Razón de más para sorprenderse cuando usted se describe en tercera persona al final de La mujer de tu prójimo (“Talese empezó a considerar a las masajistas como especies de terapistas sin licencia”).
Lo hice así porque no creí que pudiera usar la primera persona en ese libro. Quería preservar el sentimiento de neutralidad, pues gran parte del sexo sobre el que escribía era del tipo neutral. Sí consideré involucrarme y se me ocurrió terminar en un campo nudista cerca de Ocean City. Mucha gente opinó que eso resultaba un tanto exhibicionista.
Usted tiene una técnica muy personal para conectar a los personajes en sus libros. Por ejemplo, rastrea el cuchillo que Lorena Bobbit utilizó para cercenarle el pene a su marido hasta un almacén Ikea, donde lo compró. Luego encuentra a la mujer que se lo vendió. La mujer de tu prójimo empieza con un niño viendo a una modelo desnuda en una revista. Después rastrea ambas vidas. ¿Por qué hace eso?
Quiero transmitir el asombro de la realidad. Creo que si uno excava lo suficiente dentro de los personajes, éstos se vuelven tan reales que sus historias adquieren un aire imaginario. Parecen de ficción. Yo aspiro a evocar la corriente ficcional que fluye bajo el río de la realidad.
¿Cree usted que el periodismo puede llevar a la verdad?
No, yo creo que las opciones editoriales sobre lo que sale o no en periódicos y revistas son tan subjetivas que uno casi nunca obtiene toda la verdad. Las huellas del editor están por todas partes en lo que escoge. La selección de personajes en El reino y el poder, para dar un ejemplo, demuestra que no existe esa cosa que llaman “el periodismo objetivo”. Tampoco existe la verdad absoluta. Los reporteros pueden encontrar lo que quieren encontrar. Todo reportero va a la batalla con la totalidad de sus cicatrices a cuestas. Un reportero nunca acierta del todo. Logra lo que es capaz de lograr, lo que quiere lograr.
Pero, ¿y qué hay sobre la verdad en su propia escritura?
Yo tengo un punto de vista calabrés, que me viene de descender de un pueblo muchas veces invadido. Sufrimos de ver las cosas desde demasiados ángulos a la vez. Yo veo muchos, muchos puntos de vista diferentes. Así que mi punto de vista consiste en tener muchos puntos de vista. ¿Dónde está la verdad ahí?
Nota del traductor
1. De acuerdo con la leyenda, una cortesana del palacio imperial, quizá la esposa del emperador, aprendió a interpretar sobre un piso con forma de loto un baile muy seductor con los pies vendados. Después la práctica de vendar los pies se generalizó entre damas de noble alcurnia y luego se extendió a todas las áreas de la sociedad feudal, pasando de un mero capricho a una cruel imposición. Los pies pequeños eran considerados la máxima expresión de intimidad y sensualidad en el cuerpo femenino. Toda muchacha con los pies correctamente atrofiados tenía las mejores perspectivas de casamiento, y hasta las prostitutas con las extremidades inferiores dolorosamente truncadas solían atraer a los clientes más ricos.
Así, a partir de los cuatro o cinco años las madres vendaban los pies de sus hijas en forma de medialuna, doblándoles hacia adentro en forma de cuña los ochos dedos menores de ambos pies y obligándolas a caminar de esta forma antinatural con el objetivo de que al llegar a la edad adulta los pies no superaran los diez centímetros. El sufrimiento de las niñas era indescriptible y a veces conducía a la muerte. Los “pies de loto dorado” resultaban arqueados, con cuatro dedos quebrados adheridos a la planta, y las únicas partes en contacto con el suelo eran el talón calloso y el dedo gordo.
Aunque parezca increíble, estos pies fueron durante un milenio el tesoro oculto de las mujeres chinas y contemplarlos se convirtió en el placer más evocado por los hombres del reino. Los zapatitos que los cubrían eran un trofeo que se mostraban con orgullo a los amigos.
En 1911, año del establecimiento de la República en China, se promulgaron leyes que prohibían el vendaje de los pies. Pero evidentemente esto no eliminó la práctica del todo, de modo que en China todavía es posible ver ancianas como la abuela de Lu Ying, con pies increíblemente pequeños, caminando con pasitos entrecortados y apoyándose a veces en un bastón.
Ver Comentarios[ Clic para desplegar ]
Para poder comentar, debe ingresar a su cuenta o registrarse aquí