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La sonrisa de Dan Brown

Con quince millones de ejemplares vendidos y traducciones a 40 idiomas, El Código Da Vinci arrasa en librerías. Fresán, sin embargo, no se deja convencer.

Nadie se pregunta aquí y ahora —a diferencia de lo que ocurre desde hace siglos con La Gioconda— cuál es el misterio detrás de la sonrisa del escritor norteamericano Dan Brown, porque los motivos para semejante satisfacción están delante de todos y de todo. Pilas y pilas de un libro en cuya portada sonríe la misteriosa musa del artista del Renacimiento. Ese superhombre que dio origen al término “Rennaisance Man” a la hora del elogio definitivo para aquel que —a diferencia de Dan Brown— hace “de todo” y todo lo hace bien.

Lo cierto es que —como Leonardo— Brown hizo varias cosas antes de pegarla escribiendo libros malos. La diferencia con Leonardo es que Brown no destacó demasiado en ninguna. Hijo de un profesor de matemáticas y de una especialista en música sacra, Brown creció en Exeter —en la misma calle donde se educó otro escritor, un escritor mejor que él, John Irving— y, aseguran sus publicistas, “ya desde niño se interesó por las conflictivas relaciones entre ciencia y religión”. Me pregunto de qué modo manifestará un niño semejantes preocupaciones... No importa: la cuestión es que Brown se licenció en el Amherst College y la Phillips Exeter Academy, dio clases de inglés y, evidentemente, dejó de pre­o­cuparse por los conflictos eclesiásticos en los laboratorios porque en algún momento resolvió que el siguiente paso era ser músico de renombre. Así que Brown se fue a Holly­wood a componer para las películas, pero la cosa no funcionó y su máximo hit fue escribir un himno para la ceremonia de apertura de las Olimpíadas de Atlanta. Esa en la que pusieron bomba y, quién sabe, tal vez semejante efeméride conspirativa convenció a Brown de que lo suyo era ponerse a pensar y escribir techno-thrillers. No le fue nada mal con Digital Fortress y Deception Point. Le fue todavía mejor con Angels and Demons, novela donde —tal vez porque odia a su madre— empieza a pegarle duro a la Iglesia. Después se le ocurrió la idea de hacer algo con la figura de Leonardo. Porque Leonardo daba para todo en vida y, po­brecito, da para mucho más muerto.
 
 
Datos impertinentes
 
El Código Da Vinci lleva más de un año en el primer puesto de las listas de bestsellers —posición en la que debutó— y lleva ...

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Buenos Aires, 1963), escritor argentino radicado en Barcelona.

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