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El Malpensante

Breviario

Juan Benet me da la hora

Un lector que responde al aviso clasificado: “Cambio todo Galdós por una sola página de Stevenson. Razón: ingeniero Benet, calle Pisuerga, 7. Horas comida”, y lo que ocurre después.

En 1980 leí en el periódico este anuncio por palabras: “Cambio todo Galdós por una sola página de Stevenson. Razón: ingeniero Benet, calle Pisuerga, 7. Horas comida”. Allí me planté con mi ejemplar de La Isla del Tesoro. Era un chalecito estilo Bauhaus y me abrió un señor alto y canoso, displicente, y que ponía una cara como de estar haciendo pis en una piscina, por debajo del agua. “Vengo por el anuncio: ¿qué página quiere?”. Arrancó una del capítulo XI (“Lo que escuché desde el barril de manzanas”), me entregó a cambio unos tomos de Aguilar y se despidió mascullando: “¡Abur, tío costumbrista!”. Sin saberlo, Juan Benet acababa de cambiar mi vida.

Pasé noches sin dormir, mientras Juanito se la jugaba a Fortunata (“a poder ser, lo habría matado a través del barril”) y se me empañaron los ojos con la muerte de Mauricia la Dura, desplomada en la calle Ave María: como Jim, “para entonces ya había empezado a comprender”. Pocas experiencias hay más intensas, turbadoras y placenteras que leer a Galdós y mirar la vida a través del más poderoso aparato óptico escrito en español. Aún no me he repuesto de la impresión. Acabé el libro y miré hacia fuera: “en aquel momento percibí como una luminosidad en torno mío dentro del barril, y, mirando hacia arriba, vi que había salido la luna y plateaba la cofa del palo de mesana y llenaba de blanco resplandor la cóncava lona de la cangreja del trinquete, y casi en el mismo instante la voz del vigía gritó: ¡Tierra!”.
 
Galdós fue mi navegación hacia un continente desconocido: el de la literatura. Mientras toda España estaba pendiente de qué pasaría con J.R. en Dallas y del crimen de los Urquijo, yo aquel verano decidí cruzar el mar. ¿Por qué me iba a conformar con John Irving, si tenía a Dickens a mano? ¿Por qué me iba a resignar a Cela o incluso a Benet, si podía leer a Galdós? Aprendí su lección: la expresión “novela histórica” es una redundancia. Aprendí más: una novela es como un reloj, lo que se mueve no son las manecillas, lo que vemos, sino la maquinaria interna que las hace girar, lo que no vemos, lo que ni siquiera se lee ni ha pasado en la novela.

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Rafael Reig

Es el autor, entre otros libros, del célebre 'Manual de literatura para caníbales', publicado en 2006.

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