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Mística y misterio de la libreta de apuntes

Una entrevista con Daniel Maja

A través de un juego que comenzó hace veinte años, con el que ha llenado infinidad de cuadernos, el ilustrador más conocido del Magazine Littéraire descifra las claves de su oficio.

Mística y misterio de la libreta de apuntes
Edición N° 83

N° 83

Diciembre - Enero de 2008[ ver índice ]

La mesa junto a la ventana se parece más a la de un estudiante que a la de un artista reconocido. Daniel Maja, el hombre que está sentado con los codos apoyados en la mesa, tiene, barba blanca incluida, el rostro tranquilo de un tipo que se sabe consagrado en su oficio, pero un morral a la espalda y el conjunto de camisa y pantalón negro con restos de borrador hacen pensar que sigue siendo un aplicado estudiante de dibujo. Uno de sus autorretratos más conocidos lo muestra como un centauro. Por la ventana se ven los árboles de Saint Mandé, el suburbio de París donde el ilustrador del Magazine Littéraire vive desde hace décadas. Las postales, las ilustraciones de Maja, las pinturas de Ewa, su esposa, que es también artista, y las fotografías de viaje, algunas ya descoloridas, no dejan mucho espacio en las paredes.

Maja ha pasado el fin de semana en su casa de campo y ha traído flores amarillas y una bolsa con varios kilos de nueces. Sobre la mesa hay un Diccionario de bebidas alcohólicas, que se ha presentado en sociedad la noche anterior y es la última obra ilustrada por Maja. Ewa, que es quien ordena, lo colocará en el estante de las obras ilustradas por su marido.

El estante ocupa una pared completa, pues en esa mesa Maja, nacido en París en 1942, ha hecho las ilustraciones de la mayoría de los dossiers temáticos de los últimos veinte años del Magazine, lo que quiere decir que ha tenido que enfrentarse a temas como «Las ideologías», «La culpa», «Sartre» o «El fin de la estética». Además colabora como ilustrador para Lire, Le Monde, Elle, Le Figaro, Beaux Arts y Les Echos (la expresión «para todo mundo» cobra aquí sentido). También ha trabajado para The New Yorker y realizado en colaboración cerca de cien libros de lo que en Francia se conoce como littérature jeunesse, que abarca los clásicos ilustrados, las novelas juveniles con ilustraciones por capítulos y los «álbumes», donde textos cortos acompañan ilustraciones de página completa.

Fue precisamente acerca de la «illustration jeunesse» que Maja escribió el que hasta ahora es su único libro sobre el oficio. «Muchas de las cosas que allí digo pueden aplicarse a la ilustración en general, y eso quería con el libro», dice sentado en el taburete donde trabaja, «pero los editores cambiaron un montón lo que yo había hecho y arruinaron el espíritu de lo que quería decir, empezando porque es un libro sobre la ilustración que no tiene una sola ilustración. Además eliminaron buena parte de lo que decía sobre el oficio, que es lo que yo sé, a favor de más páginas sobre la historia de la ilustración, que conozco más o menos, pero que si hay que resumir termina sonando bastante idiota, porque soy ilustrador y no historiador. La idea es que esa historia fuera sólo la introducción; como se redujeron los capítulos que hablaban del proceso de ilustrar, la desproporción fue enorme. Luego la diagramación y la carátula fueron horribles. Cuando lo vi escribí a los editores y les dije que no contaran conmigo ni para la promoción ni para ningún evento, que habían saboteado mi trabajo y no quería saber más del libro ni de ellos».

No hay dos gramos de rabia en lo que dice y, contrariando una idea que puede tenerse del ilustrador como un neurótico metido de cabeza en una mesa (en esa mesa), Maja se ríe mientras habla. En los últimos días de octubre Maja y Ewa se dedican a seleccionar los trabajos que él presentará en Luxemburgo en la que será su decimoséptima exposición individual. Diecisiete exposiciones, sumadas a unas quince colectivas, darían para pensar que Maja tiene suficiente para decir como para llenar un segundo libro.

«He pensado en eso, pero es un trabajo enorme, así que tendría que estar muy seguro de la calidad final y, sobre todo, del control que podría tener sobre el proyecto. Me interesa más que nada desarrollar el último capítulo, aquel donde realmente abordo mi dominio en el oficio de la ilustración. Me gustaría escribir un libro para desarrollar el último capítulo de Illustrateur jeunesse, que es el único que vale la pena, y así mostrar la complejidad del oficio, lo que uno piensa, las preguntas que surgen, el ejercicio de conocerse a partir de la libreta de apuntes».

Maja acaba de decir la palabra mágica, que son tres, y le propongo empezar con ellas esta conversación.

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