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Breviario

Adivine con quién me encontré esta tarde

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Un fuerte aguacero de esos que caen de un momento a otro en Bogotá me cogió frente al Pomona de la 76. Entré al supermercado, entonces, para escampar, y de paso comprar algunos artículos para la casa. En esas estaba cuando, en un estrecho corredor lleno de mercancías, me topé con un hombrecillo a quien identifiqué inmediatamente como el artista David Manzur. No éramos amigos propiamente, aunque teníamos algunos amigos en común. Nos “distinguíamos”, como dicen, aunque no habíamos “intimado”. Cuando coincidíamos en eventos culturales —un concierto, por ejemplo, o en la muestra de algún pintor— cada uno reconocía la presencia del otro con un leve movimiento de la cabeza desde su respectiva esquina de un salón repleto de gente. Nadie nos había presentado, y hasta aquella tarde de lluvia nunca habíamos cruzado una palabra. De modo que, al encontrarme de sopetón ante su diminuta figura entre estantes llenos de jabón y papel higiénico, me dispuse a cumplir con el habitual saludo formal. Pero antes de poder hacer la venia que en estas ocasiones constituía nuestro gesto protocolario, noté que me estaba miran-do con un inusitado brillo de reconocimiento en los ojos y, sin preámbulo ni preaviso, el pequeño hombre irrumpió con un elogio.

—Maestro —dijo—, usted no sabe cuánto me gusta su trabajo.
 
Semejante alabanza, lanzada así no más a quemarropa, me tomó de sorpresa. Sorpresa muy grata, por supuesto.
 
—Gracias —le dije—, usted es muy amable.
 
Y confieso que experimenté una secreta satisfacción. “Éste es un hombre de buen gusto”, pensé. “Admirador, sin duda, de mis escritos. Tal vez haya leído mi Camilo. O a lo mejor el libro más reciente. Qué bueno que un artista tan serio lo reconozca a uno”. Me hinché de vanidad.
 
—Muy amable —le repetí. Y agregué—: Yo admiro el trabajo suyo también.
 
Era lo menos que podía decir para devolverle el piropo.
 
—No, pero de verdad —prosiguió Manzur.
 
No quería, supongo yo, que tomara su homenaje como un mero formalismo. Como él, tal vez, había sentido el mío.
 
—Su obra me impresiona mucho
—insistió...

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Joe Broderick

Afincado en Colombia desde 1969. Es el autor de las biografías 'Camilo, el cura guerrillero' y 'El guerrillero invisible'.

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