de 1874 (siete años después de la coronación de Francisco José), en la pequeña ciudad de Jicín (localidad checa que entonces pertenecía al imperio austrohúngaro), se trasladó a Viena con su familia, donde se convirtió en excepcional testigo de una sociedad hipócrita, un infierno cubierto de azúcar glass donde las enfermedades morales eran acalladas por los valses de Johann Strauss.

Con ayuda de los artistas, el decadentismo vienés asumía una atractiva atmósfera crepuscular: los vicios privados semejaban virtudes públicas. “Viena está siendo demolida en gran ciudad”, comentó Kraus. El progreso representaba para él una simulación. En este teatro, el público era cómplice pasivo de numerosas perversiones. Un pasaje de Dichos y contradichos se refiere a la moral del testigo: “Cuando preguntaron si sabían ‘qué cosa no está bien’, un muchachito respondió: ‘No está bien si hay alguien presente’. ¡Y el legislador adulto siempre quiere estar presente!”. La opinión pública no juzga hechos sino apariencias. Las transgresiones son el morbo del legislador.

Hijo de un próspero comerciante judío, especializado en el ramo del papel, pudo independizarse desde muy joven y pagar sus publicaciones. Aunque había colaborado con varios periódicos vieneses, a partir de 1899 creó su propia revista, Die Fackel (La Antorcha). Su resplandor alumbraría los errores de una época caracterizada por “la triple alianza de la tinta, la técnic...

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Juan Villoro

Ganó el Premio Herralde en 2004 por su novela 'El testigo'. Su última publicación es el ensayo 'Balón dividido'.

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