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Breviario

Gotas cordiales

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Malgenio

 
Los palestinos y los israelíes, los rusos y los chechenos, los cingaleses y los tamiles, los iraquíes, los afganos, los colombianos: todos ellos están colectivamente muy bravos. Con independencia de las interpretaciones que cada caso suscite (y que pueden dar lugar a dosis todavía peores de malgenio colectivo), cabe decir que en principio uno entiende estos raptos de irritabilidad. En situación opuesta están muchos europeos occidentales, por ejemplo los escandinavos, quienes —a pesar de lo que se ve en las películas de Bergman— no están para nada bravos ni tienen razones para estarlo.
 
Ahora bien, la pregunta del millón es por qué están tan bravos los americanos, en particular los así llamados WASP [“blancos, anglosajones y protestantes”] que constituyen sin lugar a dudas el grupo humano más poderoso y rico del planeta. No creo que quepa discusión sobre el hecho en sí de que están muy bravos: se arman hasta los dientes, construyen y almacenan inmensas cantidades de armas de destrucción masiva, adelantan campañas políticas llenas de odio, se duelen con gran amargura de que el riquísimo Estado americano tenga que prestar servicios sociales, condenan a muerte y ejecutan a sus propios ciudadanos a diestra y a siniestra, llenan las cárceles en proporciones tercermundistas, prohíben cuanta cosa se les pasa por enfrente, demandan y contrademandan a medio mundo bajo pretextos baladíes, fruncen el seño cuando los entrevistan en la televisión. No se me oculta, por supuesto, que ocurrió el descomunal espectáculo terrorista del 11 de septiembre de 2001, una tragedia que dicho sea de paso no se compara en escala con las que mencionaba al principio y que agrió aún más a los americanos. Pero todos los rasgos enumerados eran ciertos desde antes de la famosa fecha.
 
Debo decir que la paradoja implícita en este malgenio me parece notable y que yo tampoco tengo una explicación adecuada para ella. Tan sólo expreso mis sospechas. Una bien paradójica es que el poder, así sea inmenso, se fastidia mucho cuando le imponen límites que alguna vez no tuvo. Compárese, al respecto, el trato dado hoy en día a los indios americanos o a los negros, versus el que recibían ambos grupos en un pasado nada remoto. Otra posibilidad es que la noción de competencia, exacerbada hasta el extremo como se usa en Estados Unidos, aún en medio de una gran prosperidad produzca ...

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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