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Poesía

Presencia del ritmo

.

No era un recuerdo era un perenne ritmo

cayendo, pálido, entre la voz y el sueño.

Interesando a las cosas o dándoles su color

manso cayendo, fluyendo, con su olvido

persistente de días lejanos, cielos claros,

noches de amor, otras vidas vividas.

No. Era solo limpia, insinuantemente, un ritmo.

 

Era un ritmo, no más, entre la palabra y el silencio.

Actuante, tenaz, indicativo, hablando acaso

de mil presencias muertas, un grito sin saliva,

un apretón de manos ¿en qué planeta?, un cruce de

      caminos,

¡qué sé yo!, la cadencia del llanto o sangre blanca.

Pero no. No era llanto o grito, era solamente un

      ritmo.

 

Era tan solo un ritmo, algo sin valor o casi nada.

Sin oficio en la razón o en la fecha de algún gozo.

Lejos de cuanto está aquí y al tocarlo ya no es.

La nube, el paso, el agua, el gran periódico

                                                                    del Cosmos.

Ninguna de esas minucias. Era un ritmo tan solo.

No era una orden de triunfo o derrota. Era un

       gozoso

manso ritmo cayendo sobre el nocturno vigilante de la

       sangre,

sin el tropiezo de la noche verdadera del pie ciego.

No era un azar, nada aleatorio ni inseguro.

Era un ritmo, era tan solo un ritmo limpio y

       generoso.

 

No era una música adormecida o despierta

de otro tiempo.

Ningún recuerdo en mí de viejas marchas crecidas.

No era odio o amor, interés o abandono o el saber

       llevar el nombre

como una inscripción o anticipo de lápida

a la manera

       de todos.

No. Era un ritmo, un dulce ritmo visitante, solo un

       ritmo.

 

No era voz de hambre o hartazgo ni esa alusión

       premonitoria

de llevar tierra en las plantas y cielo en nuestros ojos.

No era modestia, no era tolerancia

de nuestra condición de presos

ni siquiera el estar solo en ese punto del ser donde

       alguien aúlla.

 

Era sencillamente un ritmo, sin dolor ni hambre ni

       sed.

 

Digo, repito, me ha llegado un ritmo esta mañana.

Un ritmo sin congoja que ignora el afán, ni exige

       lucha ni trabajo

ni la tristeza de abotonarse y desabotonarse en una

       vida

ni si es condición del ser humano morder con la

       palabra.

No es dulce ni es amargo, violento o suave, alegre o

       triste.

Es un ritmo, un ritmo, y ahora ha venido a mi

compañía.

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Luis Vidales

Autor de Suenan timbres (1926). Junto con Luis Tejada, Ricardo Rendón y León de Greiff, fue uno de los fundadores del grupo literario Los Nuevos

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