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El último de la fila

La Fanny de Grau

Retrato de Fanny Buitrago

© Fotografía Daniella Benedetti

La Colina de la Deshonra, ese breve tramo de la calle 26b entre las carreras quinta y cuarta A, del barrio La Macarena en Bogotá, es famosa por haber visto desfilar a Alejandro Obregón, Hernán Díaz, Beatriz Daza, Delia Zapata y muchos otros artistas e intelectuales de los setenta, que se reunían en el apartamento del pintor Enrique Grau. La escritora Fanny Buitrago, de 21 años en ese entonces, cumplía tres de haber publicado la escandalosa novela El hostigante verano de los dioses, cuando se mudó a un apartamento tan grande como una caja de zapatos, muy cerca de Grau. A Fanny le gustaba lo que él pintaba, y a Grau lo que ella escribía. “Vente pa’ una fiesta, Molesta”, le dijo él por teléfono un martes de 1966, usando el apodo que le puso gracias a los efectos de su novela en ciertos círculos. El teléfono volvió a sonar el sábado. “Ya la fiesta no va, Molesta. Me caí y me rompí una pierna, pero sube y te cuento una idea que tengo”, le dijo. Esa idea fue tomando forma de cuadro. Según el pintor, ella escondía un tercer ojo bajo el capul, “el de ver el futuro”, y un cuarto ojo, “el de sus manos de escritora”, que él representó con la forma de una mano sosteniendo un ojo. El hombre negro desnudo que Fanny sostiene en su mano, según cuenta Buitrago, “es porque él decía que yo manejaba a los hombres con un dedo. La verdad es que lo puso para escandalizar. Yo pensé en mi papá. De todos modos no me atreví a quitarlo, ¿cómo voy a dañar un regalo de Grau?”. Un par de años después, Enrique Grau se mudaría a México y las fiestas de la Colina de la Deshonra se acabarían, pero la amistad que derivó del cuadro se mantuvo firme hasta la muerte del pintor, en 2004. En la foto, tomada el año pasado, la Fanny Buitrago de hoy posa en su apartamento del centro de Bogotá, mientras la Fanny de Grau, de veintiún años, la mira con sus cuatro ojos.

 

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