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Testimonio de Bibiana Vélez

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Recuerdo a Raúl con un amor inmenso. Su ausencia dejó un hueco en mi vida, porque era mi compañero, me llenaba los días. Las noches no, porque se acostaba tempranísimo; como él mismo decía, era el único poeta maldito que se acostaba temprano. ¡Porque no le gustaba nada que le dijeran poeta maldito! Era el gran compañero. A mí me fascina la hamaca, y él decía que la gente que tiene hamaca le caía mejor. Yo sé que ése fue el primer requisito para que nos volviéramos amigos. Decía que la hamaca es un instrumento de una cuerda suspendido en el vacío desde el cielo. Y me decía, ¡Oye, oye cómo suena!

Raúl fue a mi casa a principios del 89 a poco de llegar a Cartagena. Un gran amigo mío, Alcides Figueroa, lo llevó a que me conociera porque había visto mi obra en el Salón Nacional y le había gustado. Apenas llegó, entre que por un lado le gustaba mi obra y que por otro había una hamaca entronizada en la mitad de mi sala, el tipo se quedó.
 
Mi oficina era la hamaca, porque cualquier llamada, cualquier cosa que yo tenía que hacer, escribir... era desde ahí. Pero cuando llegaba Raúl, la hamaca era suya. Era su trono, su cuna, su podio, su escenario, su nave. Un día en que yo quería quitármelo un poquito de encima, quité la hamaca. Estaba convencida que iba a dar resultado ¡pero me cogió mi cama!, y no lo pude sacar de ella en tres días.
 
Por lo menos iba tres o cuatro días a la semana a mi casa. Llegaba a las diez u once de la mañana, se instalaba en la hamaca y yo en la mecedora, y nos pasábamos el día entero conversando. Era una conversación deliciosa, con cigarri­llitos, bareticos y tinto. Normalmente no hablábamos de temas muy serios que digamos, sino de cosas intras­cen­dentes, de asuntos muy cotidianos. Nos reíamos mucho —Raúl tenía unas carcajadas maravillosas—, nos burlábamos de cualquier cosa. De vez en cuando me hacía comentarios sobre literatura o me citaba a algún escritor. Me acuerdo que me contaba que Borges decía que cada día estamos por lo menos un instante en el paraíso, ¡y eso me parecía tan bello!
 
Hablábamos mucho de mi obra y de la de él. Me hacía mucho énfasis en la importancia que tiene el arte en la sociedad. Decía que La pintura enseña a la gente a mirar la vid...

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José Antonio de Ory

Ha colaborado con El Malpensante y otros medios de Colombia y España.

Septiembre de 2004
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5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

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