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Fotografía

Giros y andares

Rara vez una bitácora conjuga con tanta armonía composiciones geométricas; sombras, siluetas y vacíos en un juego de claroscuros; rostros humanos y atmósferas de los más diversos paisajes urbanos y rurales. Así es Giros y andares, libro que reúne el trabajo personal de Carlos Pineda, un fotógrafo colombiano que, como su admirado Cartier-Bresson, huyó del destino familiar para entregarse al azar, los caminos y la cámara. 

Barcelona/ 2000

El arte de la fotografía es una cuadratura del círculo: aplana la esfera en cuadros, filetea la realidad en instantes. En buena hora el manizalita Carlos Pineda (1958) se fugó de un banco para andareguear y encuadrar el mundo en blanco y negro; revelar un túnel subterráneo de Montreal que va a dar a una galería en Berlín, o los puentes de piedra de Pamplona que desembocan en Cusco. El anonimato y la intimidad son las esquinas del mundo que su libro Giros y andares condensa en 66 clics.

A mí no me gustaba trabajar en el banco, pero toda mi familia se había dedicado a eso. Empecé a ahorrar, me compré la cámara, un montón de libros y me puse a leer. Uno de los clientes del banco tenía una tienda de fotografía, y yo le dije que necesitaba comprar todo para montar mi cuarto oscuro. Compré papel, ampliadora, químicos y empecé a practicar. A la gente le gustaba lo que hacía, entonces me empezaron a llamar. Un día mandé todo al diablo y me dediqué de lleno a la fotografía. Eso fue hace mucho tiempo.

Hice este libro porque creo que es la mejor forma de mostrar el trabajo, de hacer un compendio y un objeto perdurable. Como es algo que uno mismo crea, da mucha libertad curatorial. En una exposición, tú muestras las fotos, unas se venden y después no sabes dónde terminan. En cambio, un libro de este tamaño se puede conservar, cargar, mirar en el bus, compartir en un café.

 Una mañana, nos sentamos a conversar con Carlos Pineda frente a las Torres del Parque, en Bogotá. En sus manos, las imágenes de Giros y andares se transformaron en una película muda narrada con lujo de detalles por su realizador. Ahí pudimos captar en toda su dimensión al viajero sin mapa, al turista sin guía, al caballero andante, dicharachero y trotamundos. 

Paris/ 2008

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