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Iceberg

Hooliganismo Granta

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Hace un año y medio, Ian Jack, el escocés con pinta de personaje de Beckett (una especie de Krapp menos viejo y más inteligente) que dirige la revista Granta en Londres, anunció en El Malpensante la aparición de una edición española de la revista. Se guardó muy bien —para no traicionar confianzas, según dijo— de revelar quién sería el encargado de esa producción temeraria. Pues bien, el primer salto al vacío acaba de ocurrir: el número cero de Granta en español ha aparecido en España. La prensa española ya lo ha bañado con sus elogios factótum, y ha soltado cosas como “revista mítica”, “empresa quijotesca” y “valentía editorial”, todo lo cual ha tenido la virtud, por lo menos, de evitarnos a los demás muestras de entusiasmo que serían vergonzosas fuera de un estadio. Porque Granta —más vale confesarlo de una vez por todas— no tiene lectores, sino hooligans.

El asunto tomó cuerpo en la Central del Raval, una librería barcelonesa cuyo sótano, en días de lanzamientos y presentaciones, se parece sospechosamente a las cuevas de Altamira (en las paredes no hay animales ni cazadores, sino las firmas de los autores que han venido a presentar sus libros a esas profundidades). Ahí estaban los encargados del parto, los integrantes del reparto: Ian Jack, Rea Hederman, Valerie Miles y Aurelio Major. Éste fue el casting: Hederman, un hombre de más de dos metros y cara de niño, viene de una familia sureña y faulkneriana de magnates mediáticos, publica Granta y dirige The New York Review of Books, y parece, según el ángulo, una de las célebres caricaturas de Levine en esta última revista; Miles y Major son los encargados del proyecto español: ella es norteamericana y editora de Emecé; él es mexicano, ex editor de Tusquets México, y conoce bien el mundo (el submundo) de las revistas literarias. Desde atrás de la mesa, rodeado por ejemplares del número cero (una traducción veloz del último número de la Granta inglesa), Jack dijo cosas como “Evidentemente, no soy David Beckham” y luego: “Esto, por una vez en la vida, me hace sentir afortunado”. Así era: Beckham acababa de rechazar las ofertas del Barcelona en favor de las del Real Madrid. En la cueva de Altamira era evidente que nadie quería a Beckham; en cambio, todos queríamos tanto a Jack. “Cuando alguien m...

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