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Artículo

Para decir adiós

Siete modelos de cartas de ruptura

.

 

Ilustración de Óscar Pérez Sánchez

 

1. Paisa [Por Juan Miguel Villegas]

Ve Lida, entendé: no te puedo retirar la denuncia todavía. Ganas no me faltan de dejarte allá metida hasta que llorés hiel, pero vos misma sabés que no soy capaz.

Yo me voy del pueblo, pa’ que sepás de una vez. No me busqués que no me vas a encontrar. No perdás tiempo molestando a nadie que nadie te va a saber decir nada. Ya renuncié al colegio, ya pidieron mi reemplazo a Medellín y el jueves le entrego la pieza a doña Nubia. Lo hecho, hecho está.

 

Apenas tenga todo listo y vos estés más calmada hago la vuelta en la inspección para que te dejen ir a dormir a tu casa.

Me volviste nada la cara. Hasta en el hospital se asustaron con las heridas. ¿Me la querías arrancar? Ayer me tuvieron que volver a abrir la chamba de la nariz porque se me estaba infectando y aplicarme segunda anestesia para aguantar el dolor. ¿Y sabés qué encontraron? Pintura, Lida, ¡restos de pintauñas! Pero vos no eras consciente, ¿cierto?

Y todo por nada. Te dije mil veces que yo con Jenny no tenía NADA. Pero lo que se te mete en la cabeza no hay quién lo saque. Yo a ella le presto libros porque es buena alumna. Pero vos quisiste ver lo que te dio la gana. Te expliqué: me cayó un mugre en el ojo y ella me lo estaba soplando, nada más. Y ahora mirá.

La piyama y las camisas quemalas o regaláselas a Bulto. La chaqueta te la compra Julio, que le lleva ganas. En el bolsillo de adentro hay una plata, considerala tuya. Lo mismo los libros. El masajeador de pies me va a hacer falta pero ahí te queda...

Ah, y en la farmacia voy a dejar pagadas tus pastillas para mes y medio. Se las reclamás a Nel. Tomátelas. Mirá como te ponés, si no...

Y no te preocupés, que cada vez que alguien me mire raro me voy a acordar de vos.

Raúl

 

2. Académica [Por Alejandro Peláez]

Hola

En Google aparecen 487.000.000 de resultados para “break up letter sample” y 4.600.000 cuando se busca un “modelo de carta para terminar una relación”. Supongo que ya sabrás para dónde va esto. No te soporto y llevo una tarde buscando cómo escribirlo. Me inspiré en Wikipedia, espero no te moleste.

Tu arrogancia y maltrato no tienen remedio. Las que antes eran discusiones interesantes se convirtieron en sesiones de tortura. Las charlas de sobremesa se transformaron en exámenes de admisión. Hace rato dejó de ser chistoso que resuelvas cualquier discusión con una referencia a la autoridad que te dan tus títulos. Me mamé de tanta pendejada.

Odio cuando usas tus credenciales como si fueran títulos nobiliarios. Haberte gastado miles de dólares y cinco años de tu vida en una educación sobrevalorada no te hizo brillante, ni te convirtió en la duquesa de Soria. Siempre te mentí. Jamás me interesó la crisis de representación en los países andinos o la teoría de un mundo multipolar. Leer tus papers llenos de referencias inútiles fue mi principal muestra de amor (Peláez, 2013). Me duele decirlo, no soy yo, eres tú.

Imagino que racionalizarás esto como haces con todo. La culpa es de los otros, sobre todo de los que no compramos tus libros (¿alguien los compra?) y usamos Wikipedia. Es que no entendemos y te tenemos envidia. Ajá.

Siempre me ha gustado tirar la piedra y esconder la mano. Por eso, por favor no intentes contactarme en al menos ocho semanas. No quiero tomarme un café, ir a comer o consultarle al psicólogo. Nada de “tenemos que hablar”, ni siquiera por un chat. Esto es un ultimátum.

P. D.: firmar con un PhD al final de tu nombre es ridículo, sobre todo cuando le antepones un MA y un MSc. Saludos,

AP

 

3. Mordaz [Por Cécile Slanka]

Ay amor mío

Esta carta es para decirte que te dejo. No sé si algún día lograré olvidar el incomparable tacto de tu piel, el inigualable encanto de tu sonrisa, la perfección de tu busto, el increíble contorno de tus piernas, la genialidad de tus reflexiones, el atractivo de tu conversación, los innumerables talentos que te caracterizan y la divina perfección de tus abrazos, pero me parece que Jean-Pierre podrá ayudarme.

Corinne

 

4. Pasivo-agresiva [Por Andrés Neuman]

Amado y más

Me resulta tremenda, dolorosamente difícil, después de todo lo que tú bien sabes, de tantos años y recuerdos y rincones, decirte algo que, en fin, apenas logro a veces balbucear a solas, cuando la noche se hace confidente, pero de golpe la luz me ciega, amor, y regreso al silencio, que es mi mejor compañero de baile, por eso se me hace tan, cómo explicarte, los labios se me llenan de ceniza, como cuando has fumado demasiado y la garganta se te encoge, sé que tú me abrazarías, que me convencerías nuevamente de que todo es posible, hasta nosotros, ¿por dónde comenzar, entonces, esta carta que dicta mi temblor? Largo de aquí.

No tuya,

Ana

 

5. Televisiva [Por Ibsen Martínez]

Querida F:

 Acabamos de despedirnos junto al taxi que, en el último segundo, no abordé.

Con ello decliné, ásperamente y sin palabras, tu invitación a pasar la noche juntos en tu casa, después de ver la premier de la telenovela.

 ¿Por qué no subí a ese taxi? A estas horas estaría yo hozando, sexagenario olfatón, tu arruchada barriguita cincuentona, empiernadito contigo “bajo el edredón”, para usar tus acogedoras palabras de antaño, mientras tú miras, chasqueando tus tragos de vino, el capítulo fundador de la telenovela que por estos días escribo con muchísima dificultad: los dones y los trucos del oficio, ¡ay!, no acuden a mí, como tampoco se me ofrecen ya las aspirantes a protagonistas. Sé que no sería ni siquiera divertido mirar juntos cómo te encamas con el galán, porque ya los libretos no piden que te encames con el galán ni mucho menos los libretistas se ponen galanes contigo.

En la premier ya no serás la artera contrafigura femenina de quien me enamoré hace veintiséis años, sino la mamá bobalicona del protagonista, vejancona secretaria de reclamos del sindicato de cine, radio, televisión y afines, materia vergonzosa hace seis semanas de una discreta sugerencia mía al director del culebrón para que evite en lo posible las tomas cerradas en contraplano que, al dar tú espalda a la cámara, podrían ofrecer al escarnio televidente los claros, los surcos, las trincheras que una calvicie incipiente pero inexorable ha abierto en tu negra cabellera de hija de libanés cruzado con mulata.

Esta madrugada, yo que nunca sueño, inopinadamente tuve un sueño REM, un “rapid eye dream”, más propio del comienzo de la vejez que de un inminente despertar.

En el pretérito imperfecto de los sueños, estabas sentada en el cafetín del canal, charlando con un joven apuesto y desenvuelto a quien nunca he visto en la vigilia pero que en el sueño era un aspirante a actor, un joven figurante en el conservatorio de la telenovela latinoamericana. Extorsionaba con mentidos piropos para lograr tu firma en la planilla de solicitud del carné y lucías feliz. No recordé el sueño hasta verte subir al taxi mientras yo sostenía las bolsas de mercado con el vino chileno, el provolone uruguayo y las huevas de lisa con que pensabas regalarnos. Recordé que al despertar hice un apunte soñoliento en la libretica de la mesa de noche, atento a la cita con el doctor Morabito.

Mi apunte maquinal de viejo libretista: “Escena final del capítulo anterior”.

Love: J. I.

 

6. Preventiva: cosas que me voy a llevar cuando te deje [Por Lizzy Cantú]

 Un día voy a irme. Cerraré la puerta tras de mí y, en homenaje al día de diciembre en que me propusiste matrimonio, vendrán conmigo solo veintiocho cosas. La maleta fina, esa a la que no se le atoran las llantitas. Tu sonrisa más íntima. El cargador de tu teléfono celular. La licuadora más cara del mundo. El único de nuestros hijos que se parezca a ti. La llave del candado de las bicicletas, pero no las bicicletas. El cariño de tu madre. Los cordones de tus zapatos. El desorden de la sala que me corresponde. La vista al mar. El papelito que evita que el escritorio se bambolee cuando escribes. Las baterías de todos los controles de la casa. Mi impuntualidad. La chaira con la que afilas los cuchillos. Las mañanas de domingo. Las discusiones ruidosas a las dos de la mañana. El espiral de cada una de tus libretas de apuntes. Las libretas te las dejo. Te dejaré el silencio, mi ropa sucia, el pelo que se junta en el desagüe, la cafetera malograda, las cartas de amor que otros me escribieron. Te quedarás con los lunes, los resfriados, la copa de vino quiñada que nunca devolvimos en la tienda. Conmigo se irá tu olor, las marcas de tus labios en mi cuello, la memoria de la primera tarde que compartimos un cigarro. Voy a marcharme solo si consigo llevarme el modo que tienes de despeinarte cuando estás despierto hasta que amanece. Las páginas subrayadas de tus libros. Cada una de las calles donde me besaste. La receta de todos los platos que has cocinado. El hueco que tienes en el diente que te quebraste a los dieciocho años. Esa canción que escuchamos todas las mañanas. La promesa de que no vas a querer a nadie más que a mí. Voy a quedarme con tus ojos. Será ese día, y no otro, cuando por fin me decida a abandonarte.

L.

 

7. Preventiva (bis) [Por Valeria Luiselli]

Querida Amanda:

Sé que las mañanas son difíciles para ti. Te despiertas hinchada, pachorrosa y el aliento te huele ligeramente a rana. Nunca te lo he recriminado. Tú, en cambio, muestras poco respeto por mis necesidades corporales en las primeras horas de la mañana.

A mí todos los días me devuelve al mundo de la vigilia la simple certeza de mis modestas pero firmes erecciones matutinas. No soy un caso raro. Todo el mundo sabe que la mayoría de los hombres notan, al despertar cada mañana, antes que cualquier otra cosa, la turgencia y rigidez de su órgano sexual.

Este fenómeno de la constitución masculina, que tú, Amanda, llamas vulgarmente “tienda de campaña”, es un simple fenómeno biológico que se puede transformar rápidamente en una cuestión de salud mental y espiritual. Si la erección matutina permanece desatendida y debe bajar por sí misma –durante los primeros sorbos de café o bajo el chorro de la regadera–, el hombre acumula humores malignos que lo colman de resentimiento y rabia a lo largo de día. Con el tiempo, se torna circunspecto, taciturno, violento, y puede incluso empezar a albergar pensamientos pérfidos hacia sí mismo y sus conciudadanos. Sin embargo, Amanda, si la mujer que duerme al lado de un hombre se muestra empática y libera al órgano de su acumulación de fluidos corporales, el hombre permanece templado y apacible a lo largo del día; incluso diríase bonachón y filantrópico.

Mi tío segundo por el lado materno, Jorge Francisco Isidoro Luis, que tenía muchas teorías sobre muchas cosas, decía que había que casarse con una persona que fuera comprensiva con esta condición natural de los hombres. Él, por ese motivo, se había casado con la tía y permanecido fiel a ella hasta el día de su muerte. Puede que la tía tuviera mucho de mosca muerta y que se vistiera como institutriz de orfanato, pero era, indudablemente, una maestra del mañanero.

En cambio tú, Amanda; ¿por dónde empiezo? Siempre has sido tacaña con las necesidades ajenas, y sobre todo con las mías. Tengo una capacidad inigualable para la resignación. Así somos los hombres católicos. No te estoy pidiendo el divorcio. Nomás te informo que, hasta nuevo aviso y a partir de hoy, voy a dormir con la Sandra Montoya.

Atentamente,

Gustavo Sánchez Carretera

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Comentarios a esta entrada

Margarita Ardila

http://mariaway-margaritaardila.blogspot.com/2014/09/epistola-final.html

e 1

El mejor café para resistir las noches sin sueño es uno que aun no sirven en las cafeterías y se llama "lectura"... y este texto es más efectivo que un express doble

César Augusto Duque Sánchez

Si sigue así, El Malpensante va a terminar siendo dirigida por la Negra Candela. Qué artículo tan raro.

César Augusto Duque Sánchez

Si sigue así, El Malpensante va a terminar siendo dirigida por la Negra Candela. Qué artículo tan raro.

Carolina Castelblanco

https://salvajismoenlasraices.wordpress.com

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