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El Malpensante

Literatura

(Una página perdida)

Traducción de Guillermo Angulo
El reencuentro de un esmerado jardinero y lector con un libro de su pasado se convierte en la oportunidad de recorrer junto a él, por primera vez en español, un jardín poco conocido de Marguerite Yourcenar.

Marguerite Yourcenar en su casa en Maine, Estados Unidos, 1979. © Corbis

[Marguerite Yourcenar] entró a la literatura
por la puerta estrecha de la poesía.
                                                       Yvon Bernier

Mi admiración por Marguerite Yourcenar ha sido siempre más grande que mi conocimiento de ella. La empecé a leer, eso sí, de una manera sorprendente y privilegiada. Yo estudiaba en Roma y llegó una bailarina mexicana de danza moderna, Josefina Lavalle, a la que alguien me había recomendado como guía para conocer la ciudad. Ella y su hermana me apodaron el Guía Azul, nombre de un librito que llevaban todos los turistas, la Guida Azzurra. Pero la verdadera guía acabó siendo la mexicana, ya que sabía exactamente a dónde ir y qué quería ver. Entre otros, traía consigo un libro, Memorias de Adriano, cuyo nombre no me decía mucho, aunque sabía vagamente quién era Adriano, el emperador culto nacido en Itálica, Hispania, y hasta admiraba las esculturas de su bello amante, Antinoo. 
Nos fuimos en Lambretta para Villa Adriana, que era nuestro destino final, la misma villa con la que Marguerite Yourcenar se había topado, mientras vivía en Estados Unidos, en un viejo grabado de Piranesi, el autor de Las cárceles. Nos sentamos en un promontorio del lugar donde Adriano había querido reproducir el estilo arquitectónico de Grecia, Egipto, Roma, una especie de pro memoria de lo que más lo había atraído en sus viajes (inventando, de paso, las tarjetas postales, pero levantadas en piedra) y Josefina sacó de su cartera el libro de la Yourcenar y empezó a leerlo en voz alta: Animula vagula blandula. En ese silencio que perdura desde el siglo II a.C. apenas alcanzamos a leer

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Marguerite Yourcenar

Novelista, poetisa, damaturga y traductora.  Su verdadero nombre era Marguerite Cleenewerck Crayencour.

Julio de 2009
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