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Artículo

El policía empapado

o ¿quién es el dueño de la historia?

Traducción de Patricia Torres

Ahí están los objetos, los documentos que vienen del pasado. Pero ellos no cuentan la historia: lo hacen quienes los interpretan, a veces a su conveniencia. Ésta es la versión escrita de la intervención del autor en el F-11.

Ilustración de José Rosero

 

Hace cerca de cuarenta años, el amigo de un amigo fue a conocer París. Como suele suceder en las vacaciones, llovió. Pero sin dejarse amilanar por la lluvia, él y su acompañante decidieron salir de todas formas a explorar la ciudad. Vieron el Louvre y pasearon por los Campos Elíseos, pero cuando llegaron al Arco del Triunfo estaba lloviendo con tanta fuerza que tuvieron que refugiarse debajo del monumento. Se quedaron allí, observando el tráfico suicida que pasaba zumbando a su alrededor y la cortina de lluvia que los separaba de los elegantes edificios que rodean la rotonda. Miraron los altorrelieves y los frisos que decoran la parte interna del arco y leyeron los nombres de las famosas batallas, grabados en el mármol:

Marengo, Pirámides, Jena, Friedland, Austerlitz, Wagram...

De pronto los asaltó una duda. Faltaba algo. Entre la otra gente que estaba escampando había un gendarme francés –todavía eran los días de la capa negra y el quepis– y entonces se le acercaron. «¿Dónde está Waterloo?», le preguntaron de manera amable, en el francés que habían aprendido en el colegio. El gendarme los miró, con los ojos brillantes de la furia. «¡No hubo ninguna batalla de Waterloo!», contestó indignado y enseguida se lanzó a la lluvia, pues prefirió quedar físicamente empapado a tener que empaparse espiritualmente.

¿Que no hubo ninguna batalla de Waterloo?

¡Claro que la hubo! Sólo hay que ir a Bélgica, a la ciudad del mismo nombre, y tanto la oficina de turismo como las tiendas de artículos para turistas confirmarán que la hubo. El famoso panorama pintado, con sus 110 metros de longitud, le brinda al visitante una buena idea del horror de la batalla. Aún más: si uno sale al campo y lleva una pala, encontrará primero docenas y luego miles de balas, huesos y botones, y cualquier historiador que se respete le dirá que esas cosas datan más o menos de 1815 y que ahí debió tener lugar una importante batalla, porque los huesos están destrozados por las balas y los sables, lo cual indica que miles de personas murieron allí de manera violenta y simultánea, y que parece que llevaban puesto un uniforme, tal como lo atestiguan los...

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