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Literatura

Tres recuerdos con Fernando Vallejo

No faltan anécdotas –algunas delirantes– con el gran escritor antioqueño, pero éstas sorprenderán a más de uno.

Fotografía de Jairo Ruiz Sanabria 

 

Ha dicho Fernando Vallejo –lo viene repitiendo desde hace tiempos– que él está muerto. Hace poco, para poder reconciliarme con él dentro de mí, resolví creerle: en adelante lo voy a tratar con esa distancia y ternura con que se trata a un muerto. Cuando los amigos (que dejaron de serlo) se mueren, uno empieza a recordarlos sin la molestia y el rencor de las disputas, pasando por alto las palabras destempladas e injustas, los desaires y los desencuentros. Se olvidan el malestar y las rencillas, se olvida el orgullo; queda la memoria de algunos días limpios, de algunas noches puras. Para recordarlo ahora que ya no está con nosotros quiero contar tres anécdotas curiosas que me ocurrieron con él cuando pasamos juntos pequeños trozos de vida. Resumidas serían estas tres: el gramático comete un error de ortografía; matamos un perro callejero en el carro que nos lleva a San Miguel de Allende; y hacemos una prueba para verificar si puede reconocer el estilo de Manuel Mujica Láinez, para él perfecto, entre diez escritores distintos.
 

Primer recuerdo

El error de ortografía. Vallejo ve sobre la mesa una novela de Juan José Hoyos (El cielo que perdimos). La abre y se da cuenta de que el libro tiene una dedicatoria de Luis Alberto Álvarez, un querido amigo mío, y sobre todo de mi ex mujer, Bárbara. “Cura hijueputa”, exclama Vallejo, furioso. El libro, en efecto, nos lo había regalado hacía años Luis Alberto. Por esos mismos días el gordo Álvarez, crítico de cine y maravillosa persona, había muerto durante una operación para achicar su enorme corazón. Decía así la dedicatoria del cura Álvarez: “Para Bárbara y Héctor, para que lo que aquí se lee pueda llegar a ser pasado. Luis Alberto”. Fernando, hombre de odios imperecederos, resuelve escribir debajo, con su habitual inquina, otra dedicatoria: “Para Héctor sin Bárbara, pero con Ana, sobre la tumba de este padre que habló muy mal de mi película. Gozozamente, Fernando”.

Al leer la nueva dedicatoria yo le comento con una sonrisa: “Esta va a ser una de las dedicatorias más valiosas de mi biblioteca; firmada por el querido Luis ...

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Comentarios a esta entrada

Andrés Franco

Como "fiel" seguidor de la revista, leí este artículo cuando fue publicado, ¿por qué ahora no se puede leer completo?

Julian gonzalez

Por qué no está completo o dónde lo puedo leer?

Su comentario

Héctor Abad Faciolince

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