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La puesta en escena de las ideas

A propósito del Hay Festiva Cartagena 2015

José Sanchis Sinisterra, Fabio Rubiano y Sandro Romero Rey • © Daniel Mordzinski

 

Hace diez años me informaron que habría un encuentro literario de alto vuelo en Cartagena de Indias, con conferencias de una hora, invitados de primera línea y actividades sanctas y non sanctas hasta altas horas de la madrugada. Allá llegué, sin conocer mayores detalles al respecto, salvo la firme convicción de conocer a Enrique Vila-Matas, a la sazón y hasta el presente, uno de los escritores por los que no ahorro ni una línea. He vuelto al Hay Festival en distintas ocasiones, unas veces como invitado, otras como simple espectador, otras como artista acompañante. Y siempre, la sensación es la misma: unas ganas efímeras de reconciliarme con el mundo, a pesar de que llegue gente que uno se pregunta qué diablos estará haciendo aquí. No importa. Siempre tengo la satisfacción de acumular ideas, de devorarme el tiempo, porque los festivales y los encuentros tienen ese encanto de la concentración, de exigir el esfuerzo por inventariar los temas de conversación y luego salir a respirar profundo. Al fondo estará siempre ese lejanísimo misterio que se llama el mar, protegiéndonos durante tres días como telón de fondo, hasta que se vuelve a la rutina de las incertidumbres y la pompa de jabón estalla al regreso de nuestra impredecible realidad.

¿Que el Hay Festival es un espectáculo? Por supuesto que lo es y no veo nada malo en que lo sea. Lo fue desde sus orígenes, en el lejanísimo pueblo de Hay-On-Wye, en Gales donde, según la leyenda, hay más librerías que seres humanos. Allí, en ese diminuto paraíso, también el Festival es un espectáculo, donde los escritores son las estrellas y el público hace largas filas para escucharlos. Recuerdo, hace muchísimos años, al desaparecido Manuel Puig cuando le preguntaron, en un encuentro de cultores de la pluma, si la literatura se estaba “comercializando” demasiado y Puig, con su voz de serpentina rosada, respondió que le parecía muy bien porque, de todas maneras, serían esfuerzos mínimos de promoción, comparados con los que se invierten en una estrella del fútbol o en un cantante pop. No. Yo tampoco tengo nada contra esto...

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Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

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