Google+ El Malpensante

Artículo

Un verano en Nueva York

¿Por qué alguien de izquierda deja de serlo? Treinta años después de su primer viaje a Estados Unidos, el autor busca en el verano del 77 las raíces de su desencanto.

Ilustración de Camilo Mahecha

Si te quieres divertir con encanto y con primor,

sólo tienes que vivir un verano en Nueva York.

El Gran Combo
 
 
Cruce en rojo con cuidado
 
Más por el azar, hermoso o criminal, que por un designio infame del destino, me he dado cuenta de que, al recorrer mis pasos sobre el pasado, muchos juegos se repiten, al contrario de lo vaticinado por Marx, primero como farsa, luego como tragedia. Voy a tratar de explicar mis dudas, en el más riguroso desorden. Es la única forma de jugar en serio con los asuntos irremediables. Esto es, los del pasado.
 
En el verano de 1977 viajé por primera vez a los Estados Unidos de América. Hacía un año había terminado, sin mayores esfuerzos, mi bachillerato y había combatido en silencio a los jesuitas con una ardorosa pasión por el mundo de la izquierda. Yo fui comunista entre los catorce y los dieciocho años. Estudiaba en el colegio San Juan Berchmans de la ciudad de Cali y comencé a poner en duda la existencia de Dios desde los diez años. Ahora, a los cuarenta y ocho, la sigo poniendo en duda pero de algo sí estoy seguro: sea lo que sea, la omnipotencia del creador está inclinada hacia el mal y no ha tenido muy buenas pulgas conmigo. Pero me estoy traicionando. Me había propuesto no abrir demasiados paréntesis en los que se colase mi aciaga y terrible situación actual, en la que miro por la ventana hacia el abismo y me siento tentado a dar el último paso. Por fortuna, ahora las drogas ya no son para la diversión sino para la supervivencia. Las palabras se vuelven pesadas y cuesta mucho trabajo predecir el discurso que se nos viene encima. Sin embargo, el propósito de estas líneas es explorar un curioso recuerdo que salta ahora a mi desintegrada memoria cuando veo a los estudiantes rebotados en la calles, cuando oigo a mis jóvenes vecinas reclamando justicia social y la necesidad de manifestarse, de acabar con el establecimiento, de convertirse en algo que ellas llaman, sin la ansiedad ni el vértigo que me acosan, “la sociedad civil”.
 
Decía que a los dieciocho años me entregaron la cédula de ciudadanía y viajé por primera vez a Es...

Página 1 de 4

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

Agosto de 2007
Edición No.80

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

Nuestro Archivo

1 de 4

Huesos y pelo


Por Pilar Quintana


Publicado en la edición

No. 194



Un cuento  [...]

Cómo escribir y cómo no escribir poesía


Por Wislawa Szymborska


Publicado en la edición

No. 120



Durante tres décadas, Wislawa Szymborska escribió una columna en el periodico polaco Vida Literaria. En ella respondía las preguntas de personas interesadas en escr [...]

En defensa de la novela, una vez más


Por Salman Rushdie


Publicado en la edición

No. 158



La crisis de la novela ha sido anunciada con visos apocalípticos en distintos momentos de la historia de la literatura. A mediados de los noventa, uno de sus más destacados representante [...]

Fentanyl


Por Samuel Andrés Arias


Publicado en la edición

No. 77



¿Y al doctor quién lo ronda? Pues lo ronda, entre otras cosas, una peligrosa tentación en la que muchos caen. Ésta es la impresionante crónica de un anestesista que [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores