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El Malpensante

Coda

Mademoiselle

Antes de Chanel no existía la ropa deportiva. Antes de Chanel las mujeres sólo usaban el negro cuando guardaban luto, y nunca se ponían camisas de hombre. Antes de Chanel el tejido de punto sólo se usaba para la ropa interior masculina...

© Man Ray

Antes de Chanel el bolso se llevaba en la mano, no colgado al hombro. Antes de Chanel los perfumes se limitaban a esencias florales y no eran comercializados masivamente por modistos y diseñadores. Antes de Chanel los modistos y diseñadores no eran parte del jet set.

Gabrielle Bonheur Chanel trabajó desde la década del diez hasta la del sesenta del siglo XX, y en cada una impuso un ícono para la moda de las mujeres o una actitud que las cambió para siempre. Desde muy temprano sembró los cimientos de lo que fue el estilo Chanel: orden, comodidad, movilidad y discreción por encima de la ostentación. Y siempre, la combinación de contrarios: los clásicos Chanel combinan dos elementos a primera vista irreconciliables –beige con negro, piedras auténticas con falsas, esencias artificiales con naturales, terciopelo con filigrana, perlas con tweed, prendas masculinas con femeninas–. Hacia 1918 la revista Vogue escribió sobre ella: «Todo lo que hace se convierte en noticia: el primer abrigo acolchado, el vestidito estrecho de crêpe de chine dentro de una envoltura de tules y hasta el bronceado que ella misma cultiva». Tenía 35 años y ya todo el mundo comenzaba a llamarla Mademoiselle.


El encantador vestido camisero

Pero la llamaban Coco cuando llegó a París en 1909. Unos años antes había intentado cantar en cabarets de Moulins, en la región de Auvernia, con pobrísimos resultados. Tanto su voz como su repertorio eran limitados: repetía todas las noches una canción triste compuesta por Edouard Deransart, sobre una señorita que pierde a su perro en el muelle. El estribillo le da título a la canción y le puso el mote con el que Gabrielle Chanel sería conocida toda su vida: «Qui a vu Coco dans le Trocadéro?».

Al año siguiente ya estaba establecida en la dirección que sería su cuartel general durante el resto de sus días, el número 31 de la rue Cambon; en el primer piso estaba la tienda, en el segundo los talleres y en el tercero su cuarto privado, que ostentaba una advertencia silenciosa para quien quisiera entrar: en la puerta, un sobrio aviso q...

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Camilo Jiménez Estrada

Fue editor de 'El Malpensante', y jefe de redacción de la revista 'SoHo'. Desde 2007 administra el blog de contenido literario El ojo en la paja.

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