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Música

Los acetatos de Andrés Caicedo

Treinta y cinco años después de su publicación, recorrer la banda sonora de ¡Que viva la música! es otra forma de conocer a Andrés Caicedo. El autor de este testimonio desempolva la colección musical que heredó del escritor caleño y reconstruye esa historia del rock a la salsa.

Patricia Restrepo, Hérctor Lavoe y Andrés Caicedo en 1977

 

Los fetichistas de la música preferimos, de todo corazón, los discos en vinilo. Sobre todo por las carátulas. Cuando aparecieron los cedés, la frustración ante la célebre portada del álbum Sticky Fingers de los Rolling Stones (diseñada por Andy Warhol: bluyín de hombre, de frente y de espaldas, sugestivo paquete en la entrepierna y un zipper real), la frustración, digo, fue un sentimiento que se confundió con la ira. ¡Discos compactos! El mundo no iba a volver a ser igual, pensábamos. Era un signo fatal de que los tiempos, finalmente, sí estaban cambiando. Por fortuna, al escritor y cinéfilo Andrés Caicedo no le llegó la mala hora de tener que ver minimizados sus sueños sonoros. Para todos los lectores de la novela ¡Que viva la música!, uno de los atractivos adicionales, más allá de sus felices síncopas literarias, estaba en el acertijo de los discos allí guiñados. Al final del libro, la imaginaria Rosario Wurlitzer se encargaba de enlistar una discografía aproximada de todas las canciones que suenan en la novela. En el libro Andrés Caicedo o la muerte sin sosiego escribí todo un capítulo por el cual casi capitulo. Se titulaba “Toda la música de ¡Que viva la música!” y allí me propuse hacer el ejercicio de identificar cada una de las referencias sonoras que atraviesan la aventura literaria de su autor. Son más, muchas más canciones que las 99 citadas por la impaciente señorita Wurlitzer en su colección de títulos. De todas formas, estas listas sirven para realizar un viaje al pasado, de esos que tanto les gustan a los nostálgicos, porque no hay nada más evocativo de los recuerdos intangibles que las canciones. Sobre todo las malas canciones, esas “caballerías sin interés alguno” que Caicedo se resistió a registrar en las páginas finales de su novela póstuma.

Sí. Voy a hablar de los discos de Andrés. A mí siempre me inquietó dónde compraba sus discos. Lo digo porque, después de su muerte, me di cuenta de que sus gustos sonoros eran prácticamente los mismos míos, pero nunca los compartimos, salvo en la ante...

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Comentarios a esta entrada

Diego Garcia Mera

Caicedo Vive, mentras Lavoe canta mejor c/día...Rolando los abraza y Camarón gime su canto...Al fondo, Chano pide un 'varillo' mientras repica el Tamboo...

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Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

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