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Crónica

Viacrucis

La carretera que lleva al valle de Los Yungas, en Bolivia, es una de las más peligrosas del mundo. Con un par de llantas en el suelo y otro par en el aire, un cronista recorre laderas sembradas de óxido, contando la historia de quienes construyeron el camino y de los muchos temerarios que atraviesan a diario esa despiadada topografía.

 

© Getty 

Estaban blancos. Blanquísimos. Las mujeres. Los hombres. Los niños. Como si su piel se hubiera pelado. Como si alguien los hubiera pintado. Algunos eran simples pedazos: pedazos blancos. Y había otros que estaban completos, pero no se veían mucho mejor que aquellas porciones de carne blanca desperdigadas por todo lado. Antes de descender más de doscientos metros por una pendiente inestable para llegar hasta los despojos del camión siniestrado, Carlos Aguilar –representante de una empresa de aguardiente, aventurero, 59 años– ya había colaborado en varios rescates enloquecedores. Pero jamás había visto un cuadro como el que se encontró en los valles de los Yungas de Bolivia aquel día de los años ochenta.

“Los cuerpos se veían blancos porque los remojó una caída de agua –recuerda ahora, treinta años después de aquel accidente–. Había una pareja abrazada: ella tenía la mitad de la cara casi borrada y él miraba hacia arriba. Contamos decenas de muertos. El camión iba con pasajeros en la parte trasera, el chofer casi seguro pestañeó (se quedó dormido) y se embarrancaron”. A unos metros de la carrocería del vehículo, hallaron un esqueleto junto a una moto deslavazada. “De otro accidente”. Pero la imagen que más le impresionó a Aguilar fue otra: en medio de aquel desastre, había una botella de refresco intacta. “Jamás comprendí por qué no se hizo trizas”, me dice. Aquel lugar, que parecía una fosa común recién descubierta, fue despejado y se ha vuelto a fundir con un paisaje caracterizado por una vegetación que crece en laderas oblicuas. Pertenece al “Camino de la Muerte” y alimenta la leyenda de una ruta que lleva siete décadas sumando muertos.

Antes de la inauguración en 2006 de la carretera Cotapata-Santa Bárbara, el Camino de la Muerte, una vía estrecha con más de sesenta kilómetros repletos de baches y horizontes de colores cálidos, era uno de los principales vasos comunicantes entre el Altiplano y la Amazonía. Formaba parte de una epopeya que comenzaba en La Cumbre, en una cruz a 4.700 metros de altura donde los viaj...

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Álex Ayala Ugarte

Periodista español radicado en Bolivia. Colabora con publicaciones como "Etiqueta Negra", "Ecos" y el "Virginia Quarterly Review".

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