Google+ El Malpensante

Ficción

La oración fúnebre

 Un cuento

Ilustración de José Rosero

 

Al clan de la Piara

Soy un payaso y colecciono instantes

Heinrich Böll, Opiniones de un payaso



Mi alergia a cualquier tipo de actos públicos hubiera sido excusa suficiente para no acudir a su entierro. Pero no se trataba de un entierro cualquiera, era el suyo. El entierro de Hans Schnier.

Llegué a Alemania en el otoño de 1962 y encontré trabajo y hospedaje en Bad Kripp, una aldea a orillas del Rin, al sur del doble muñón del puente de Remagen, tal como se lo ve en la película de Bernhard Wicki. Los fines de semana me iba a Bonn o a Colonia, más a Bonn que a Colonia, porque en el Café Kaiser de la capital federal de entonces había descubierto una tertulia de españoles, latinoamericanos y portugueses con los que congenié en seguida. Ellos, por su parte, me aceptaron e integraron desde el vamos.

Al acercarse el carnaval del año siguiente, me enteré de que ésa era una celebración casi litúrgica en el territorio bañado por el río padre, sobre todo en su curso inferior, de Maguncia a la frontera neerlandesa. Y el Jueves de Comadres de 1963, por primera y única vez en mi vida, me disfracé. En realidad sufrí una especie de contagio con la fiebre carnestoléndica de mis amigos del Café Kaiser, que ya llevaban años viviendo en Renania y habían asimilado muchas de las costumbres indígenas, tanto que todos los años para el carnaval celebraban juntos formando un grupo homogéneo de disfraces, algo así como una escola de samba ibérica delante de un ciclorama renano. Ese año decidieron mimetizarse en toreros, y a sus amigas, novias o mujeres (yo era todavía el único “soltero” de la tertulia) en andaluzas tipo Carmen.

–Espero que no se enteren en Huelva –comenté al aceptar disfrazarme yo también– porque si se enteran, se va a la mierda lo poco de buen nombre que me queda.

–Siempre tan mal hablado; qué boquisuci...

Página 1 de 5

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Ricardo Bada

Escribe para el diario El Espectador

Junio de 2008
Edición No.87

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Tres piedritas hepáticas


Por Hernán Bravo Varela


Publicado en la edición

No. 193



De manufactura muy diversa, pero igual de encantadora, este trío de ensayos aborda la música, el cine y el sentido del gusto (incluyendo el gusto por el arte) con un ingenio prodigioso. [...]

Fentanyl


Por Samuel Andrés Arias


Publicado en la edición

No. 77



¿Y al doctor quién lo ronda? Pues lo ronda, entre otras cosas, una peligrosa tentación en la que muchos caen. Ésta es la impresionante crónica de un anestesista que [...]

Cómo escribir y cómo no escribir poesía


Por Wislawa Szymborska


Publicado en la edición

No. 120



Durante tres décadas, Wislawa Szymborska escribió una columna en el periodico polaco Vida Literaria. En ella respondía las preguntas de personas interesadas en escr [...]

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores