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Poesía

Perfect Day

La poesía de Jalal El Hakmaoui

Traducción del francés de Gustavo Osorio

Introducción de Juan Arabia

Quien espere encontrar a continuación un exótico panorama de dunas, surcado por siluetas de camellos y ambientado por llamados a rezo desde blancos minaretes, puede detenerse aquí. Empezando por su título, los cuatro poemas que presentamos de Jalal El Hakmaoui (Casablanca, Marruecos, 1957) han sido escritos desde una aldea global e híbrida, empleando una especie de lingua franca en sus símbolos. Escritos en francés (recordemos que Marruecos solo logró su independencia definitiva del gobierno francés hacia 1965), estos versos alternan la proximidad y la distancia respecto al continente europeo, por no decir con el resto del mundo.

Sin embargo, pese a que comprendemos el sentido inmediato de cada oración, pese a que el mundo habitado por Jalal resulte muy parecido al nuestro (poblado como está por el mismo fantasma posindustrial de gadgets hechos en china, restaurantes de cadena estadounidenses, motos italianas y perfumes franceses), algo escapa a nuestras estructuras del sentir, a nuestros significados o valores.

Jalal El Hakmaoui vive en Rabat, donde enseña traducción literaria y trabaja en una empresa de tecnología; desde ese espacio, la oficina cobra presencia como el escenario abrumador que protagoniza estos poemas. Hay algo irónico en la propuesta estética del marroquí: “Soy un obrero especializado moderno. Técnicamente, no dejo de trabajar. Trabajo en la oficina, en el baño, en el descanso para el café, en las reuniones, en la pausa para el cigarrillo, en el restaurante, en la moto, etc. Soy un negro blanco de la industria del video”.

Jalal El Hakmaoui ha publicado en árabe los libros de poemas Certificado de celibato (1997), Berlín (2004), Ir un poco al cine (2007), Lo que no ha dicho a Al Pacino (2013), y es fundador de la revista Electrón Libre, que ha hecho un esfuerzo por presentar poetas de todo el mundo al público marroquí, en francés, español, inglés y árabe, labor que combina con el reportaje cultural para periódicos y revistas. Desde 2002 es director del Festival de Poesía Mediterránea de Rabat, organizado por la Unión de Escritores de Marruecos, y es traductor al árabe de Lorand Gaspar, William Cliff, Françoise Lalande y Mustafa Stitou, entre otros.

La prosa poética de Jalal se convierte en un movimiento de estratos, en un juego de espacios. ¿De qué forma el poeta saca provecho de estas fuerzas que le resultan familiares y a la vez ajenas? En “Por qué el poeta lleva a su mujer a McDonald’s”,  Jalal escribe: “Cruzas tus piernas / Mientras que hay olas que se arrodillan a tus pies / Como un rebaño de camellos furiosos / Comes por primera vez en tu vida / Una hamburguesa americana / Mientras tanto acaricias el cuello carnoso de tu esposa / Discutiendo sobre la lavadora Nifari / La camisa agujerada de Othmane / Y la rubia mosca americana que acabas / Sin darte cuenta, de tragar”. Y bueno, tal vez exageramos un poco cuando advertimos sobre la total ausencia de jorobados en su poesía.

La oficina

Los ángeles me siguen en scooter. Se deslizan entre los coches. Gritan mi nombre. Aumento el volumen de mi iPhone. “Perfect Day” estalla en mi cabeza. Una carrera infernal sin fin. Pretendo no ver nada, no oír nada, no decir nada. Llego al edificio. Big Apple Electronics, cuarto piso. Aseguro mi moto a un árbol. Subo los escalones de cuatro en cuatro. Abro la puerta metálica. Me encuentro cara a cara con mi jefe M y con mis ángeles vestidos en Prada. Me doy cuenta de que están perfumados con Just Different de Hugo Boss. Los ángeles leen mis pensamientos: ¿por qué un latino? Fragancia underground. El perfume de los ángeles tambaleantes. Se despierta el deseo gracias a las notas de menta glacial y madera de cachemira en una esencia palpitante. A las mujeres les encanta por su frescura y su carácter. Hugo Boss, agua de tocador, 100 ml, 52 euros. M sale y cierra la puerta. Estoy en mi oficina. Mi vecina de oficina me dice: “Hola, llegas tarde. Te va a matar un día”. Butch Cassidy y Sundance Kid juntos contra mi patrón M. ¡Bang! ¡Bang! La Pelirroja se ríe. Ella hace vibrar sus grandes senos sin mover los hombros. ¡Mis respetos! Un movimiento de la mano. Mis ángeles le dan masaje en el cuello y en el cuero cabelludo. Ella está encantada. Clasifico mis archivos del día. Bostezo. Paso documentos confidenciales por la trituradora de papel. Bostezo. Ordeno mis licitaciones. Enciendo el ordenador. Navego en internet. Luego, escucho la banda sonora de El Padrino. Me siento lleno de confianza. Miro a mis colegas desde arriba. Los ángeles flotan ante la Pelirroja que me gusta. Es mediodía. Me detengo.

Bedaine

Bajo los escalones de cuatro en cuatro. La Pelirroja me sigue. Ella está vestida de negro y calza Rangers. Piercing recto del lado derecho de la nariz y un pin de seguridad en la oreja izquierda. Yo la ignoro todo el tiempo, pero ella sabe que me gusta. Nuestro punto en común: el odio de M a la vida, a la muerte. Hoy vamos a comer en Bedaine. La Pelirroja es generosa en carnes y ama con locura el cine de Bruno Dumont. A veces eso me molesta, a veces no. A veces estoy francamente celoso de esta realidad objetiva, pero disimulo bien mi juego. ¿Qué tiene ese Bruno Dumont que no tenga yo? ¿Ah?, dígame, usted que me sigue a todas partes. ¿No sabe? ¡Ah, bien! A ella también le gustan los objetivistas americanos. Mierda. ¿Pero quiénes son esos idiotas? Sí, lo sé, usted no sabe. Subo a mi motocicleta y detrás de mí se entroniza la Pelirroja. El escape arranca y truena. Cinco minutos, diez, veinte, treinta. Estamos frente a Bedaine. Son las doce y media. Ellos ya están allí. ¿Ha reservado? No, señora. Tome esta mesa en el medio. ¿Está bien? Sí, está bien. Nos sentamos. Observamos el gráfico a un costado del calefactor. Miro a la Pelirroja. La Pelirroja me mira. Pedimos la sopa del día y agua corriente. Los ángeles están comiendo ya una lubina acompañada con verduras y beben vino tinto. Los ángeles comen en silencio. Nosotros comemos mientras nos observamos. Se come. Se observa. Nos observamos y nos comemos. Lou Reed se come a Johnny Rotten. “God Save the Queen” se come a “Walk on the Wild Side” o viceversa. Pagamos y salimos. Los ángeles, especialmente el más viejo, quien se parece un poco a Fassbinder, se encuentran todavía ocupados con la tarta de manzana y el café. La Pelirroja y yo vamos ya en camino del negocio. Los grandes senos de la Pelirroja mantienen caliente mi espalda. Mi espalda sueña con los grandes senos de la Pelirroja. Ella, ella tararea: doo, doo, doo, doo, doo, doo, doo, doo...

La oficina Bis

Big Apple Electronics. Lo nuestro es el social gaming. Yo soy un game designer. Yo concibo el campo del juego, las especificaciones, las propiedades, las reglas, etc. Soy, aparentemente, el más creativo del equipo. M me ama por mi “genio” de obrero especializado y me detesta por mi lado parasitario. Parasitario de acuerdo a la ideología del empresario capitalista. M es el Boss. Él me respeta más que la Pelirroja y los demás. Le hago transformar su empresa. Normal, desde la perspectiva del Capital. Soy un obrero especializado moderno. Técnicamente, no dejo de trabajar. Trabajo en la oficina, en el baño, en el descanso para el café, en las reuniones, en la pausa para el cigarrillo, en el restaurante, en la moto, etc. Soy un negro blanco de la industria del videojuego. Estoy trabajando ahora en un juego titulado: La Pelirroja en la moto. El proyecto está clasificado, por el momento, como top secret.

La pelirroja

Pelirroja tiene 22 años. Su piel es color rosa caramelo. Ella es generosa en carnes y no para de tararear doo, doo, doo, doo, doo, doo, doo, doo. La Pelirroja sobreexcita a los ángeles. Ellos no dejan de girar a su alrededor. Si no me pongo estricto, pueden hacer que ella se desmaye para darle respiración boca a boca. Los ángeles no son decentes cuando se trata de mi pasante. Se pondrán de rodillas a su lado, en concreto, cerca de su rostro. Le pondrán la mano en su frente. Taparán su nariz pellizcándola con el pulgar y el índice para evitar cualquier fuga de aire a través de su magnífica nariz. Los ángeles abrirán ligeramente su boca sosteniendo su barbilla en alto. Pondrán su boca abierta alrededor de la boca de ella presionando con fuerza para evitar fugas. Respirarán gradualmente hasta que sus enormes senos comiencen a salirse de su blusa negra. Entonces, recuperarán rápidamente la respiración viendo henchirse sus grandes senos color rosa caramelo. En este punto, los ángeles desaparecerán regresando a la parte baja del edificio por temor a desencadenar mi negra cólera. La Pelirroja colecciona las muñecas Monster High. Se pone toda roja cuando le hago un señalamiento sobre este hobby. Por otra parte, cuando se trata de trabajar, ella es genial. Ella lee mi mente tal y como yo leo la suya. A veces sospecho de sus orígenes. Por lo general solo come mejillones fritos y no bebe nada salvo Corsendonk. La Pelirroja solo lee y relee a Gilles Deleuze. En su casa hay un montón de fotos y carteles de Gilles. La Pelirroja tiene celos de Claire Parnet. Ella mira el L’Abécédaire de Gilles Deleuze fijándose solo en el filósofo. Ella no tiene que estar allí, dice ella. A mí, la filosofía y las historias de mujeres fuertes, modelos o maniquíes me importan poco. Para la Pelirroja es lo contrario. Siempre viste como punk. Ella nunca saluda al conserje. El conserje, Mo, es chino. Él dice todo el tiempo Sié Sié. Esta lengua reducida a dos sílabas termina por exasperar a la Pelirroja. La Pelirroja escucha de corrido, en la oficina no es posible, un concierto de Lou Reed en el Royal Albert Hall (2000). Ella escucha “Ecstasy”, “Turn to Me”, “Romeo Had Juliette”, “Vicious”, “Perfect Day”... y duerme como un ángel.

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