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Columna

El problema del mal

En uso de razón

¿Qué hace que en este país individuos comunes y corrientes terminen cometiendo los crímenes más atroces?

Pensando en lo que pasa en Colombia –en tantas cosas que pasan en Colombia–, creí bueno escribir esta notita sobre un asunto que ha ocupado muchísimos volúmenes en la historia de la filosofía moral, las religiones, las ciencias sociales y, por supuesto, la historia a secas: ¿por qué personas comunes y corrientes acaban perpetrando masacres o asesinando a sangre fría o torturando de maneras refinadas?

Es el problema del Mal. No en el sentido común y vago del mal como algo opuesto de algún modo al bien, sino del Mal como la decisión voluntaria de practicar un acto tan horrendo que ningún ser humano “normal” o “decente” pensaría siquiera en cometer.

Más que cualquier otra, esas acciones horrendas hacen abominable la condición humana y ponen en entredicho nuestra razón de ser. La presencia del Mal en nuestro mundo también hace imposible la existencia de un dios: si Él es el bueno y si lo sabe todo y si lo puede todo, no pudo por supuesto crear al hombre que practica el Mal. Es la cuestión que a lo largo de los siglos atormentó a las religiones y a las filosofías morales, desde Zoroastro y Confucio hasta Kant o Kierkegaard, pasando por san Agustín o por Lutero.

Pero esta notita no es el lugar para entrar en las honduras de la teodicea, es decir, de la ciencia o la presunta ciencia que se ocupa cabal y largamente de reconciliar o intentar reconciliar la existencia de Dios con la del Mal.

Y vuelvo a lo mundano. Cuando aludí de entrada a las “personas comunes y corrientes” que acaban perpetrando esos horrores, ya estaba yo tocando el fondo del asunto: la mayoría de los perpetradores del Mal –de genocidios, masacres y torturas– no son enfermos mentales, ni nacieron perversos, ni son “degenerados”. Son personas comunes y corrientes, personas como usted y como yo.

Cierto que hay monstruos (no sé cómo llamarlos) como Pablo Escobar o Garavito, el que mató a 172

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Hernando Gómez Buendía

Columnista de El Malpensante. Es también director de la revista digital www.razonpublica.com.

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