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El Malpensante

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Quitapesares

Bienaventurados los ricos porque suyo es el reino de la Tierra

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En estos días leí una especie de “bestiario para ricos” escrito por un periodista especializado en comportamiento animal, Richard Conniff, en el que hace despiadadas observaciones y deslumbrantes analogías entre la forma de ser de los ricos y las estrategias de mando de los grupos alfa (los dominantes) en muchas especies de simios. El parecido es extraordinario. Se trata de la Historia natural de los ricos, publicada este año por Taurus. Después de un siglo dominado por Freud y sus teorías —tan fascinantes como falsas— sobre nuestras pulsiones; después de un siglo en el que los antropólogos culturalistas lo explicaban todo por la influencia del ambiente, poco a poco se impone una comprensión psicológica del ser humano que en vez de explicarlo to­do por inexorables condicionamientos culturales o por inextricables motivos inconscientes, intenta comprender al hombre según lo que no hemos podido dejar de ser: animales con un larguísimo pasado e­vo­lutivo que nos domina y nos hace ser como somos, con apenas unas estrechas rendijas recientes (el córtex cerebral, las leyes) para evadir por instantes las implacables órdenes de nuestros instintos.

Cada vez se hace más claro que sin las herramientas de la psicología evolutiva (hay que leer a Konrad Lorenz, a E. O. Wilson y en especial a Steven Pinker para empezar a entenderla) resulta imposible comprender toda esa gama de virtudes, pecados y comportamientos típicos que los tratadistas antiguos llamaban las pasiones humanas: nuestros pertinaces deseos sexuales, la tendencia a engordar, las ansias de prestigio y poder, el terror a la humillación pública, el arribismo, los secretos deleites del adulterio, el miedo a envejecer, el encanto de la belleza y de la juventud, los mordiscos de la envidia, el disgusto por la calvicie y el gusto por las tetas, las ambiciones de ascenso o, para limitarnos al tema de este libro, la codicia casi general e insaciable de tener siempre más y más plata.
 
Empecemos por ahí: ¿qué es tener mucha plata? Y ¿en qué momento se apagan las ansias de seguir aumentando el propio capital? Cuando no hay vinos, viajes, viejas (de las comprables) que uno no pueda permitirse; cuando no hay libros, casas, carnes, canes, caballos, carros que uno no pueda adquirir, ¿para qué tener más dinero? ¿Para comprar belleza, salud, años de vida, o para dar un paseo en satélite y tener la experiencia de la ingravidez? Quizá. O tal vez solamente para estar seguros de que nuestros descendientes ...

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Héctor Abad Faciolince

Entre sus últimos libros se encuentran 'El olvido que seremos' y 'El amanecer de un marido'.

Diciembre de 2004
Edición No.51

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

Nuestro Archivo

1 de 4

Fidelidad de los perros


Por Tomás Sánchez Bellocchio


Publicado en la edición

No. 203



Dossier de Ficción [...]

Con la de palo


Por Fernando Sorrentino


Publicado en la edición

No. 204



En la vida como en el fútbol, las peores patadas son las que se devuelven. [...]

La muerte de un funcionario público


Por Anton Chejov


Publicado en la edición

No. 202



Lean este cuento con una bufanda puesta [...]

Metal, Viscoso animal


Por Juan Miguel Álvarez


Publicado en la edición

No. 204



Los habitantes de un pueblo en el Nordeste antioqueño insisten en que la explotación del oro con mercurio no es tan mala como la pintan, mientras las multinacionales ganan hectáre [...]

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