elmalpensante.com - Lecturas paradójicas

Artículos

Take a Walk on the Wilder Side

Billy Wilder
Edición N° 38

N° 38

Mayo 1 A Junio 15 de 2002[ ver índice ]

El humor agudo y lleno de gracia de este vienés de Hollywood ha iluminado el escenario del cine
una y otra vez durante más de 30 años. Pero su agudeza no se agota en los guiones; es el cineasta de quien se citan más (y mejores) frases.

Leslie Halliwell
Filmgoer’s Companion (1965)
 

• Cuando le preguntaron a Billy Wilder cómo le gustaría mo­rir, respondió: “A los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar, in fragranti, con su joven esposa”.

• Cuando Billy Wilder pasaba en coche por el cementerio de West­wood, acostumbraba gritarles a los muertos: “¡No se impacienten, vendré pronto!”.

• Al pasar por el cementerio Wilder también fantaseaba sobre su muerte: “Toda la gente ya está allí, un equipo con el que podré rodar unas cuantas películas bien bonitas cuando me mude allí. Escucha el casting que ya tenemos de momento: Truman Capote para el guión, James Wong Howe como cámara, Oscar Levant como gagman, Lionel Newman como compositor con Gregor Piatiagorsky al cello y Buddy Rich en la batería. Para el reparto de papeles femeninos tendríamos a la extraordinaria Natalie Wood. La única dificultad la veo en los papeles masculinos. Pero quizá podría tomar prestado finalmente a Cary Grant, esté donde esté. La estrella de las estrellas sería, naturalmente, Marilyn Monroe. Probablemente sólo tendríamos una dificultad. Darryl Zanuck, que también está enterrado aquí, sin duda intrigaría contra la Monroe e insistiría en que (su amante) Bella Darvi obtuviera el papel. Pero ella está enterrada en Montecarlo, y el transporte sería— ¡esperémoslo!—demasiado complicado”.

• En el funeral de Ernst Lubitsch se encontraron William Wyler y Billy Wilder. Wyler, compungido, sentenció: “Qué pena, no más Lu­bitsch”. Wilder remató diciendo: “Y lo peor es que no hay más películas de Lubitsch”.

• Cuando la crítica se quejó por lo larga que era La vida privada de Sherlock Holmes, Billy Wilder replicó: “Todo es muy largo, excepto nuestra propia vida y nuestro propio pene”.

• Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate.

• En la creación de una película, ni el reparto, ni el rodaje, ni el montaje son tan decisivos como el momento en que se decide escribir sobre un determinado argumento. La chispa inicial es el momento más importante. Cuando se tiene, si además es buena, no hay nada de todo lo demás que pueda fracasar del todo. Porque, al menos por lo general, uno no se convierte de la noche a la mañana en un absoluto idiota que ya no sabe cómo hacer una película.

• Wilder, siempre a la búsqueda de buenas escenas para el principio de sus películas, tenía miedo de que se le ocurriera en sueños la mejor de las secuencias iniciales y que al día siguiente la hubiera olvidado. Así que colocó un cuaderno de notas y un lápiz encima de su mesa de noche. Y una noche se le apareció la “gran idea” en sueños, despertó y la anotó rápidamente. Luego se volvió a dormir. Cuando al día siguiente consultó su cuaderno, leyó: Boy meets girl (“chico conoce a chica”).

• Al empezar cualquier guión y cualquier película, te sientes como en una habitación a oscuras en la que tropiezas con las esquinas, te caes, pero también en la que, a medida que vas iluminándola con ideas, se hacen los más excitantes descubrimientos.

• Al empezar mi segunda película estaba cagado del susto. La segunda película es la más difícil porque tiene que demostrar que la primera no ha sido buena por casualidad. Estás bajo la presión de tener que demostrar algo. Sucede algo parecido como al hombre que se atreve a dar un salto mortal desde un primer piso y al que le dicen: “Salta desde el sexto piso, seguro que también puedes hacerlo”. Y él contesta: “¡Claro que puedo!”. Salta, y después está muerto.

• Tengo diez mandamientos. Los primeros nueve dicen: ¡no aburrirás! El décimo dice: tienes que tener derecho al montaje final.

• Cuando estás sentado a una mesa en la que conversan muchas personas, cuando se produce una breve pausa hay que decir: “¿Les he contado ya cómo asesiné en Estocolmo a cinco hermosas damas?”, y seguro que entonces captas la atención de todos, aunque después hay que saber llenar esta expectativa con otras historias.

• Es más fácil escribir un guión en común con dramaturgos que con narradores. Un dramaturgo, en contraposición a un narrador, sabe que una obra de teatro, una película, es como un juego de ajedrez donde cualquier movimiento condiciona y determina el siguiente. Un movimiento puede ser tan bonito como se quiera, pero si no hace avanzar la historia no sirve para nada. Una escena que pueda sacarse de una película sin que pierda su sentido, es una escena incorrecta. Escribir una película es lo mismo que jugar ajedrez; escribir una novela es lo mismo que hacer solitarios.

• Que las sutilezas sean obvias.

• Si tienes un problema en el tercer acto, el problema real está en el primer acto.

• Las casualidades sólo deben darse al principio de una historia. En el tercer acto las casualidades no pintan nada.

• Cuando el estudio ofreció a William Wyler la dirección de Ben Hur, aquel drama de carreras de caballos, y él acudió a mí lleno de escrúpulos artificiales, preguntándome si debía rodar aquel tostón, lo apremié a aceptar: “Si quieres dejar a tu familia una pensión para toda la eternidad, sencillamente, debes hacer esa película”.

• Entonces llegó la entrega de los Oscar de 1959, que vi por televisión con unos amigos en casa del director Charles Vidor. Aunque Una Eva y dos Adanes había sido nominada, yo sabía que no teníamos ninguna oportunidad. Ben Hur no tenía competencia. Cosechó diez Oscar, desde el sonido y los efectos especiales hasta el actor principal, Charlton Heston, quien recibió un Oscar por su encanto de cascanueces. ¡Eso, a pesar de que Jack Lemmon también estaba nominado! Quizás habría ganado si hubiese sido nominado mejor actriz principal. Cada vez que Ben Hur era premiada de nuevo, me tomaba un martini doble. Diez veces. Cuando finalmente Ben Hur fue elegida también mejor película, caí en redondo y tuvieron que sacarme en brazos. Como a un romano del Coliseo. ¿Envidia? Nobody is perfect.

• Yo nunca había querido filmar una película de disfraces y menos ambientada en la Antigüedad, simplemente porque no podía imaginarme cómo era la vida cotidiana de entonces, cómo hablaba la gente entre sí. ¿Se despedían de la esposa diciéndole: “Bye baby” antes de partir con su legión hacia las Galias? ¿Y respondía ella: “¡Cuídate! ¡Piensa en los leones!” antes de que el marido abandonara la casa? ¿Y cómo se planeaba una velada? ¿Decía quizá la esposa: “Vayamos al Coliseo, hoy van a echar a unos cuantos cristianos a las fieras como pitanza. ¡Será algo grandioso! Y además, Nerón también estará”? ¿Y el marido contestaba: “¿Tienes entradas? Creo que están agotadas”?. No, no podía imaginarme algo así. Esa paradójica mezcla de antiguos ropajes y actores modernos. Si hubiera querido disfrazar a alguien, sólo podría haber disfrazado a Jack Lemmon y Tony Curtis de mujeres.

Ver Comentarios[ Clic para desplegar ]

Para poder comentar, debe ingresar a su cuenta o registrarse aquí

Edición actual Nº 139

edicion 139