No, el “f-10” no es un avión experimental diseñado por científicos finlandeses. Es una forma potencial de suero antiofídico, un remedio metafísico. Pregúntese el lector cuál es el veneno que más daño hace en un país de institucionalidad frágil como Colombia y quizá se responderá: las ideas simples, pegajosas y equivocadas. Desde hace tiempo aquí hemos estado convencidos, no ya de que hay mujeres que pueden subir al cielo envueltas en la blancura temblorosa de una sábana que se seca al sol —este milagro se logra mediante el ejercicio de la escritura luminosa— sino de cualquier cantidad de verdades a medias, que es la forma más eficiente de la mentira. Mucha gente, por ejemplo, se hace lenguas hablando de la necesidad del cambio, pero ¿sí está claro cuáles son los cambios que convienen? ¿En qué tipo de ciudad debemos vivir? ¿Hay un camino que permita hacer una televisión diferente que desentierre nuestras calamidades y nuestras hazañas y las muestre desde todos sus ángulos, sublimes, ridículos y ruines, en vez de edulcorarlo todo con altas dosis de melcocha? ¿Existe más literatura después del ascenso de Remedios la Bella al cielo? Pues... “f-10”.
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