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Coda

Fotos, pinceles y pixeles

En el siguiente ensayo, con malicia, con anécdotas y como quien no quiere la cosa, el autor hace una muy personal historia de la fotografía.

Tengo una bella foto en la que mi hoy presunta madre mira a su derecha y un poco hacia arriba, con una sonrisa monalisesca. Está cercana a una mesita de centro, con patas de corte tipo art nouveau. Sobre la mesa descansan un libro —que bien puede ser un álbum de fotografías—, un florero alto y blanco, ti­po ánfora, con flores igualmente blancas que parecen rosas y azucenas, más unas hojas y flores caídas del florero o tal vez puestas allí artísticamente por el fotógrafo.

Mi madre luce un elegante traje largo, que por la rendición sepia de la foto se diría era muy oscuro, casi negro (demasiado austero para su edad), pero que en la memoria familiar resulta ser de raso y color verde oscuro. Su mano derecha parece tocar las flores que no está mirando, y el brazo izquierdo está doblado hacia la espalda, como quien no sabe qué hacer con él. La foto —de muy buena calidad para haber sido hecha en Anorí, mi pueblo— está tomada en estudio y como fondo hay una tela ligeramente arrugada. La cara de mi madre es la misma, bella y serena de felicidad, como es fácil serlo a su corta edad: se dice que apenas tenía 18 años.
 
Pero (nunca faltan los peros), me puse en estos días a limpiar la foto y descubrí en la parte posterior una dedicatoria que nunca había notado: “Querido mano, recibe este recuerdo que te envía tu mamá, Herminia”. Sí, Herminia se llamaba mi madre, aunque todos le decíamos Miña. La nota está fechada en Guatemala en octubre 1º de 1911. Lo que no puede ser: mi madre siempre decía: “Yo nací con el siglo” y, por lo tanto, a los 11 años no podía tener el porte de la mujer hecha y derecha que aparece en la foto y mucho menos ser ya la madre de un hijo. Eso hubiera sido tan escandaloso que nunca nadie se hubiera atrevido a ponerlo por escrito.
 
El trato de mano (apócope de hermano en México) bien podría ser guatemalteco, pero los únicos miembros de la familia que han estado en Guatemala son la tía Pifas (a principios del siglo pasado), que nos había enviado un retrato, iluminado a mano, en el que mostraba su patriotismo envuelta en la bandera colombiana y llevando en la cabeza un gorro frigio, que tenía como adorno frontal el escudo de Colombia. El otro Angulo que estuvo en Guatemala fui yo, per...

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Guillermo Angulo

Fue director del periódico 'Ciudad Viva' y actualmente regenta la Orquidiócesis de Tegualda.

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