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Coger carretera

Testimonios sobre la vida de Raúl Gómez Jattin

Poeta maldito a pesar suyo, Raúl Gómez Jattin tuvo una vida llena de sobresaltos. Tras descartar el derecho, que estudió por presión familiar, primero hizo teatro y luego escribió poesía. A todo lo largo consumió cualquier cantidad de sustancias prohibidas  ...

INTRO: Poeta maldito a pesar suyo, Raúl Gómez Jattin tuvo una vida llena de sobresaltos. Tras descartar el derecho, que estudió por presión familiar, primero hizo teatro y luego escribió poesía. A todo lo largo consumió cualquier cantidad de sustancias prohibidas y poco a poco se fue volviendo loco. Murió en 1997 sin que aún se sepa si el suyo fue un suicidio. Los que siguen son dos testimonios recogidos por José Antonio de Ory y extractados de Ángeles clandestinos, libro que publicará próximamente Editorial Norma. Buena parte de las fotos que publicamos son inéditas.

 

 

 

Visité a Raúl Gómez Jattin en el hospital psiquiátrico San Pablo una tarde de mayo de1996, poco antes de irme de Colombia. Recuer­do un interminable viaje en taxi, el calor, los esfuerzos por convencer al conductor de que me esperara un rato, mis preguntas a los porteros y sus explicaciones de dónde encontrarlo.

Me señalaron al frente y me metí hasta una sala grande llena de catres vacíos. Sólo estaba Raúl, tendido en un lecho cochambroso y medio cubierto por una sábana. Le expliqué quién era y que había ido hasta allí porque me gustaba su poesía. Hablaba trabucado, en cámara lenta, como si tuviera la lengua pastosa. No me di cuenta entonces de que debía de ser por las medicinas. Me pidió que le fuera a comprar un Marlboro y le traje una cajetilla. Hablamos de poesía, de Cartagena, de España y de la vida. Andaba como de pelea con que Beatriz Castaño le hubiera metido arreglos a sus poemas y ya no los cantara sólo con la guitarra, Ahora ya lo importante no son mis poemas, sino la música. Me explicó que había estado en Cuba y que había vuelto mucho mejor, que ahora estaba ahí en régimen de alojamiento abierto y por voluntad propia, por el afán de curarse, En un año o dos estaré bien y podré viajar de nuevo. Quería venir a España a recitar su poesía, Porque yo recito muy bien mi poesía —me dijo enfáticamente—, y a encontrarse con su admirado Serrat. Me dio un ejemplar de El esplendor de la mariposa para él, que pude hacerle llegar por fin cuatro años más tarde.
 
Me fui de allí al rato, con mi ejemplar de su antología dedicado, convencido de que iba por buen camino. Un año después me llegó ...

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Ha colaborado con El Malpensante y otros medios de Colombia y España.

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