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Breviario

El soldadito de chocolate

   

© Diego Contreras

 

El señor ex ministro de Agricultura se quejó recientemente en el periódico El Tiempo de no haber visto, en aquellos años de su servicio militar, a sus superiores, ministros de Defensa, arengando a la tropa para darles moral. Yo tampoco los vi, debo decirlo, aunque los míos eran otros ministros y otros generales. El doctor Andrés Felipe Arias confiesa que fue escolta y que le “tocaba en esa época recoger policías muertos todos los días”. Bien, no me consta que no haya sido así.

Yo nunca fui escolta; fui soldado raso y terminé prestando el servicio en un batallón perdido en el Magdalena Medio, el Nueva Granada. En efecto, el batallón Nueva Granada, que se decía antiaéreo –aunque nunca oí que se hubiera derribado un avión–, era más bien una unidad de contención guerrillera que por la época intentaba hacer frente a las escaramuzas de reductos del ELN en barrios pobres del puerto petrolero. Fue en ese trance que descubrí una ciudad con una única y solitaria librería de la Oveja Negra, que debí saquear para sobrevivir al analfabetismo de mi año militar. Mi libro favorito fue por supuesto esa edición de la Oveja de La Habana para un infante difunto de Cabrera Infante, que me confiscó un oficial en alguna guardia nocturna. No había cines, solo burdeles y muy buenas heladerías.

En ese servicio militar conocí la verdadera experiencia de las clases sociales con la convivencia de mis compañeros soldados, hijos de pequeños comerciantes, funcionarios de bajo nivel o desempleados. Todos traían consigo la expectativa de la experiencia militar, es decir el gusto por las armas, los uniformes y las insignias. Y por supuesto, todos iban por una libreta militar, requisito inmediato para acceder al mundo del trabajo. Fue en mi servicio que descubrí oficiales y suboficiales atormentados y extremadamente solitarios. Su concepción sobre la política, autoritaria y precaria, me sorprendió por su espontaneidad, alejada del discurso libreteado de los mandos militares. Dictaban los cursos de la instrucción militar bordeando los límites del surrealismo. Confundían todo y a todos. No creo que olvide esa cantidad de historias que habla...

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Nicolás Morales Thomas

Estudió en la Universidad de Los Andes. Actualmente trabaja como editor en el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH

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