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Dicccionario personal

Lejos de las raíces latinas, el autor de este diccionario se embarca en un mordaz esfuerzo para definir algunas palabras de uso y abuso frecuentes.

 

 

Diccionario personal
Edición N° 82

N° 82

Noviembre - Diciembre de 2007[ ver índice ]

Amor. Sustancia alucinógena que emana de las sonrisas. Las mujeres son inmunes: una serpiente no muere por su propio veneno.

 

Antropología. Ahora se parece a la física cuántica: «El objeto de este artículo radica, en primer lugar, en develar e interpretar la utilización del tiempo en la construcción de la categoría de “desplazado”, como una vindicación del lugar de la estrategia política en la concepción/manejo de la alteridad»*. La revista que publica eso tiene una fe de erratas, en la cual sólo piden disculpas por un error de numeración.

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* Gregorio Hernández, «Tiempo, espacio y alteridad en la construcción política y sociocultural del “desplazamiento” forzado», en revista Virajes, Universidad de Caldas, 2005, p. 137.

 

Antropólogo. En el pasado, novelista. En la actualidad, investigador que estudia los rasgos que distinguen entre sí a los grupos de la especie humana y a ésta en general del resto de animales. Debido a los avances en el área, los antropólogos despliegan su conclusión definitiva de que lo que diferencia a los humanos es el mal uso del lenguaje.

 

Atenuante. Si lo sindican de homicidio, usted puede decir: «Yo solamente lo quería secuestrar».

 

Civilización. Es una condición muy difundida actualmente gracias a la propagación de las profesiones liberales. Distingue al asesino contemporáneo, que puede matar a distancia con un revólver, del primitivo salvaje que debía acercarse hasta el paciente y destrozarlo con un mazo, todo lo cual resulta estéticamente desagradable e ineficiente. Quizás la frase que mejor revela la esencia de la civilización sea la siguiente, de Mario Puzo: «Un abogado con un maletín puede robar más que cien hombres con pistolas».

 

Conocimiento. Sustantivo que designa un bien de consumo altamente valorado por quienes viven de su venta (profesores, conferencistas, consultores, científicos, etc.). Alguna fuente insidiosa ha señalado que el que se vende en las universidades es de contrabando, pero hay tal cantidad y son tan indistinguibles sus subproductos que poquísimas autoridades quieren investigar el caso. Hay tres clases de conocimiento: el dañino, el inútil y el falso. El primero es propio de las ciencias naturales, el segundo y tercero de la filosofía y las ciencias sociales.

 

Contraer. Según el diccionario, este verbo tiene cinco usos distintos. Sin embargo, tres de ellos han casi desaparecido, y sólo quedan dos que gozan de muy buena salud y están ejemplificados en las frases «contrajo una enfermedad» y «contrajeron matrimonio».

 

Dasein. Palabra alemana exportada al castellano, al inglés, al italiano, al francés, al portugués y seguramente a muchas otras lenguas que el autor de este diccionario desconoce. Fue introducida en los idiomas naturales humanos por una única persona: Martin Heidegger. Se presume que quiso decir alguna cosa con ella, pero los expertos no se han puesto de acuerdo todavía sobre qué. Algunos dicen que significa «ser humano»; otros, «ser-ahí» (con la raya); otros más, «existencia». Pero todos, después de traducirla, ponen entre paréntesis Dasein. Su uso, en cambio, sí revela cierta uniformidad: sirve para denotar una idea profunda cuando no se tiene ninguna. El profesor Jorge E. Rivera, quien, a juicio de los expertos, ha expendido la mejor traducción al castellano de la obra que difuminó la palabra, dice: «La palabra Dasein significa, literalmente, existencia, pero Heidegger la usa en el sentido exclusivo de existencia humana. Se la podría traducir, pues, por «existir» o «existencia». Pero con esto se pierden todas las alusiones que Heidegger hace implícitamente a la etimología de la palabra: Dasein significa literalmente «ser el ahí», y por consiguiente se refiere al ser humano, en tanto que el ser humano está abierto a sí mismo, al mundo y a los demás seres humanos. Pero Dasein alude también, indirectamente, al abrirse del ser mismo, a su irrupción en el ser humano. Por eso hemos preferido dejar la palabra en alemán, como lo hacen, por lo demás, hoy día, la mayoría de los traductores»*. Como decía mi tío Darío, alias «Echandía», y después dicen que el hijueputa es uno.

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* M. Heidegger, Ser y Tiempo, edición electrónica de Escuela de Filosofía Universidad ARCIS: www.philosophia.cl, pp. 421-22. Traducción, prólogo y notas de Jorge Eduardo Rivera.

 

Delicadeza. Una historia puede ayudar a aclarar el significado de este difícil concepto: estando en una comida con varios de sus generales, Bolívar se sentó al lado de una notable dama. En medio de la comida, a la señora se le escapó una sonora ventosidad. El general reaccionó rápidamente, se paró y pidió disculpas a la concurrencia por haber cometido la involuntaria imprudencia. El general Hermógenes Maza, atónito por la reacción del Libertador, le preguntó a su vecino por qué Bolívar asumía la culpa de la señora. El contertulio le explicó que era cuestión de delicadeza, para que la dama no se sintiera mal. El general Maza se levantó y, antes de que otro se le adelantara, declaró: «De ahora en adelante, todos los pedos que se eche esta señora corren por cuenta mía».

 

Dios. El nombre propio más usado en todas las épocas, pero sobre cuyo portador no se ponen de acuerdo los monoteístas. El monoteísmo, por su parte, es una aberración que surge naturalmente del politeísmo. Los griegos veían a Sócrates con sorpresa porque éste parecía pensar que sólo existía un Dios. Desde luego, si uno cree que hay más de cien dioses, debe parecerle que quien afirma que sólo hay uno es una especie de ateo. El problema del monoteísta es que le pone demasiado trabajo a su dios y, como si fuera poco, le exige que lo haga a la perfección. (Cuando el trabajo queda mal hecho el monoteísta le echa la culpa al resto, alegando que se trata de una cosa llamada por él «libre albedrío».) Aunque, también hay que decirlo, unos cuantos monoteístas considerados no le piden a su deidad que lo haga todo bien. Están, desde luego, quienes exageran de este lado. Leí la siguiente frase en inglés en alguna parte que ya no recuerdo: «Si existe un ser superior, debe ser un hijodeputa». (Mi memoria la atribuye a Dorothy Parker, pero no estoy seguro.) La demostración más convincente de este punto de vista monoteísta cortés es, a mi juicio, la siguiente: «El cliente: Dios hizo el mundo en seis días, y usted no es capaz de hacerme un pantalón en seis meses. El sastre: Pero señor, mire el mundo y mire su pantalón»*.

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* Samuel Beckett, Manchas en el silencio, Tusquets, 1990, p. 25.

 

Doctor. 1) Apelativo que utilizan los lustrabotas para referirse al cliente de turno. 2) Título académico que recibe cualquiera que pague lo suficiente y que lo habilita para recibir su salario a cambio de quedarse quieto y callado, o de escribir como un caballo. Dicen que en España se corre el riesgo de recibir el título, enmarcado, súbitamente y con un golpe en la cabeza si uno pasa sin el suficiente cuidado y a la hora impropia enfrente de alguna universidad importante.

 

Exactitud. Algunos piensan que es un adorno. Otros, en cambio, que puede ser cuestión de vida o muerte. Quizás la siguiente historia puede dirimir la disputa. Bolívar, enterado de la proclividad del también general Hermógenes Maza a fusilar a sangre fría a los prisioneros españoles, dio la orden de «no derramar más sangre de prisioneros». El general Maza, con el rigor propio de la disciplina militar, procedió a cumplir la orden, e instauró la práctica de amarrar a los prisioneros en atados de a cuatro, para luego echarlos al río con una piedra atada al cuello. Cuando Bolívar le reclamó por el incumplimiento de la orden, el general Maza contestó obedientemente: «Pero mi general, si no murieron por desangramiento... murieron por ahogamiento».

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