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Un fotógrafo en la Colina

En la formación de un fotógrafo no parece esencial el paso por la academia. Los padres, los viajes, las fiestas, la pintura y los amigos fueron la escuela de Hernán Díaz, uno de los más finos del país.

 

© Archivo de Hernán Díaz

 

A Rafa, el innombrado, pero siempre presente.

Era honroso vivir en la Colina, ese tramo de la calle 26 de Bogotá que sube acezante desde la carrera Quinta hasta la Cuarta, y cuyo nombre completo era la Colina de la Deshonra. Allí vivía el fotógrafo Hernán Díaz, enuna casa que se alineaba con otras de innegable personalidad. Cuando de niño había estado en Suiza sus padres conocieron a su diseñador, el arquitecto Paul Studer. Cómo sospechar que más tarde Hernán iba a ser dueño de una casa proyectada por él.

La fama decía que en la Colina se hacían las mejores fiestas de la ciudad, a veces las más locas, con proyecciones de películas filmadas por alguno de los presentes, disfraces, teatro improvisado. Casi siempre el anfitrión era Enrique Grau, conversador maestro, narrador de deliciosas historias macondianas antes de Macondo sobre sus tías de Panamá o sobre la Cartagena antigua, en las que evitaba astutamente mencionar que su papá, cuando fue alcalde, mandó a tumbar el trozo de muralla que le falta al Corralito de Piedra “para que corriera la brisa” porque hacía mucho calor. La piedra se fue pero el calor se quedó.

El nombre de la calle había sido tomado de una película de Sydney Lumet, The Hill, que se tradujo al español como La colina de la deshonra. Haciéndola trepar varias veces bajo un sol derritiente se castigaba a los militares indisciplinados, incluyendo al macho de los machos, Sean Connery. Aunque el apodo era una simple exageración por lo empinado de la cuesta, los vecinos no intelectuales acabaron usándolo como una especie de castigo social contra sus habitantes, que lo aceptaron con humor y lo usaron con naturalidad. (Cuando un apodo se adopta pierde su agresividad y se vuelve inocuo.)

La Colina era prestigiosa, y esto es evidente al nombrar a algunos de sus habitantes de entonces: el arquitecto Rogelio Salmona (mientras esperaba que le entregaran un apartamento en su edificio de enfrente); el escritor Hernando Valencia Goelkel (lo echaron los ladrones al robarle sus libros), el pintor Enrique Grau (“vente a una fiesta esta noche”), la pintora Beatriz Daz...

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Guillermo Angulo

Fue director del periódico 'Ciudad Viva' y actualmente regenta la Orquidiócesis de Tegualda.

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