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Ensayo

El pasado condicional

Traducción de Andrés Hoyos

Muy a menudo los ensayos más relevantes resultan de anécdotas menores. Por ejemplo: la discrepancia entre dos hermanos sobre lo que su madre hubiera querido después de morir.

Ilustración de Julio César Gómez Penagos

 

No creo en Dios, pero lo echo de menos. Eso es lo que contesto cuando me ponen el tema. Una vez le pregunté a mi hermano, que ha enseñado filosofía en Oxford, en Ginebra y en La Sorbona, qué pensaba de semejante afirmación, sin revelarle que era mía. Me contestó con una sola palabra: «cursi».

La persona con la que debemos comenzar es mi abuela materna, Nellie Louisa Scoltock, apellidada Machin de soltera, que fue profesora de escuela en Shropshire hasta que se casó con el abuelo, Bert Scoltock. No Bertram, ni Albert, sino Bert: así lo bautizaron y así lo enterraron. Él era un rector con ciertas aficiones mecánicas: primero tuvo una moto con sidecar, luego un Lanchester, y al final, ya retirado, manejaba un Triumph Roadster pomposamente deportivo, provisto de una banca de tres puestos adelante y de dos asientos envolventes atrás cuando iba descapotado. Por los días en que conocí a mis abuelos, estaban retirados y se habían mudado al sur para estar cerca de su hija. Mi abuela asistía al voluntariado [Women’s Institute]: hacía conservas y las envasaba; desplumaba y asaba los pollos y los gansos que criaba mi abuelo. Era pequeñita, carecía de opiniones fuertes en apariencia y tenía los nudillos gruesos de los viejos, tanto así que debía jabonarse las manos cuando quería sacarse el anillo de matrimonio. El guardarropa de ambos estaba lleno de cárdigans tejidos a mano, los del abuelo con tendencia a ser de punto más grueso y masculino. Pertenecían a esa generación en la que los dentistas les sugerían sacarse todos los dientes de un tirón. Aquel rito de paso era corriente entonces: de la hilera endeble se pasaba a la porcelana total en un salto, a los desajustes y deslizamientos bucales y a la vergüenza del vaso espumoso en la mesa de noche.

A mi hermano y a mí el paso de la dentadura a la caja de dientes nos pareció a un tiempo grave y ramplón. Pero la vida de mi abuela contenía otro cambio enorme, al que nunca se hacía alusión en su presencia. Nellie Louisa Machin había sido criada como metodista, mientras que los Scoltock eran anglicanos. En algún punto del comienzo de su vida adulta, la abuela perdió la fe y, según la versión edulc...

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