¿Qué otros clásicos nunca leíste, aparte de Balzac?
Montones. Nunca leí Finnegann’s Wake. Tampoco casi nada de Stendhal. Hay muchas cosas que no he leído. Leí muy poco de Dumas, por ejemplo.
Sin embargo, tu formación era clásica. ¿Cómo llegaste a la novela negra?
Un amigo me inició con Chandler en el ochenta. Luego vinieron Donald Westlake... los maestros del género. Hammet, por supuesto. Thompson. Ese tipo de personas. Me pareció formidable porque en ese momento yo andaba muy metido con los rusos, con los autores clásicos anglosajones y con Miller, pero la literatura negra americana no la conocía y fue una sorpresa que terminó por marcar mi carrera como escritor. Benjamin, aunque no sea un detective, tiene mucho de los detectives como Philip Marlowe, el de Chandler. Más allá de los enredos en los que se meten los personajes, el humor que nace de esos enredos y la ingenuidad de personajes como Marlowe pueden ser los más importantes de los puntos comunes entre la saga Malaussène y las novelas negras americanas.
En La pequeña vendedora de prosa, el nombre del escritor fantasma era j.l.b. ¿Las iniciales tienen que ver con Jorge Luis Borges?
¡Nooo! Amo a Borges, es como un semidiós para mí y adoro la literatura latinoamericana. Sé de memoria las primeras páginas de Cien años de soledad y admiro mucho a Rulfo, a Vargas Llosa y a Borges, claro. Si hubiera caído en cuenta de que el nombre del escritor fantasma coincidía con sus iniciales, las habría cambiado. Las escogí al azar pensando en el hecho de ponerle nombre a un autor como si se buscara un nombre para un whisky (tal vez estaba pensando en el JB). Era una forma de burlarme de lo que pasa cuando los escritores se convierten en productos.
¿Cuándo te diste cuenta de que eran las iniciales de Borges?
Nunca. Me di cuenta porque acabas de decirlo.
Ricardo Abdahllah, escritor y periodista colombiano. Su último libro es una biografía de Kurt Cobain.
Pennac en español
Como una novela, el gran suceso de Pennac, fue publicado en español en 1995 por Editorial Norma y Anagrama y desde entonces ha conocido frecuentes reediciones. Norma también editó en su colección Torre de Papel dos libros de la serie infantil de Pennac, La mirada del lobo (1997) y Perro perrito (1998), además de La felicidad de los ogros y El hada carabina, traducidas porGustavo Zafra, y Señor Malaussène, con traducción de Ana Roda Fornaguera. Ninguna de estas obras ha sido reeditada recientemente. La traducción de lo que entre los lectores hispanohablantes ha sido llamado el “Quinteto de Belleville”, que incluye las tres obras anteriores y Los frutos de la pasión y La pequeña vendedora de prosa, estuvo a cargo de Manuel Serrat Crespo para Mondadori, quien también tradujo Señores, los niños para la edición de Thassalia de 1998, y de nuevo para Mondadori, El dictador y la hamaca en 2003.
Ver Comentarios[ Clic para desplegar ]
Para poder comentar, debe ingresar a su cuenta o registrarse aquí