Lagos, la principal ciudad de Nigeria, vive inmersa en un perpetuo huracán. Basura, corrupción y hacinamiento son allí el pan de cada día. Su desastre es el espejo deformador en el que deberían mirarse, para ver sus dolencias magnificadas hasta el delirio, las metrópolis del Tercer Mundo.
En los años sesenta, el famoso crítico de arte de Time creyó que no había nada mejor en la vida que acostarse con “el mejor polvo de Londres”. Luego descubrió que hacerlo implicaba un sufrimiento inaudito.
Muy a menudo los ensayos más relevantes resultan de anécdotas menores. Por ejemplo: la discrepancia entre dos hermanos sobre lo que su madre hubiera querido después de morir.
Denis Diderot se ha convertido en el símbolo involuntario de la Encyclopédie. El autor, que hace poco escribió una historia sobre la famosa obra que atormentó al escritor francés durante un cuarto de siglo, nos dice cómo abordar al philosophe dos siglos y medio más tarde.
En esta crónica, publicada en el New York Times en 1960 y traducida al castellano por primera vez en esta edición, el autor explora el exótico mundo de las vitrinas neoyorquinas y las pasiones inesperadas que en ellas pululan.
“Yo quería darle al mundo una palabra. Como no pude, me hice escritor”, escribió este aforista de aforistas. Su nombre es extrañamente desconocido entre nosotros.
China es el gran misterio del desarrollo en el mundo. ¿Se trata de un modelo nuevo que no sólo se hace sin democracia, sino que se hace contra ella? El autor fue invitado a un festival de poesía y nos da su singular punto de vista.
El texto que sigue es una versión editada del original y su lección, tan sencilla como audaz, es que los problemas económicos no se deben abordar de manera perezosa. Los filones productivos están donde uno menos los espera.