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El mago

Vida y milagros del escritor Paulo Coelho

¿Cómo vender más de 100 millones de copias y ser traducido a 64 idiomas? El escritor brasileño, menospreciado por la crítica y beatificado por lectores y fieles, parece conocer el secreto, que nada tiene que ver con la literatura.  

El mago
Traductor
Jorge Cornejo Calle
Edición N° 89

N° 89

Agosto de 2008[ ver índice ]

página 5 de 7ImprimirImprimir | Enviar a un amigo | A- A A+

En el camino aparece Petrus, un guía que le enseña a Coelho una serie de ejercicios RAM para aguzar su intuición, conjurar sus demonios personales e inspirar ágape, o “el amor que consume”. En las páginas finales del libro, Coelho descubre lo que él llama “el secreto de mi espada”, y lo primero que hace es considerar la idea de cumplir con su ambición de infancia de convertirse en escritor. El año pasado, para celebrar el vigésimo aniversario de su peregrinaje, repitió la ruta en automóvil. “En la segunda parada, me dije: ‘¿Por qué no me reúno con mis lectores?’. Decidí organizar firmas de libros”. Se detuvo en pueblitos por todo el norte de España, y luego siguió viajando. “Viajé durante tres meses, del suroeste de Francia a Vladivostok y luego a la Copa Mundial de Fútbol. Estas firmas de autógrafos fueron como un bombardeo incesante. No las planeé. Fue como la película Easy Rider”.

En Milán, Coelho se encuentra con la sueca –ella tuvo que viajar durante siete horas hasta el aeropuerto de Estocolmo para luego tomar un vuelo a Milán– y la lleva a su hotel. Es muy alta y muy delgada, con cabello rubio que le llega hasta la altura de las costillas. “Relájese. ¡Relájese!”, le dice, mientras hace arreglos con el portero para que le consiga una habitación en un hotel cercano que ella pueda pagar.
 
Esa noche, Coelho fuma un cigarrillo fuera del hotel. Luce pensativo; la sueca parece estar mal –ella le habla de fiebres constantes y ataques severos de neumonía, pero no parece motivada para descubrir su causa–. Él teme que haya sido un error el invitarla. “Alguna gente no quiere que la ayuden”, dice resignado. Luego cambia abruptamente de humor. “Tengo una idea loca. ¡Creo que voy a hacer una firma de libros aquí en Italia!”. Se imagina cuál será la reacción de Elisabetta Sgarbi, su editora italiana. “Se pondrá histérica”, dice jubiloso. “Me gusta darle desafíos”. Una joven de la oficina de prensa de la editorial llega en un automóvil con chofer para llevar a Coelho a ser fotografiado con un grupo de autoridades locales en la municipalidad, como preámbulo de una cena en el departamento de Letizia Moratti, la alcaldesa de Milán, la cual ha sido organizada por el hermano de Sgarbi, secretario de cultura en la ciudad. “Creo que mañana publicaré en mi blog que me encuentro aquí en Milán y quiero conocer a mis lectores”, dice luego de subir al automóvil. La joven de la oficina de prensa lo observa nerviosa.
 
Existe el riesgo de que, con tan poca anticipación, sólo asistan unas pocas personas –una situación potencialmente vergonzosa para la editorial–. Pero por lo general Coelho ha tenido el problema opuesto. En 1998, en Zagreb, tres mil o cuatro mil personas acudieron a pedir su autógrafo; un hombre sacó un arma y amenazó con usarla si se le negaba una firma. Cuando Coelho fue a Teherán, en el 2000, varios cientos de personas fueron a esperar la llegada de su avión en mitad de la noche. Arash Hejazi, editor de Caravan Books, la editorial oficial de Coelho en Irán –país en el que existen por lo menos veintisiete editoriales no autorizadas que publican sus obras–, señala que Coelho fue el primer escritor no musulmán en promocionar sus obras en aquel país desde la Revolución. Compara su bienvenida con la que se organizó para el equipo nacional de fútbol iraní cuando volvió al país luego de ganar el partido contra Australia que los clasificó a la Copa Mundial de Fútbol. Cinco mil personas acudieron a la firma de autógrafos, en una de las librerías más grandes de la ciudad, y Coelho se vio obligado a marcharse luego de apenas tres o cuatro libros, debido al peligro de que se produjera una estampida de gente. “Todo se salió de control”, me escribió Hejazi en un mensaje de correo electrónico. “Cuando la gente vio a Paulo, corrieron hacia él, la librería fue prácticamente destruida y una mujer se desmayó por la presión de la gente”. Coelho también es muy popular en el mundo árabe. Karim Khayat, quien publica a Coelho en África del Norte y el Medio Oriente, dice: “Su estilo se traduce con gran hermosura al árabe”.
 
El automóvil se detiene en la Galleria Vittorio Emanuele II, una enorme galería comercial del siglo XIX que se encuentra junto a la municipalidad, y Coelho baja de él. Ha visto una librería Rizzoli. “Creo que voy a hacer la firma de autógrafos aquí”, dice. “Entremos para echar un vistazo”. Camina con paso ligero hacia el interior y pide ver al administrador de turno. “Perfetto”, dice cuando el atónito administrador acepta organizar el evento dos noches después. “¿Dónde están mis libros? Si no puedo ver mis libros, no haré ninguna firma de autógrafos”. El administrador lo conduce hasta una zona de exhibición donde se encuentran destacados sus libros. Coelho toma la edición italiana de El peregrino de Compostela y la abre en una página al azar. “¿Alguna vez has estado enamorado?”, lee en voz alta, mientras sigue la línea de texto con el dedo y echa una mirada significativa a su alrededor.
 
Más tarde, mientras se dirige caminando hacia el departamento de la alcaldesa, se cruza con dos mujeres en la calle. “¿Las ha oído?”, me dice. “Decían ‘Es él, es él’. Sí, soy yo. Voy a invitarlas”. Regresa sobre sus pasos hasta la esquina, donde ellas se encuentran, e intenta explicarles sobre el evento de la librería Rizzoli. Ellas lucen confundidas pero contentas, y un traductor aparece en escena para aclarar la situación. Para entonces, Coelho ya ha proseguido su camino. Al final de esa noche, ha tomado una decisión: la sueca no los acompañará a Roma.

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