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Reseñas

Razzia Literaria por América Latina

Viaje literario por América Latina - Francesco Varanini

Attilio Pentimalli

.

Barcelona: El Acantilado, 2000. 831 p.

 

¿Viaje literario por América Latina? Más bien batida, redada, incluso razzia inmisericorde, si bien hay que ser honestos y confesar que el objeto principal de toda razzia, que no es otro que el botín, en este caso es un botín para el lector, aunque también lo fuera en su momento para Francesco Varanini. Y su libro, además de razzia, es una carga de dinamita en varios casos, o una bomba de espoleta retardada en algunos otros: porque resulta que Varanini se enfrascó en la literatura latinoamericana y la ha leído creo que más y mejor que casi todos nosotros, buceando a profundidades que la crítica peninsular y vernácula jamás se atrevió. Pero vayamos por partes.

Este libro está ordenado por una mente muy sutil. Un cerebro casi cibernético, poblado de datos y con un search de primera categoría. A la vista del ingente material que maneja, y teniendo en primer plano en el punto de mira de su atención —pienso yo— no al posible lector italiano sino al seguro lector hispánico, este dato de bancos se decanta por autoestructurarse al revés que en el andante de la sinfonía del golpe de timbal de Haydn. Comienza con un tutti bastante estruendoso y sin embargo fascinante, capaz de despertar a un sordo sumido en profundo sueño: un comienzo que prende al lector y le hace no soltar ya el pesado mamotreto de las manos hasta su más bien suavecito y adormecedor final, casi un minué. La estrategia ha funcionado.

El iconoclasta Varanini no deja un hueso sano en los esqueletos narrativos de García Márquez ni de Carpentier. Al Vargas Llosa crítico literario lo pone en ridículo, y es particularmente cruento con Carlos Fuentes. Esto en el Debe. En el Haber encontramos un Varanini lírico al hablar de Borges y de Cortázar, de Lezama Lima y del tango (el capítulo dedicado a Gardel es una joya). Y a la hora de inventariar descubrimientos dedica páginas agudísimas a Felisberto Hernández, a Persona non grata de Jorge Edwards (para él de todos modos “un escritor del montón”), y al colombiano Andrés Caicedo, que se suicidó a los veinticinco años, seis meses y seis días (y no cuando “aún no había cumplido los veinticinco añ...

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