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Ficción

Mi Vietnam

Traducción de Patricia Torres

En 1969, cuando yo tenía trece años, mi primo Sonny, que acababa de regresar de Vietnam, vino a pasar el verano con nosotros. Hasta que Sonny llegó, la turbulencia que azotaba al país todavía no nos había tocado en el adormilado pueblo de Dogwood, en Carolina del Norte. Después de eso, nada volvería a ser igual.

Ilustración de Diego Patiño y Carmen Contreras

 

En 1969, cuando yo tenía trece años, mi primo Sonny, que acababa de regresar de Vietnam, vino a pasar el verano con nosotros. Hasta que Sonny llegó, la turbulencia que azotaba al país todavía no nos había tocado en el adormilado pueblo de Dogwood, en Carolina del Norte. Después de eso, nada volvería a ser igual.

Sonny sobrevivió por un pelo a un ataque de mortero en el delta del Mekong –“se murió tres veces” en el helicóptero que lo transportó– y después de pasar varios meses en hospitales en Guam y Hawai, regresó a casa a Nueva Jersey, con el cuerpo lleno de cicatrices de metralla y una placa de acero en la cabeza. No estoy seguro de qué ocurrió en esos primeros meses después de su regreso, pero al parecer Sonny se involucró en algunas riñas y mis tíos pensaron que podía ser bueno para él que pasara algún tiempo con los parientes del Sur.

Mi madre no estaba muy contenta con la idea, pero Sonny era hijo de la única hermana de mi padre, una mujer culta que Mamá admiraba. Además, mi madre nunca le rehuía a un desafío. Estaba convencida de que podría contribuir a enderezar la vida de Sonny.

–Siempre fue un chico conflictivo –me dijo Mamá–. Desde mucho antes de que se fuera para Vietnam. Solo que ahora está peor.

Mamá quería definir a Sonny antes de que él llegara, antes de que tuviera la oportunidad de definirse por sí mismo, antes de que pudiera ejercer su influencia sobre mí. Pero su estrategia no funcionó porque yo siempre había sentido una especie de fascinación por Sonny. Seis años mayor que yo, era al mismo tiempo el hermano mayor que no tenía y un exótico desconocido con quien increíblemente compartía la misma sangre.

Como vivíamos en sitios distintos del país, solo había visto a Sonny unas cuantas veces a lo largo de los años. Mi primer recuerdo de él era de una Navidad que pasamos en la casa de mis abuelos, donde los niños, al igual que animales entrenados, teníamos la tarea de hacer una presentación. Después de que mis dos hermanos menores y yo entonáramos “Noche de paz&rdquo...

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