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El Malpensante

Breviario

En la muerte de Leni Riefenstahl

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Suele decirse que el fascismo no produ­jo obras de arte, y en principio uno está de acuerdo con esa afirmación. Pero uno faltaría a la más ele­mental de las normas precautorias si ol­vidase que la única regla sin excepción es que no hay regla sin excepción. Y esa excepción, en el caso del arte y del fascismo, existe. Son las películas realizadas entre 1934 y 1938 por Leni Riefenstahl, Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad) y Olympia; la primera tiene como tema el congreso del partido nazi en Nuremberg, la se­gunda los Juegos Olím­picos de Berlín en 1936.

Si sólo hubiese dirigido estas películas, Leni Riefenstahl (fallecida el pasado 8 de septiembre a la bíblica edad de 101 años) merecería ya una mención importante en la historia del cine. Y, sin embargo, ese mérito se le sigue negando, no sólo por su adicción casi enfermiza al fenómeno Hitler sino también porque en sus filmes resulta imposible disociar el fotograma de la ideología, cohonestar lo magnífico de la obra con lo bastardo del motivo.
 
Leni Riefenstahl nació bajo el signo de Leo el viernes 22 de agosto de 1902. Siendo aún muy joven, su figura esbelta y ágil fue fijada por el celuloide cuando era bailarina de expresión. De ahí el salto inmediato a las películas que suelo llamar orográficas, y que son todo un género en los países alpinos. A la edad de 30 años debuta como directora con Das blaue Licht (La luz azul). Es entonces cuando se produce un acontecimiento que marcará su vida para siempre.
 
Oyendo una arenga de un pintor de brocha gorda y ex cabo del ejército, de nombre Adolf Hitler, esta mujer, ya famosa bailarina, actriz y directora, tiene algo así como una especie de revelación, se siente —según dice en sus memorias— “como paralizada”, experimenta la sensación —vuelvo a citarla literalmente— “de que la Tierra se ensanchase delante de mis ojos”. Y esto lo escribe, o al menos no se avergüenza de publicarlo, en fecha tan tardía como 1987.
 
Tan profunda es esa fascinación que Hitler ejerció sobre ella, que mucho tiempo después, cuando el ministro de Obras Públicas y Armamentos del III Reich, Albert Speer, sale de la prisión a la que fue condenado dur...

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R Bada

Escritor y radiodifusor. Escribe para el diario El Espectador

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