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Retratos de la independencia

una reinterpretación malpensante



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¿QUÉ ES?

Que es el Bicentenario Pop

Bicentenario pop es una exposición itinerante conformada por veinte retratos de los protagonistas de la Independencia, elaborados por reconocidos ilustradores, con sus particulares y diversos estilos. ¿Quién no ha visto esos retratos en los que un prócer muy adusto luce sus brillantes insignias mientras mira confiado hacia el futuro? Así conocimos y desde entonces así hemos visto casi siempre a Bolívar, Nariño, Santander, la Pola, Miranda, Manuelita Sáenz, San Martín, el cura Hidalgo, y muchos otros protagonistas de la Independencia.

La exposición, organizada por la Alcaldía de Bogotá, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y Casa Malpensante, busca remozar esa iconografía “clásica” fijada en el siglo XIX y conseguir que el público pueda ver a las figuras de nuestra historia con un ojo fresco y renovado.

Veinte ilustradores, algunos de ellos colaboradores habituales de El Malpensante, han sido los encargados de volver a retratar a las figuras patrias, esta vez desde una mirada contemporánea y a través de un filtro pop.

Las obras serán exhibidas en gigantografías y módulos durante la Feria Internacional del Libro y en cuatro localidades de la capital, entre los meses de agosto y noviembre del 2010.

¿CUÁNDO - DÓNDE?

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Barrio La Candelaria, Bogotá

La Candelaria

Lunes 20 de septiembre - lunes 11 de octubre de 2010

Localidad que comprende el centro histórico de la ciudad. Bicentenario Pop estará en tres puntos de interés histórico y cultural de esta localidad: gigantografías en la Plaza de Bolívar y en un montaje de bastidores en el Centro Cultural Gabriel García Márquez y la Universidad de la Salle.

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Localidad de Suba, Bogotá

Suba

Miércoles 13 de octubre – lunes 25 de octubre de 2010

Localidad al noroccidente de la ciudad. Las gigantografías de Bicentenario Pop estarán en la Plaza Fundacional de Suba.

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Barrio San Cristóbal, Bogotá

San Cristóbal

Miércoles 27 de octubre - Martes 9 de noviembre de 2010

Localidad al suroriente de Bogotá. La exposición tendrá lugar en el Parque Metropolitano de San Cristobal y en el Centro de Desarrollo Comunitario de la Victoria. Las gigantografías serán expuestas en la Plaza Fundacional de San Cristóbal.

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Ciudad Kennedy, Bogotá

Kennedy

Jueves 11 de noviembre - Martes 30 de noviembre de 2010

En esta localidad del suroccidente de la ciudad, Bicentenario Pop estará presente en el formato de gigantografías en la Plaza de Banderas, y la exposición en bastidores podrá verse en el Hospital de Kennedy.

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PRÓCERES ILUSTRADOS

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Antonio José de Sucre
Venezuela (1795-1830)
Ilustrado por Ángel Boligán
Antonio Nariño
Colombia (1765-1823)
Ilustrado por Leo Espinosa
Bernardo O’Higgins Riquelme
Chile (1778-1842)
Ilustrado por El Niño Rodríguez
Fernando VII
España (1787-1834)
Ilustrado por Fernando Vicente
Francisco de Paula Santander
Colombia (1792-1840)
Ilustrado por Martín Kovensky
George Washington
Estados Unidos (1732-1799)
Ilustrado por Karen Caldicott
José Celestino Mutis
Colombia (1732-1808)
Ilustrado por Anita Dominoni
José Condocarqui (Tupac Amaru II)
Perú (1738-1781)
Ilustrado por David Pintor
José Francisco de San Martín
Argentina (1178 - 1850)
Ilustrado por Fernando Glionna
José Gervasio Artigas
Uruguay (1764-1850)
Ilustrado por Hermenegildo Sábat
José María Morelos
México (1765-1815)
Ilustrado por Ulises Culebro
José Martí
Cuba (1853-1895)
Ilustrado por Javier Olivares
Manuelita Sáenz
Ecuador (1797-1856)
Ilustrado por María Paula Dufour
Miguel Hidalgo
México (1753-1811)
Ilustrado por Dr. Alderete
Pablo Morillo
España (1775-1833)
Ilustrado por Adrià Fruitós
Pedro I de Brasil
Brasil (1798-1834)
Ilustrado por Fabricio Vanden Broeck
Policarpa Salavarrieta
Colombia (1795-1817)
Ilustrado por Diego Patiño
Sebastián Francisco de Miranda
Venezuela (1750-1816)
Ilustrado por Martín Satí
Simón Bolívar
Venezuela (1783-1830)
Ilustrado por Pablo Bernasconi
Toussaint L’Ouverture
Haití (1743-1803)
Ilustrado por Arnal Ballester
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(1778-1850)José Francisco de San Martín

José Francisco de San Martín
José Francisco de San Martín por Fernando Glionna

Ilustrado por: Fernando Glionna

Argentina, 1964

Dibujante, pintor e ilustrador. Comenzó su carrera en 1984 trabajando en diversas agencias de publicidad como diseñador e ilustrador. Ha colaborado con publicaciones como Le monde diplomatique, Lamujerdemivida, Clarín, Página/12 y El Malpensante, entre otras. Ha realizado muestras de su obra en diversas exposiciones individuales y colectivas. Vive y trabaja en Buenos Aires.

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Considerado Padre de la Patria en Argentina, libertador en Perú y prócer insigne en Chile. Después de crear el Regimiento de Granaderos a Caballo y reforzar el Ejército del Norte, creó el Ejército de los Andes con la aspiración de alcanzar la libertad definitiva de América.

Después de liberar Argentina, arrastrar 4.000 hombres por las laderas del Aconcagua para cruzar los Andes, apoyar al ejército de O’Higgins en la lucha por la independencia chilena en Chacabuco y Maipú, y vencer en el norte del Perú a lo largo de la costa del Pacífico, el Ejército de los Andes, liderado por José de San Martín, se encontró de frente, en Ecuador, con las huestes de Simón Bolívar.

Allí, cerca al pequeño puerto de Guayaquil, los dos libertadores se enfrentaron. Liberadas las naciones del sur del continente, diezmadas las fuerzas españolas y sintiendo que su tarea había sido cumplida, San Martín se retiró y dio paso al ejército bolivariano.

En palabras del historiador inglés, Phillip Guedalla, “esta retirada fue la mayor victoria que cualquier hombre pueda ganar, una victoria sobre sí mismo”.

El continente había sido liberado y alguien tendría que gobernarlo. Tras haber vivido todas las batallas en el frente, San Martín dio la espalda a la política.

Antes que desafiar a Bolívar respecto a sus ideas sobre cómo gobernar la América que él había ayudado a emancipar, prefirió refugiarse en Argentina y luego asumir un exilio voluntario de 20 años en Europa, lejos de los campos de batalla y de la efervescencia política del continente liberado.

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(1798-1834)Pedro I de Brasil

Pedro I de Brasil
Pedro I de Brasil por Fabricio Vanden Broeck

Ilustrado por: Fabricio Vanden Broeck

México, 1955

Diseñador gráfico e ilustrador. Es editor de ilustración de la revista mexicana Letras Libres. Su trabajo ha sido publicado en impresos como The New York Times, Reforma y El Malpensante. En 2000 fue seleccionado para formar parte de la lista de honor de ilustradores de IBBY, con el libro El morralito de ocelote.

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Fundador y primer emperador de Brasil. Gracias a su decisión de permanecer en Rio de Janeiro cuando la corte había retornado a Lisboa, el nacimiento del imperio brasilero fue, en lugar de un proceso sangriento, una separación política presidida por su grito “Independencia o muerte”.

Era 1826, Don Pedro I tenía 28 años, edad en la que difícilmente las preocupaciones suplantan los sentimientos, principalmente, en lo amoroso. Domitila era la amante oficial. Tan emperatriz como su esposa Leopoldina. Ambas en sus palacios, provocativamente próximos. Una con cuatro hijos y la otra con dos. Rodeadas ambas de su corte intrigante y trivial.

Pedro huía de la opresión de esas dos cortes para enamorar modistas. En primer lugar le interesaba la “sentimental señora Bonpland”, que había llegado a Río en busca del marido, el naturalista Aimé, extraviado en Paraguay en procura de plantas raras. De Mme. Saturville y Carmen García, dos mariposas que chamuscaron sus alas, quedan discretos testimonios.

Entre todas las de 1826, una aventura le costó una pequeña fortuna: conoció en mala hora a la bella Mme. Saisset, la más inteligente y bonita de las modistas francesas de la calle Ouvidor. Se llamaba Clemencia, tenía 24 y era esposa del antiguo oficial de caballería Pedro José Félix de Saisset, burgués que perdiera las rudas costumbres del cuartel tras el mostrador de su negocio de papeles pintados.

Cierto día el antiguo oficial golpeó la puerta del cuarto donde se refugiaban su esposa y Don Pedro. Abierta ésta por la mano firme de Clemencia, el negociante se paró lleno de respeto: su majestad estaba recostado en una silla, sin una de las botas y con la pierna envuelta en trapos; el señor Saisset se enteró, lleno de emoción, que a consecuencia de una caída del caballo el Emperador se había recogido allí y fue generosamente vendado por su gentil esposa. Pedro le dio la mano a besar y recompensó abundantemente al matrimonio, nombrando a Saisset comprador de la Casa Imperial.

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(1778-1842)Bernardo O’Higgins Riquelme

Bernardo O’Higgins Riquelme
Bernardo O’Higgins Riquelme por El Niño Rodríguez

Ilustrado por: El Niño Rodríguez

Argentina

Comenzó dibujando historietas para la revista Risario, a los quince años. Ha trabajado como ilustrador para publicaciones como Clarín, Viva, Olé y Rolling Stone, entre otras. Hace dos años publica la tira Lucha Peluche en el diario Crítica y hace poco Ediciones de la Flor publicó un libro en el que recopila ese trabajo.

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Es considerado el Padre de la Patria en Chile y fue una de las figuras militares fundamentales de la independencia de su país y de Latinoamérica. Fue el primer jefe de Estado de la República de Chile bajo el título de Director supremo. En 1823 se exilia en Perú.

Habían pasado casi 25 años desde el glorioso 17 de octubre de 1813, cuando el general en jefe Bernardo O’Higgins, herido de un balazo en el valle de Roble, había gritado a sus tropas: “¡Vivir con honor o morir con gloria!”. Eran también lejanos los días en que O’Higgins había firmado el Acta de Independencia de Chile y se había convertido en el primer Director Supremo de la Nación. Vivía su retiro en Perú, desde donde mediaba en el conflicto entre las naciones hermanas, aconsejando ocasionalmente al general Manuel Bulnes. Era 1838, ya tenía 60 años.

Cuenta don Benjamín vicuña Mackenna que cuando Bulnes acampó en las inmediaciones de Lima, en la pampa de Amancaes, invitó a don Bernardo a las instalaciones provisionales. Los soldados lo recibieron a los acordes de la banda militar y formando la parada de honor que correspondía a su rango de gran mariscal del Perú.

El 18 de septiembre de 1838 el general O’Higgins participó en la celebración patria y cuando estaba con sus paisanos se cortó un dedo accidentalmente. Entonces “mezclando su sangre al vino, todos los recurrentes libaron sus copas al Padre de la Patria y al más grande de los soldados de Chile. El anciano general, en medio de una conmoción indecible, interrumpido por sus sollozos, se limitó a decir que así como esas pocas gotas vertidas por acaso, habría querido derramar la escasa sangre que aún le quedaba por la gloria de su amada patria”.”

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(1792-1840)Francisco de Paula Santander

Francisco de Paula Santander
Francisco de Paula Santander por Martín Kovensky

Ilustrado por: Martín Kovensky

Argentina, 1958

Artista visual y docente. Su obra tiene al dibujo por olumna vertebral, pero de la mano de la línea recorrió los territorios de la pintura, la gráfica, la fotografía, la ilustración y el ensamblaje de objetos. Actualmente vive y trabaja en el pueblo de La Cumbre, Argentina.

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Prócer de la Independencia de Colombia. Conocido como “El Hombre de las Leyes” y el “Organizador de la Victoria”. Fue vicepresidente de la Gran Colombia y presidente de Nueva Granada. Su rivalidad con Bolívar resultó en su destierro.

Desde los tiempos del colegio San Bartolomé y en el cuartel, durante el servicio militar, Santander se había aficionado a los juegos de cartas, en los que era reconocido su talento. En más de una ocasión, después de haber vaciado completamente a sus compañeros de mesa, tuvo que prestarle a alguno unas pocas monedas que pronto volverían, multiplicadas, a sus bolsillos.

No tuvo la misma suerte al enfrentar a Bolívar. Ya maduradas las desavenencias entre los dos generales, era frecuente que se encontraran para apostar al tresillo, un extinto juego de naipes que para entonces era considerado el “juego del hombre, de los caballeros o de los reyes”.

Usualmente Santander jugaba de local en Hato Grande, la hacienda que Bolívar le había entregado como reconocimiento a su papel en la lucha por la Independencia.

Es famosa la partida en que Bolívar venció a Santander y, cuando éste le iba a pagar con unas cuantas monedas, El Libertador le dijo: “Por lo menos me devolvió algo del empréstito”. Se refería a un crédito que Inglaterra había otorgado a Colombia y sobre cuyos manejos se había generado amplia controversia.

Era una broma tensa que reflejaba la incomodidad de Bolívar ante la gestión de Santander como presidente durante su ausencia. Pero más que eso, era una especie de anuncio de que el final de la partida entre los dos generales se jugaría en otro terreno, el del exilio, con otras reglas y, sin duda, con otras cartas, fechadas y firmadas con sus apellidos.

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(1765-1823)Antonio Nariño

Antonio Nariño
Antonio Nariño por Leo Espinosa

Ilustrado por: Leo Espinosa

Colombia

Ha trabajado para publicaciones como The New York Times y Esquire, entre otras. Fue creador de la serie animada Sushi Pack y del libro infantil Otis and Rae and The Grumbling Splunk. En 2008 hizo las ilustraciones para el disco infantil Pombo Musical. Ha recibido dos Medallas de Plata consecutivas departe de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York.

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Periodista, político y militar neogranadino. Se le considera precursor de la emancipación de las colonias neogranadinas del Imperio español. Uno de sus aportes más importantes a la Independencia de América Latina fue la traducción y publicación de la Declaración de los Derechos Humanos.

Los hermanos de Nariño habían estudiado en el Colegio de San Bartolomé, también la mayoría de asiduos a la tertulia que organizó a los 34 años, en 1789, habían acudido a los claustros bartolinos. Quizá Nariño guardaba una especie de nostalgia por no haber sido, por así decirlo, un bartolino integral, pues no alcanzó a terminar sus estudios.

Esta aparente desventaja no fue un obstáculo para que Nariño se formara sólidamente como autodidacta y acumulara una rica biblioteca que envidiaría cualquiera de los simpatizantes ilustrados criollos. Sin embargo, conservaba esa deuda escolar, digamos, consigo mismo y no pensaba dejar las cosas de ese tamaño: cuando se enteró de la existencia del Método de carácter ilustrado que el fiscal Moreno y Escandón había redactado para los colegios mayores de San Bartolomé y el Rosario, resolvió seguirlo con rigurosa disciplina para llenar los escasos vacíos de su formación autodidacta; no solo consiguió como bien pudo cada texto citado en el método, sino que sumó a estos los que necesitaba para aprender francés, italiano e inglés.

Fue a través de una biblioteca bien nutrida, de frecuentar el mundo de los libros en la soledad de su estudio, como Nariño pudo convertirse en una persona comprometida con el destino de la humanidad. No le bastó con ser rico, con haberse casado felizmente, con haber sido premiado con unos cuantos cargos. Acometió la empresa de compartir los ideales ilustrados, tradujo la Declaración de los Derechos del Hombre, fundó tertulias para discutir las ideas liberales, y con este compromiso llenó su vida de sacrificios, fue perseguido y cuatro veces prisionero. Sería esta dimensión, altruista, la que le daría un lugar en la historia.

Basado en un texto de José Tomás Uribe Ángel

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(1795-1817)Policarpa Salavarrieta

Policarpa Salavarrieta
Policarpa Salavarrieta por

Ilustrado por: Diego Patiño

Colombia, 1980

Ha colaborado con revistas como El Malpensante, SoHo, Fucsia y Star, entre otras. Su trabajo fue premiado en 2009 en la edición especial de la revista Applied Arts por el artículo “Del papel a la pantalla” de Jorge Orlando Melo, publicado en la edición 90 de El Malpensante.

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Heroína de la independencia de Colombia, también conocida como La Pola, actuó como espía de las fuerzas revolucionarias y murió fusilada en Bogotá durante la Reconquista Española.

Tenía solo 22, 23, quizá 24 años; su edad, como casi todo lo que sabemos sobre ella, está rodeado de imprecisión y misterio. Polonia, Policarpa, Apolonia... parece que todavía, doscientos años más tarde, debiera proteger su identidad ante el virrey Sámano.

Había sido acusada de dirigir hasta el llano la fuga de siete insurgentes, entre ellos cuatro desertores del ejército. La habían descubierto por un manojo de cartas, algunas de amor.

Se durmió repitiendo: “no daré ningún nombre, no daré ningún nombre”. Y eso hizo al día siguiente frente al virrey:

–¿Quiénes son tus cómplices y a quiénes tratas de salvar?
–Mis cómplices son el género humano, señor, y el género humano no tiene nombres propios.

La hora y fecha determinadas para el fusilamiento fueron las nueve de la mañana del 14 de noviembre de 1817. Se le ordenó que montase sobre la tableta del banquillo porque sería fusilada por la espalda, como traidora.

Alejo Sabaraín, su amante y cómplice, estaba a su lado, cruzaron una mirada larga que ella sostuvo junto a sus últimas palabras: “Muero por defender los derechos de mi patria, ¡Dios eterno, ved esta injusticia!”.

Su voz fue cortada por el retumbar de tambores y el grito ¡FUEGO!

Seis disparos sacudieron la Plaza Mayor. Polonia, Policarpa, Apolonia... La Pola había muerto.

Basado en un texto de Enriqueta de Umaña

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(1732-1808)José Celestino Mutis

José Celestino Mutis
José Celestino Mutis

Ilustrado por: Anita Dominoni

Brasil, 1974

Escenógrafa e ilustradora. Ha publicado su trabajo en las revistas brasileñas Muito y Vidas simples, y en el diario A Tarde. Este año recibió el premio Mejor dirección de arte en el 38 Festival de Gramado 2010, en la categoría de largometraje, por su trabajo en El último romance de Balzac.

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Nació en España, pero se convirtió en granadino por adopción. Fue sacerdote, botánico, matemático y docente de la Universidad del Rosario en Bogotá, universidad donde actualmente reposan sus restos. Dirigió la Expedición Botánica.

Nombrado virrey del Nuevo Reyno de Granada, don Pedro Messía empezó a buscar un médico a quien confiar su salud. La elección recayó sobre el joven Mutis, quien debió balancearse entre la oportunidad de completar su carrera en Londres y la posibilidad de viajar a América. “La soberbia vegetación, la obscuridad e ignorancia de las ricas producciones del Nuevo Continente, el silencio y la paz de los bosques de América tuvieron más atractivo sobre su corazón que la grandeza y la pompa de las cortes de Europa”.

Tanta emoción contendría el viaje, como frustraciones la estadía. La situación del virreinato era precaria y las múltiples tareas que le fueron encomendadas complicaron su trabajo científico. Tampoco las gentes granadinas resultaban un aliciente.

Sin embargo, en contraste con la desazón que le producía la chabacanería, ignorancia y superstición de las cortes santafereñas, los matices de sabiduría popular que percibía en los campesinos le ayudaron a conservar la esperanza en las posibilidades de redención para el talento americano: “Valdría más bien morar entre la gente inculta de algunos infelices pueblos y estancias, que en las ciudades, donde hay apenas algunos que se hallen instruidos”.

Al pueblo y a la exuberancia de las selvas dedicó su vida como sacerdote, profesor y científico. Una especie de arraigo resignado hizo del naturalista viajero, hijo adoptivo del Nuevo Reyno. Allí moriría a los 76 años, el 11 de septiembre de 1808, la misma fecha en que Fernando VII era coronado rey de España: el final de los días de Mutis corría paralelo con el ocaso del imperio español.

Basado en textos de José Antonio Amaya

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(1853-1895)José Martí

José Martí
José Martí por Javier Olivares

Ilustrado por: Javier Olivares

España, 1964

Ilustrador y autor de cómics. Ha colaborado con publicaciones como El País, Rolling Stone y El Mundo. Es co-fundador de la editorial Malasombra y bajo ese sello produjo el libro Mamá mira lo que hecho y la colección Terra Incógnita. En 2000 recibió el premio a Mejor libro valenciano por Los niños tontos.

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También conocido por los cubanos como El Apóstol, fue un político, periodista, filósofo, y poeta cubano. Creador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la Guerra de 1895. El 8 de diciembre de 1894 redactó y firmó el plan de alzamiento en Cuba.

El 10 de octubre de 1868, los rebeldes se levantaron contra el gobierno colonial en Yara. Estallaba el grito de rebeldía. Martí, de 15 años, único varón con siete hermanas, vivió con ardor esos momentos e inició su carrera de escritor independentista con el soneto 10 de octubre: No es un sueño, es verdad: grito de guerra/ lanza el cubano pueblo, enfurecido;/ el pueblo que tres siglos ha sufrido/ Cuanto de negro la opresión encierra.

Con palabras como éstas, promovió la independencia en discursos que hacían llorar a los trabajadores de las tabacaleras; ellos poco entendían de ideas filosóficas, pero la fuerza de su verbo los convencía. También con la fuerza de las palabras, fundando periódicos y revistas, impulsó la independencia desde el exilio. Pasaron once años antes de que volviera a besar la arena de la playa cubana.

El 5 de mayo de 1895, en la Mejorana, Martí fue nombrado jefe supremo de la revolución y se le ordenó regresar a Estados Unidos para reunir fondos. Con determinación les dijo que por nada del mundo se iría sin haber entrado en combate.

La mañana del 19, las fuerzas rebeldes se reunieron. La tropa enardecida aclamó a Martí presidente de la república: “Quiero que conste que por la causa de Cuba me hago clavar en la cruz”, respondió.

Máximo Gómez, general en jefe, le ordenó quedarse atrás, pero Martí desobedeció y avanzó junto al casi adolescente Ángel de la Guardia. Al atravesar la humareda, los recibió una descarga cerrada. Martí cayó ensangrentado. Ángel trató de cargarlo, pero no pudo. El héroe de la independencia sabía que su contribución a la victoria era su sacrificio.

Basado en un texto de Consuelo Triviño

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(1797-1856)Manuelita Sáenz

Manuelita Sáenz
Manuelita Sáenz por María Paula Dufour

Ilustrado por: María Paula Dufour

Argentina, 1978

Diseñadora gráfica e ilustradora. Trabaja para editoriales como Guadal y Sudamericana, entre otras. Ha ilustrado dieciséis libros para niños y es autora (texto e ilustraciones) de tres libros publicados en México: Corazón tic-tac, Mirko, a mar abierto y El placard de Violeta. Fue seleccionada en Grammatica delle figure-Bologna: 30º aniversario de la muerte de Gianni Rodari.

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Una importante revolucionaria de la Independencia. Combatió en Pichincha y Ayacucho y llegó a recibir el rango de coronela. Amante de Bolívar, fue conocida como “Libertadora del Libertador”.

Mi querido Simón,

Mi amado: las condiciones adversas que se presentan en el camino de la campaña que usted piensa realizar, no intimidan mi condición de mujer. Por el contrario, yo las reto. ¡Qué piensa usted de mí! Usted siempre me ha dicho que tengo más pantalones que cualquiera de sus oficiales ¿o no? De corazón le digo: no tendrá usted más fiel compañera que yo y no saldrá de mis labios queja alguna que le haga arrepentirse de la decisión de aceptarme.

¿Me lleva usted? Pues allá voy. Que no es condición temeraria ésta, sino de valor y de amor a la independencia (no se sienta usted celoso).

Suya siempre, Manuela

“Suya siempre”. Desde el 16 de junio de 1822, cuando lo vio por primera vez y le arrojó una corona de laureles al momento de su entrada triunfal en Quito. Suya en las noches siguientes, mientras se amaban a escondidas, custodiados por el mayordomo de él, José Palacios, y las fieles esclavas de ella, Jonatás y Nathán. Suya a pesar de estar casada con otro hombre, el inglés James Thorne, y con la Independencia. Suya en esta carta, enviada desde Huamachuco el 16 de junio de 1824, y en todas las muchas cartas –locas, patrióticas, apasionadas–, que se cruzaron de una ciudad a otra de la nueva América. Suya aquella noche del jueves 25 de septiembre de 1828, cuando le salvó la vida abriéndole la ventana de su alcoba para que huyera de los conspiradores y él la nombró a cambio “Libertadora del Libertador”. Suya hasta la muerte de él, lejos de ella, tubercoloso, en Santa Marta, y hasta su propia muerte, viuda y sola en Paita, 26 años más tarde. Suya siempre.

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(1787-1834)Fernando VII

Fernando VII
Fernando VII por Fernando Vicente

Ilustrado por: Fernando Vicente

España 1963

Pintor e ilustrador. Colabora habitualmente en el diario El País y revistas como Gentleman, Letras Libres, Cosmopolitan, DT y El Malpensante. Ha hecho las portadas de los libros El rombo, La Vida Invisible y Juez y parte, entre otras. Recibió el premio Laus de Oro y varios premios Best of Newspaper Design

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Fue soberano de España durante 1808 y, tras la expulsión del rey intruso José Bonaparte, reinó nuevamente desde 1813 hasta su muerte, exceptuando un breve intervalo en 1823, en que fue destituido por el Consejo de Regencia. Bajo su reinado cayó el imperio español en América.

Todo estaba preparado. Sus padres, que por largas temporadas parecían olvidar que por ley natural iba a ser rey, se acordaron de Fernando cuando cumplió 18 y decidieron casarlo con María Antonia de Nápoles, hija de la Reina Carolina.

Así recuerda ella aquel primer encuentro de 1802:“Bajé de la carroza y veo al Príncipe. Creí que me desmayaba; su retrato en que ya resultaba más feo que guapo, era un Adonis a su lado”.

No sería tan fuerte la impresión de la hija como la decepción de la madre: “Mi hija es completamente desgraciada. Un marido tonto, ocioso, mentiroso, envilecido, solapado y ni siquiera hombre físicamente”. Además de feo, tímido, inculto y contrahecho para la grandeza, Fernando tenía problemas hormonales. Solo cinco meses después de haberse casado, le afeitarían su primera barba –magno acontecimiento que mereció un regalo al barbero.

Al menos estaba vivo. Ocho de sus trece hermanos no habían sobrevivido al cambio de siglo.

La historia no solo ha juzgado con dureza las flaquezas físicas del rey, sino también sus excesos absolutistas, la censura a la prensa, la persecución a los liberales, las derrotas bélicas, la Independencia definitiva de América Latina: bajo su reinado acabaría por consumarse el final del imperio español.

Sin embargo, han sido quizá tantos sus apologetas como sus detractores. No es gratuito el título de la biografía escrita por Fernando Díaz-Plaja: El más querido y el más odiado de los reyes españoles, ni los apodos enfrentados con los que entraría a la historia: “El Deseado” y el “Rey Felón”.

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(1775-1833)Pablo Morillo

Pablo Morillo
Pablo Morillo por Adrià Fruitós

Ilustrado por: Adrià Fruitós

España 1984

Ilustrador. Su trabajo ha sido publicado en revistas a nivel mundial, entre ellas El Malpensante, Göooo y Honeycomb. Ha ilustrado libros como El gran libro de los cuentos con valores y El gran libro de leyendas medievales. El año pasado quedó finalista en la categoría de ilustración en los Premios Visual con el libro Mago Goma.

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Militar y marino español. Participó en las batallas del Cabo San Vicente y Trafalgar. Obtuvo su mayor reconocimiento histórico como jefe de la Expedición Pacificadora de Venezuela y la Nueva Granada, campaña que le mereció el rótulo de Pacificador.

A finales de 1814, Pablo Morillo fue designado por Fernando vii como jefe de la Expedición pacificadora, destinada a sofocar el movimiento criollo en Venezuela y Nueva Granada. La crueldad de la campaña le mereció el nombre de Régimen del Terror.

La versión de El Pacificador respecto a la mala fama de sus tropas era bastante distinta. Así consta en esta carta de 1816, dirigida por Morillo “A los que siguen las banderas de los rebeldes”:

“Se os ha engañado con la perfidia más insigne, se os ha hecho creer que las tropas bajo mis órdenes no daban cuartel y cometían excesos. No prestéis oídos a los malquerientes. No creáis que comando una horda de asesinos. Los soldados españoles son ejemplo de disciplina. Los jefes jamás se separan de las órdenes que les doy. Y nadie ha recibido misión más halagadora que yo, porque estoy encargado de devolver la paz y la tranquilidad de que gozastéis por largo tiempo. Sois españoles y súbditos de Fernando. La misma sangre corre por nuestras venas. Deponed entonces las armas. Conducíos como el Rey lo ordena y la Armada os protegerá y os respetará como a hermanos. Pero si despreciáis la voz del mejor y del más clemente de los monarcas, no me atribuyáis las desgracias que habéis provocado.”

Entre las “desgracias” provocadas por el pueblo, se cuentan la desaparición de un tercio de la población durante el Asedio de Cartagena, la ejecución de Camilo Torres, Jorge Tadeo Lozano y el Sabio Caldas, este último bajo la consigna: “España no necesita de sabios”.

Los triunfos militares de Morillo fueron eclipsados por la crueldad de sus métodos y generaron un profundo rechazo del pueblo granadino hacia la monarquía española.

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(1732-1799)George Washington

George Washington
George Washington por Karen Caldicott

Ilustrado por: Karen Caldicott

Inglaterra, 1960

Artista plástica radicada en Nueva York. Ha trabajado con publicaciones como Time Magazine, The New Yorker, Rolling Stone y Harper’s Bazaar, entre otras. Su trabajo ha sido destacado en antologías de ilustración y diseño como Rolling Stone: The illustrated portraits, New British Design, y American Illustration. Entre sus clientes se encuentran MTV, Sony Music y ABC News.

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Primer presidente de Estados Unidos y comandante en jefe del Ejército Continental de las fuerzas revolucionarias en la guerra de Independencia de ese país. En 1787, presidió la Convención de Filadelfia que esbozó la Constitución de Estados Unidos de América.

Como comandante en jefe, Washington no solo debió enfrentar a las mucho más sólidas fuerzas del general inglés William Howe, a las divisiones internas de sus tropas –no era fácil para un sureño liderar un ejército del norte–, al más violento invierno y el más desolador otoño. No solo eso. En más de una batalla, el peor enemigo del ejército de Washington fue la cobardía de sus propios soldados.

Traten de imaginarlo ahí, en Kip’s Bay, con su pelo de señor de Quaker, blandiendo vigorosamente la espada, pero en contra de su propio ejército: dos brigadas que huyen despavoridas ante solo 50 hombres, regimientos enteros que tiran sus armas a orillas del Hudson. Traten de verlo desesperado, desconsolado y temblando de frío entre el invierno y la lluvia de balas enemigas, buscando una muerte heroica que el azar le niega. Traten de escuchar su voz después de la derrota en Long Island:

“No es posible confiar en estas tropas, sería como apoyarse en un bastón roto. Todo los aterra y los asusta; la menor alarma les hace emprender la fuga y luego esta fuga los desmoraliza todavía más; si su jefe quiere obligarles a avanzar, temen al enemigo; si retroceden, murmuran; si se les castiga, desertan” .

Solo había una forma de recobrar la fuerza: vencer. La noche del 25 de diciembre de 1776, después de muchas derrotas y con la moral por el suelo, el ejército revolucionario fue arrastrado por Washington a través del río Delaware en lo que parecía un contraataque suicida. Contra sus propias expectativas, los cobardes vencieron en Trenton y después en Princeton, para vestir de estrellas y barras la bandera norteamericana.

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(1743-1803)Toussaint L’Ouverture

François Dominique Toussaint-Louverture
François Dominique Toussaint-Louverture por Arnal Ballester

Ilustrado por: Arnal Ballester

España, 1955

Ilustrador editorial. Es colaborador habitual de publicaciones como El País, El Mundo y el International Herald Tribune. Entre sus libros se encuentran No tinc Paraules, Charmario, Bestiarara y Los artísticos casos de Fricandó. Actualmente trabaja en animación.

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Lideró la lucha por la independencia de Haití y por la erradicación definitiva de la esclavitud. Murió en una cárcel del norte de Francia, mientras su ejército vencía a los franceses en La Española

A partir de las hazañas y la vida de François Dominique Toussaint L’Ouverture, la historiografía ha trazado la imagen de un líder revolucionario al frente de una horda de negros sansculottes –descamisados–, torturados, humillados, sedientos de libertad.

Pero hay algo más respecto a la imagen del héroe que convirtió a Haití en la primera república negra fuera del continente africano: no se conoce su verdadero rostro.

Fritz Daguillard, coleccionista de arte que compiló una extensa iconografía del “Espartaco negro”, escribió en un estudio sobre la apariencia del líder: “Existen numerosos retratos, todos ellos muy diferentes. Hasta principios del siglo XX se consideraba que L’Overture era cualquier hombre negro. El hecho de asignar su nombre al retrato de algún negro incrementaba el valor de la obra”.

Litografías, dibujos y grabados confirman esta afirmación: pómulos salientes o caras redondas, narices chatas o respingonas, ojos saltones u ojitos casi orientales... Solo dos cosas parecen comunes a todos los rostros del héroe: la piel negra y la mandíbula inferior saliente, debido a la pérdida de los dientes y de parte de su maxilar superior en un combate a principios de la revolución.

Cuando Daguillard apenas comenzaba su colección de imágenes de L’Ouverture, se quejó ante un marchante francés por el escaso atractivo físico del héroe nacional en una pieza que le estaba vendiendo. La respuesta del comerciante es el retrato más justo de un héroe: “Un hombre como él no necesita ser guapo. Solo necesita ser grande”.

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(1753-1811)Miguel Hidalgo

Miguel Hidalgo y Costilla
Miguel Hidalgo por Dr. Alderete

Ilustrado por: Dr. Alderete

Argentina, 1971

Ilustrador pop y animador. Su trabajo ha sido publicado en antologías especializadas como Illustration Now y Latin American Graphic Design. Es co-fundador del sello discográfico Isotonic Records, dueño de la tienda-galería Kong y curador del espacio Terraza del Centro Cultural de España en México. En 2008 publicó su libro Yo soy un Don Nadie.

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Sacerdote y militar. Comenzó a dirigir el movimiento independentista de México durante su primera etapa, pero tras una serie de derrotas fue capturado en 1811 y llevado prisionero a la ciudad de Chihuahua, donde fue juzgado y fusilado.

Don Lucas Alamán, destacado escritor mexicano del siglo xix y depositario de un entrañable odio por la figura del cura Miguel Hidalgo, lo llamó alguna vez y para la historia: “Venerable anciano”.

La respuesta indignada de su biógrafo, Roberto Blanco Moheno, le quita al personaje el mito, pero le restituye el hombre: “De mediana estatura, cargado de espaldas, de color moreno, ojos verdes vivos, la cabeza algo caída sobre el pecho, bastante cano y calvo, como que pasaba ya de sesenta años.

“Hidalgo era cura porque entonces para ser algo había que ser cura. Pero para lo que tenía un especial talento –aparte de las humanidades– era para los negocios. Pionero agrícola industrial, extendió el cultivo de la uva y de moreras para la cría del gusano de seda. Bueno con los indios, les enseñaba técnicas y oficios, y hasta creó con ellos una orquesta. Repartía dinero, todo el que le quedaba después de pagar su buena vida y la de los suyos... gastos entre los cuales deben señalarse los bailes, fábricas de piropos y sus consecuencias.

”Que era vigoroso lo prueban sus numerosas ocupaciones, sus constantes viajes a Guanajuato, sus fiestas, bailorios y guateques con su orquesta de indios. Hombre de vida jocunda, de amoríos archiconocidos, al extremo de desafiar a la Inquisición al vivir en la misma casa con sus hijas y llamándolas hijas, no ‘sobrinas’.

”¿Qué ‘venerable anciano’ pudo hacer todo eso, sino un hombre maduro, sí, pero fuerte, vigoroso y, las lenguas hablan, enamoradizo?”

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(1765-1815)José María Morelos

José María Morelos
José María Morelos por Ulises Culebro

Ilustrado por: Mauricio Gómez Morín

México, 1963

Muralista, museógrafo e ilustrador. Miembro original del Colectivo Gráfico Germinal. Fue director artístico de las colecciones infantiles del FCE. En los últimos años, la ilustración colaborando en revistas y periódicos como La Jornada, Reforma y la revista Letras Libres. Actualmente se desempeña como gerente de diseño e imagen en la editorial Santillana.

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Sacerdote y militar insurgente mexicano. Fue el artífice de la segunda etapa de la Guerra de Independencia de México. Logró conquistar la mayor parte del sur del país y parte del centro, en la región del actual estado que lleva su nombre. Fue capturado y fusilado en 1815.

Algo misterioso parece rondar la figura de Morelos y arrastrarlo de la torpeza a la genialidad, de la insignificancia a la grandeza. Pero es un viaje de ida y vuelta, en el que vuelve de las hazañas a los amargos desaciertos en la batalla y la política.

Así lo retrata Roberto Blanco Moheno en su Historia de dos curas revolucionarios:

“Tiene un poco más de 25 años cuando decide hacerse cura. Es un don Nadie, un hombre que, juzgado desde lejos, parece creer que la vida es esto: comer, dormir, hacer hijos, morir. Nada más. Parece de esos hombres que ignoran el otro mundo, el que está injertado, para algunos, en esto que vemos todos los días. Y de pronto, ¿por qué, cómo?, algo o alguien se mete en su corpachón.

” Y surgen el genio militar, el pensador político, el luchador social. Lleva detrás una falange de héroes de la que es jefe. Es el héroe, el santo, el genio, el padre. Hace de la guerra un poema porque su guerra consiste en la fundación de una Patria. Culmina su carrera en Chilpancingo, donde pone la primera piedra: la semilla de México.

” Y una vez cumplida tarea tan inmensa, pareciera que ese “algo” o “alguien” abandonara su cuerpo, porque aunque no cae en la somnolienta torpeza de sus primeros años, ya no es Morelos: ha perdido el chispazo genial, la intuición cirujana, la mente asombrosa. Y algo más extraño aún: cuando la muerte está cerca ¡volverá a ser Morelos! ¿Qué es lo que llega y se va pero vuelve para presenciar su tormento, apuntar su ejecución y velar su vida eterna?”

Tomado de Historia de dos curas revolucionarios:
Hidalgo y Morelos, de Roberto Blanco Moheno

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(1738-1781)José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru II)

José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru II)
José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru II) por

Ilustrado por: David Pintor

España, 1972

Es ilustrador, humorista gráfico, caricaturista y pintor. Actualmente su trabajo aparece todos los días en las páginas de opinión de La voz de Galicia. Es autor de los libros La puerta de atrás del paraíso y Cuentos en familia

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Caudillo de la gran rebelión anticolonial de 1780 en Perú. Mestizo, de sangre indígena y criolla, lideró el más grande movimiento indigenista e independentista en el Virreinato del Perú.

Aún después de la muerte, José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Túpac Amaru II, siguió sobreponiéndose a la voluntad española.

Por sus valerosas acciones al frente de la rebelión indigenista anticolonial, el héroe peruano, su esposa, Micaela Bastidas Pakuwa, y sus hijos, Hipólito y Fernando, habían sido condenados a una muerte horrible en la cima del cerro Piqcho, el 18 de mayo de 1781. En la sentencia dictada por el gran chacal, José Antonio de Areche, se leía: “será quemado, para que no quede nada de él, ni sus cenizas”.

Poca razón tenía Areche al pensar que quemar al caudillo sería el mejor modo de borrarlo de la historia. Dan cuenta de su vigencia el hondo sentimiento de admiración del pueblo peruano hacia el héroe, su imagen como ícono al frente de los movimientos indigenistas de América y los cantos de poetas, como éste “Canto Coral” que le dedica Alejandro Romualdo:

Coronarán con sangre su cabeza;
sus pómulos con golpes, y con clavos
sus costillas. Le harán morder el polvo.
Lo golpearán:
¡Y no podrán matarlo!
Estelar viril de trino de contienda
lacónico morador de las cosechas
habitante perenne de la mañana
las flores van sobrando
y el salmo
no interesa
¡Estás presente!

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(1764-1850)José Gervasio Artigas

José Gervasio Artigas
José Gervasio Artigas por Hermenegildo Sábat

Ilustrado por: Hermenegildo Sábat

Uruguay, 1933

Artista plástico, docente e ilustrador. Ha colaborado con publicaciones como The New York Times, L’Express, American Heritage y Punch. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre ellos el premio Homenaje de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que dirige Gabriel García Márquez y un María Moors Cabot Award de la Universidad de Columbia.

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Militar, estadista y máximo prócer uruguayo. Recibió los títulos de «Jefe de los Orientales» y de «Protector de los Pueblos Libres». Fue uno de los más importantes estadistas de la Revolución del Río de la Plata, por lo que es muy reconocido en la Argentina.

Urugay nunca existió en la cabeza de José Gervasio Artigas como el sueño de un país independiente. Todo lo que quería era la autonomía general de las provincias. Nacido en la banda oriental, entre Argentina y Brasil, fue ante todo un campesino, un gaucho, un hombre sobre un caballo.

Peleó contra todos: españoles, portugueses, unitarios argentinos y orientales, dictadores paraguayos… Decepcionado por las aspiraciones centralistas de Buenos Aires y Montevideo, se marchó en 1812 hacia la orilla occidental del río Uruguay.

Tantos lo siguieron sin que él lo pidiera, que su viaje se convirtió en un éxodo espontáneo y masivo que acabaría por fundar el espíritu federalista de una nueva nación.

Después vendrían las persecuciones –6.000 pesos de recompensa fueron puestos sobre su cabeza, vivo o muerto–, y el largo exilio: treinta años en Paraguay, para volver a ser ante todo un campesino, un gaucho, un hombre sobre su caballo.

“Se mantiene robusto, sano y ágil para todo. Conserva un caballo zaino y cabalga aún a pesar de sus setenta y ocho años”, escribió su hijo en 1846, después de visitarlo en el Paraguay. Se equivocaba: su padre no tenía setenta y ocho, sino ochenta y dos años cuando aún cabalgaba. Y lo haría por cuatro años más, hasta morir, en un exilio voluntario, en la misma tierra que había arado por cinco años y con la única compañía de su fiel esclavo Ansina.

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(1783-1830)Simón Bolívar

Simón Bolívar
Simón Bolívar por Pablo Bernasconi

Ilustrado por: Pablo Bernasconi

Argentina, 1973

Ilustrador desde 1998. Ha colaborado en publicaciones como, The New York Times, GQ y Rolling Stone. Entre sus libros se encuentran, Retratos y Bifocal. En 2006 recibió un premio Zena Sutherland de la Universidad de Chicago por su libro Captain Arsenio.

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Contribuyó de manera decisiva a la independencia de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Participó en la fundación de la Gran Colombia y fue su presidente.

En un libro para niños se muestra la pequeñez de la Nueva Granada para con el Libertador en una escena de San Pedro Alejandrino: el oficial venezolano Silva tiene que darle su camisa al moribundo que no tiene una decente para salir de esta vida.

¿De veras Colombia dejaba en la miseria al Libertador y lo despedía sin segunda muda?

En San Pedro Alejandrino, Bolívar era un viajero de paso que había dejado el grueso de su equipaje en Cartagena; un equipaje como no lo tenía otro colombiano. A Santa Marta no llegó sino con lo esencial, y entre eso, cuatro baúles de ropa que quedarían en el pueblo. Era descuidado, y ya en Bogotá no registra sino dos camisas García Márquez, tan puntual en esas cosas. La verdad es que seguía siendo uno de los hombres más ricos de Sudamérica, pero, por desgracia, tenía su capital en Venezuela. Sus haciendas, sus minas, las casas y solares de Caracas... todo lo que le permitió gastar, dilapidar y regalar, ahora quedaba al capricho y azar de un gobierno que lo responsabilizaba de cuantos males ocurrieron en la tierra de su nacimiento. Venezuela acabó pidiendo, como condición para entrar en relaciones con Bogotá, que lo echaran del suelo granadino.

No sería así. También, era colombiano y lo había dicho: “Nací para la vida en Caracas, para la gloria en Mompox”, y moriría en este suelo, con o sin segunda muda, el 17 de diciembre de 1830.

Las relaciones no mejorarían y el sueño de la Gran Colombia moriría poco después de Bolívar, en 1831.

Tomado del texto “Sin segunda camisa”,
publicado por Germán Arciniegas en El Tiempo

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(1795-1830)Antonio José de Sucre

Antonio José de Sucre
Antonio José de Sucre por Ángel Boligán

Ilustrado por: Ángel Boligán

Cuba, 1965

Artista plástico. Trabaja como caricaturista editorial en el diario El Universal, la revista Conozca más y la publicación de humor político El Chamuco. Preside la agencia Cartonclub (El club de la caricatura latina). En 2010 recibió siete premios a la excelencia en la categoría de Illustration de la Society News Design on Ilustration de Estados Unidos.

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Prócer de la independencia, así como presidente de Bolivia, Gobernador de Perú, General en Jefe del Ejército de la Gran Colombia y Comandante del Ejército del Sur. Es considerado uno de los militares más completos entre los próceres de la independencia suramericana.

En Angosturas, Bolívar tuvo la oportunidad de estimar los talentos del joven Sucre y muy pronto lo llamó a combatir a su lado. Obedeciendo sus órdenes, el joven general se presentó en el cuartel del Libertador, en Cucutá. A la llegada de Sucre, Bolívar no estaba presente en la ciudad. Después de la espera, el joven salió a recibir al Libertador tan pronto como tuvo noticia de su regreso. El secretario de Bolívar, el general británico Daniel F. O’Leary, preguntó a éste al ver que Sucre se aproximaba:

–¿Quién es aquel mal jinete?

El Padre de la Patria, manifiestamente complacido de volver a ver al joven general, respondió:

–Es uno de los mejores oficiales del ejército. Reúne los conocimientos profesionales de Soublette, el bondadoso carácter de Briceño, el talento de Santánder y los modales impecables de un caballero. Por extraño que parezca, no se le conoce, ni se sospechan sus aptitudes. Estoy resuelto a sacarle a luz, persuadido de que algún día me rivalizará.

Tenía razón Bolívar en cuanto a la grandeza de Sucre, aunque sobreestimaba sus proporciones al compararla con la suya. Notables eran sus dotes como estratega, carismático su espíritu, férreo su valor y rica su retórica –famosos son documentos redactados por Sucre, como el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra.

Más allá de estos atributos, la forma más valerosa que tuvo Sucre de rivalizar con Bolívar fue al momento de exigirle –y también a Santander– que dejaran de pelearse el destino de la nación que con tanto esfuerzo habían liberado. Sus cartas cayeron en oídos sordos.

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(1750-1816)Sebastián Francisco de Miranda

Sebastián Francisco de Miranda
Sebastián Francisco de Miranda por Martín Satí

Ilustrado por: Martín Satí

España

Es director de arte, diseñador gráfico e ilustrador. Realizó estudios de Bellas Artes en Sevilla y los terminó en Inglaterra. Con un particular interés por el arte popular, se define como un “artesano gráfico”.

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Es considerado el precursor de la emancipación americana. Fue el creador de la idea de Colombia como nación y combatiente destacado en tres continentes: África, Europa y América. También participó en la guerra de independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa.

Ya había sido protagonista en la guerra de la independencia de Estados Unidos, ya había recorrido medio mundo, tres continentes, una babel de dialectos y lenguas, ya le llamaba de cerca el honor de ser héroe de la Revolución Francesa. Pero su mayor empresa, el proyecto de su vida, la emancipación de América, aún parecía un sueño lejano.  

Una sutil corrección de lenguaje sería uno de los primeros pasos para comenzar a materializar ese sueño. En una nota de su diario, escrita el 1 de junio de 1783 en la Habana, Miranda, disciplinado cronista de sus numerosos viajes, escribía juntas dos palabras hasta entonces siempre lejanas: “nuestra América”.

A partir de ese momento, la expresión “nuestra América” se hizo cada vez más frecuente en los textos de Miranda. Y no solo le serviría para diferenciar a la América española de la de los estadounidenses –que ya para entonces se referían a sí mismos como “americanos” –, sino también y fundamentalmente como una forma de afirmación, de apropiación.

Así lo reconoce la biógrafa Carmen Bohórquez Morán: “Es tal vez a partir de ese contraste con la América anglosajona, que Miranda comienza a preguntarse por la identidad de su América. Esta conciencia de la diferencia se cristaliza en el nombre que Miranda concibe durante su estadía en Estados Unidos para designar a la futura nación emancipada: Colombia”.

Miranda nunca conocería esa Colombia, ni alcanzaría a ver liberada a su América. Moriría entre espumarajos y fiebres del tifus. Bolívar sería el heredero de su proyecto.

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  • Guillermo Hernández (gerente)
  • Mario Jursich (director El Malpensante)
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