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Viajes

Llegar lejos: un arequipeño deambula por Lima

La bitácora de un provinciano en la capital peruana.

“Fírmamelo, por favor”, me dice, y me ofrece la última hoja de mi libro. Es la primera vez que voy a autografiar un libro por detrás. Tampoco he firmado muchos que digamos, pero la experiencia cuenta.

–No tengo un bolígrafo a la mano –le digo revisando mis bolsillos.

–No importa –repone él–. Yo lo consigo.

Mientras estampo mi firma y trato de recordar la fecha, levanta la voz: “Este muchacho va a llegar muy lejos”.

Y tenía razón. Para alguien que no es de Lima, esta ciudad es un tormento de distancias que casi siempre resultan insondables. Por la tarde tengo que ir a la casa de Guillermo Giacosa, un célebre periodista argentino. Solo tengo como referencia el Colegio de la Inmaculada del distrito de Surco.


Con el libro que vendí apenas me alcanzó para pagar el taxi (regateo de por medio). El viaje desde Jesús María se me hizo tan largo que llegué a pegar algunas cabeceadas. Salí de la última espantado. El taxista frenó en seco y me fui contra el asiento delantero.

De pronto, un sujeto rapado se bajó de un automóvil rojo y se aproximó a mi taxi:

–Bájate de una vez, conchatumadre.

–¡Déjame avanzar y no jodas! –exclamó algo atemorizado el conductor de la unidad móvil que tuve la mala fortuna de elegir para llegar a la casa del periodista.

–¡Te he dicho que te bajes! –replicó dándole un patadón a la puerta del auto.

–Yo no me bajo por gusto, yo no me bajo por las huevas –dijo tratando de tomar valor y recibió como respuesta un escupitajo y un soberano sopapo que fue definitivo. Lo hizo acudir a un fierro escondido debajo de su asiento y saltar prácticamente de la nave para encarar al adversario:

–De una vez, mierda.

–Ah, así te defiendes –y empezó a retroceder.

–Mueve tu cojudez –le ordenó–. Ya te dije que yo no me bajo por las huevas.

El individuo volvió a su carro y regresó con un arma tapada a medias con un calcetín blanco. Yo estaba convencido de que venía por los dos. Y recordé a mi viejo amigo Sergio, a quien pude ver allá en Arequipa, otro decepcionado de Lima: “¡Regrésate a tiempo!, esa es una ciudad de mierda… O te regresas o te vas a terminar convirtiendo en uno de ellos”.

–Si quiero te mato ahorita –y l...

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