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El mago

Vida y milagros del escritor Paulo Coelho

¿Cómo vender más de 100 millones de copias y ser traducido a 64 idiomas? El escritor brasileño, menospreciado por la crítica y beatificado por lectores y fieles, parece conocer el secreto, que nada tiene que ver con la literatura.  

El mago
Traductor
Jorge Cornejo Calle
Edición N° 89

N° 89

Agosto de 2008[ ver índice ]

página 7 de 7ImprimirImprimir | Enviar a un amigo | A- A A+

Para la noche de la fiesta, que se celebra en un elegante hotel llamado El Peregrino, los diez lectores invitados por Coelho ya han llegado. Entre ellos están Marie, una veterana de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y en la actualidad contratista civil en la base estadounidense de Qatar; Chieko, quien a los 30 años acaba de hacer su primer viaje sola, un vuelo con escalas de veinticuatro horas desde Osaka; y Alex, una mujer de 31 años de Staffordshire. “Probablemente necesito terapia, pero en lugar de eso leo sus libros”, dice Alex. Atribuye a Coelho el éxito de su negocio de fabricación de tutús. “Él me dio el valor de creer en mí misma. Nunca hubiera tenido la confianza suficiente para hacerlo. Él dice: ‘Los milagros ocurren’, y es cierto”.

Coelho ha dormido todo el día en preparación para la fiesta y está de muy buen humor. Se sienta en una mesa con enormes candelabros a recibir a las personas y regalos, y a firmar libros. Afuera, la nieve cae en copos grandes y húmedos. “Miren la nieve”, dice. “Sólo un mago podría crear esta nieve”.
 
A las diez se sirve una abundante paella, y luego de la cena Jesús Jato, el brujo, se dirige al frente de la habitación y empieza a hacer preparativos sobre un antiguo y oxidado caldero de hierro sostenido por un trípode. Detrás de él hay medio kilo de azúcar, una taza de granos de café, una manzana granny smith y una jarra con grapa de 55 grados de alcohol. Está preparando una queimada: un ponche al que luego prenderá fuego mientras murmura unas plegarias por los allí reunidos y un hechizo para alejar a los malos espíritus. Jato tiene pocos dientes, manos anchas y cejas tupidas y canosas. Viste jeans y una camisa de leñador.
 
Coelho hace sonar su vaso. “Ahora comienza el clásico ritual de la queimada”, dice. “Jesús es una de las figuras emblemáticas del Camino de Santiago. Vamos a reunirnos a su alrededor y él va a hacer una especie de exorcismo. Lo único que ustedes deben decir es ‘¡Oooooo!’ ”. Justo en ese momento, un teléfono celular suena en el bolsillo de Jato, y éste lo contesta. “Es un brujo moderno”, dice Coelho.
 
Jato enciende el caldero y pide a los invitados que digan ¡Ooooooo! Agrega el azúcar, y el olor a quemado llena la habitación. “¡Por toda la gente que no perdió el camino, sino que encontró uno nuevo!”, dice.
¡Ooooooo!, dicen los invitados levantando los brazos.
Añade un puñado de granos de café.
 
–¡Por los peregrinos que dicen haber caminado cuarenta kilómetros y no es cierto!
¡Ooooooo!
 
Pela la manzana, y la cáscara cae por error en el caldero.
 
–¡Por los peregrinos con heridas!
¡Ooooooo!
 
–¡Por los brujos!
¡Ooooooo!
 
–¡Por el peregrino Paulo Coelho!
¡Ooooooo!
 
Coelho dice:
 
–¡Por todos los peregrinos amigos de Paulo Coelho!
¡Ooooooo!
 
Jato levanta el cucharón envuelto por las llamas y deja que un chorro de alcohol reluciente, casi plateado, caiga en el caldero. Hace circular el cucharón entre los presentes. Coelho mete su dedo índice en el medio, lo mantiene levantado, brillante, durante un instante, y se lo mete a la boca.

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