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Columna

Del azar y el destino en la batalla

Un paralelo entre el juego del nard y el ajedrez

Traducción del árabe y notas de Félix M. Pareja Casañas

La libertad de las jugadas a voluntad, contrapuesta a la suerte en manos de los dados, es la diferencia esencial que este manuscrito del siglo xiii encuentra entre el ajedrez y el juego del nard, tatarabuelo del backgammon. Además de un elogio a ambos juegos, y una mirada a sus orígenes, leyendas y símbolos, estos retazos dan cuenta de las indisolubles convergencias entre el tablero y el campo de batalla, cargadas con un fuerte tinte religioso.


 

Parangón entre el ajedrez y el nard


Dice Abu Zayd al-Baljl¹, que siempre hubo entre los sabios quienes trabajaron por hacer patentes las huellas de su esfuerzo en cuantos conocimientos alcanzaban, procurando traducir las materias más abstrusas y de difícil comprensión en imágenes y comparaciones que, cayendo bajo el testimonio de los sentidos, facilitaban la inteligencia de aquellos; porque cierto es que la mejor indicación y el argumento más convincente son los que entran por los ojos.

Y había muchos que usaban de artificio en sus invenciones, de modo que las apariencias externas deleitaran los sentidos del vulgo y su contenido interno fuera agradable ejercicio para la mente y el sentido de los privilegiados, a fin de que la acción de la masa ignorante fuese ocasión de que se extendiera su conocimiento y se generalizara entre todos.

Pero ni en los tiempos antiguos ni en los modernos se ha hallado nada comparable al ajedrez y al nard (tablas reales) en nobleza de origen y en invención de juego. La sola diferencia que hay entre los dos estriba en que no es lícito jugar al uno, y al otro sí. Por eso se han divulgado en todas las naciones; y reivindica para los dos el inventor una gloria superior a la del poder de Persia y de Bizancio.

En cuanto a su sentido íntimo, quiso el inventor, con los dos juegos, reproducir al vivo la controversia más empeñada que ha dividido a la humanidad: entre las opuestas doctrinas del albedrío libre y del destino ciego (al-yabr²); entre el hallarse la voluntad con facultad de elegir libremente o el verse fatalmente sujeta y obligada a obrar sin elección.

Sostiene una de esas escuelas que los movimientos de los hombres y sus actos y consecuencias felices y desgraciadas fluyen por modo necesario, y que su causa es algo exterior a ellos y a sus facultades, pues no es otra que aquel que otorga y prohíbe. Luego se dividió esta escuela, y los de tendencias religiosas, entre sus secuaces, creyeron que esta causa externa es el decreto divino con respecto a las criaturas, el cual no cabe contrariar; mientras que los de tendencias naturalistas aseguraron que esa causa externa había que buscarla en los movimientos favorables o adversos de las esferas celestes.

Defi...

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