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El peroné del Cobo

6 postales de fútbol

  

El Cobo y yo no nos llevábamos bien y le iba a dar la patada de su vida, estaba decidido. Él era mi profesor de educación física y decían que había jugado fútbol años atrás. Además, a punta de gruñidos e inquisidoras miradas, trataba de poner orden en el bus número 3 del Colegio San Ignacio de Medellín, en el que me transportaba de niño por allá a comienzos de los años ochenta.

Francisco “el Cobo” Zuluaga era una leyenda, pero nosotros no lo sabíamos. Solo corrían estrafalarias historias sobre él, en las que se aseguraba que alguna vez había patiado un penalti tan duro que había roto la red.

En nuestra ignorancia, no sabíamos que él había sido el único colombiano, entre ocho argentinos, un paraguayo y un peruano, de ese mítico equipo de Millonarios conocido como el Ballet Azul, y que sus compañeros en la cancha eran Rossi, Di Stéfano, Pedernera y Cozzi, entre otros. Para muchos era el mejor equipo del mundo en ese momento y el Cobo fue campeón seis veces como capitán de ese equipazo.

 

Tampoco sabíamos que, de los catorce goles hechos por Colombia en los mundiales, el Cobo Zuluaga había sido el primer colombiano en anotar uno, durante el Mundial de Chile 62. Fue en el minuto 19 del primer tiempo, jugando contra Uruguay, partido que, dicen quienes lo vieron, lo perdimos por las salvajes patadas que repartieron los uruguayos. Tanto así, que el Cobo jugó desde el minuto 30 con tres costillas rotas, por un patadón que le propinó Luis Cubilla. A pesar de los golpes recibidos, era leal y jugaba limpio, en su vida recibió una tarjeta roja.

Pues aquel día, yo iba a ser un uruguayo más, iba a terminar el trabajo de Cubilla y a saldar mis cuentas con el Cobo. Yo no sabía que iba a patear a un héroe. Era yo un niño flaquito, de paticas torcidas como Garrincha, queriendo vengar una suspensión injusta: la cancha era el sitio ideal para saldar mi duelo.

En ese momento el Cobo ya era un hombre mayor, se había retirado jugando para el Nacional en 1966, había sido técnico de Millonarios y de Nacional, asistente de Rossi en Huracán de Argentina, y había dirigido la Selección Colombia. Incluso, luego de la participación en el Mundial del 62, los hermanos Pinzón: Leopoldo, Carlos y Germán, hicieron una película basada en la historia de su vida: El número uno. Eso tampoco lo sabía.

Sus clases de educación física se limitaban a jugar fútbol y ese día se metió a la cancha con nosotros. El azar y la diosa fortuna confabulaban a mi favor. El Cobo, a pesar de acercarse a los 60, jugaba muy bien, se movía con delicadeza, era elegante, la cabeza siempre en alto y sus piernas parecían dos troncos de músculos como para estudiar anatomía, con venas que sobresalían y cicatrices de antiguas batallas.

Me enceguecí, olvidé el balón y corrí en diagonal como un poseso en busca de la pierna del Cobo y me lancé con sevicia. Se sintió como patear a un tractor, reboté un par de metros y, al recuperarme de lo que fue como estrellarse contra una pared, solo vi que el Cobo aún llevaba el balón con gracilidad y sutileza. Le quería quebrar el peroné, pero no. 

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Javier Mejía

Director y guionista de 'Apocalípsur', la Mejor Película Colombiana en el FICCI de 2007.

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