Google+ El Malpensante

Iceberg

La tiranía de los mediocres

Ideas, apuntes, críticas, tendencias, habladurías

Aquí, en estas páginas del Iceberg, más de una vez hemos comentado las consecuencias de la corrupción literaria. Años de concursos “en lo oscurito”, de componendas, de jurados indolentes y de fallos dudosos, le han quitado buena parte de su legitimidad a los diferentes premios que aún se convocan por ahí. Dada la gravedad del asunto, es toda una sorpresa que la reacción del público, o de los autores que participan en tales certámenes, haya sido básicamente el escepticismo, cuando no la indiferencia.

En muchos casos uno puede entenderlo: la mayoría de los premios de literatura son convocados por entidades privadas, en ellos se juzgan libros inéditos –esto es, “manuscritos”– y se hacen deliberaciones en secreto, de las cuales no queda testimonio distinto al acta del jurado. Todo eso le resta margen de acción a la crítica e impide, casi siempre, que las sospechas se materialicen en algo más que un rumor de pasillo.

En el sector público la cuestión es diferente. Ahí, en parte por escándalos como el de Ricardo Piglia en Argentina o el de Alfredo Bryce Echenique en México, los miembros de un jurado deben cumplir una serie de normas que, si no necesariamente garantizan la transparencia, vuelven más difícil amañar un veredicto. Es obligatorio, por ejemplo, llenar planillas y dejar constancia de cuáles fueron los criterios utilizados a la hora de conceder o negar una beca, un galardón o una pasantía.

Lo paradójico del asunto es que la insistencia neurótica en el cumplimiento de esos controles está volviendo cada vez más turbia la celebración misma de los concursos.

Como pueden atestiguarlo muchos funcionarios, apenas Idartes o la Secretaría de Cultura de Bogotá dan a conocer los ganadores de sus diferentes convocatorias, se desata una avalancha de derechos de petición. (No estamos seguros de que sea así, pero suponemos que el caso es igual en Medellín, en Barranquilla o en cualquier otra ciudad que convoque premios y estímulos). A través de cartas, de llamadas al Sistema de Atención al Ciudadano o en persona, una legión de literatos se presenta para exigir que les faciliten los documentos de la deliberación. Aunque la razón argumentada es siempre la misma –quieren saber en qué fallaron y tratar de mejorarlo para las siguientes convocatorias–, la verdad es que les interesa sobre todo encontrar algún error, por mínimo que sea, para arrojar una sombra de duda so...

Página 1 de 1

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

El Malpensante

Septiembre 2015
Edición No.167

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Cómo escribir y cómo no escribir poesía


Por Wislawa Szymborska


Publicado en la edición

No. 120



Durante tres décadas, Wislawa Szymborska escribió una columna en el periodico polaco Vida Literaria. En ella respondía las preguntas de personas interesadas en escr [...]

En defensa de la novela, una vez más


Por Salman Rushdie


Publicado en la edición

No. 158



La crisis de la novela ha sido anunciada con visos apocalípticos en distintos momentos de la historia de la literatura. A mediados de los noventa, uno de sus más destacados representante [...]

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Fentanyl


Por Samuel Andrés Arias


Publicado en la edición

No. 77



¿Y al doctor quién lo ronda? Pues lo ronda, entre otras cosas, una peligrosa tentación en la que muchos caen. Ésta es la impresionante crónica de un anestesista que [...]

Columnas

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores

En uso de razón

Del terrorismo al conflicto interno

No lo veo claro

Hocus pocus

Paseos citadinos

Paseo cartagenero por una Manga sin mangos

El arte del trapecio

Razones y tradiciones